| Domingo XV del Tiempo Ordinario, 15 de julio de 2012 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 13 de Julio de 2012 09:24 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Am.7, 12-15) "El Señor me sacó de junto al rebaño…". · Segunda lectura, (Ef. 1, 3-10) "Él nos eligió en la Persona de Cristo…". · Tercera lectura, (Mc. 6, 7-13) "Llamó Jesús a los Doce y los fue enviando…".
A qué nos está llamando Jesús
La liturgia de la Palabra de este 15 domingo ordinario nos propone de nuevo el tema de la llamada y de la elección. Para enseñarnos, por medio de San Pablo, que nosotros también hemos sido elegidos y llamados para realizar en nuestra vida y en la vida una tarea: anunciar a Jesucristo. La primera llamada de Jesús a sus discípulos tenía una finalidad: Estar con él, caminar con él, convivir con él. En esa convivencia con él, ellos descubrieron la misión que Jesús traía como enviado de Dios. Así ellos descubrieron cómo la llevaba a cabo y en qué consistía. Y esta nueva llamada de hoy presenta una finalidad distinta: ya no tanto la de estar con él, sino la de hablar de él, la de hacer lo que él está haciendo: predicar, curar, sanar. Los discípulos son llamados a asumir una tarea, una misión, la misma misión de Jesús. Con él habían aprendido cómo se hace el bien, cómo se relaciona uno con Dios y cuál es lo importante en la vida para que ésta esté llena de sentido. Con él también habían aprendido que la misión no es fácil y que tiene riesgos, incomprensiones y dificultades. Se trata de una nueva llamada cargada de confianza, pues es una llamada que parte de un conocimiento y de un amor. Cuando alguien es llamado desde un conocimiento y desde el amor se siente halagado, ilusionado porque se confía en él. Y a la vez que confianza, Jesús les capacita, les auto-convence que tienen capacidad de hacer lo mismo que hace él, por eso dice que les da poder, pero no un poder económico o político, para aplastar, para imponerse por la fuerza, sino les da poder para servir, para amar, para comprender. Al iniciar este tiempo de vacaciones o a punto de disfrutarlas, es una buena oportunidad para pensar cómo estamos nosotros asumiendo nuestra responsabilidad de seguidores y enviados de Jesús. Si nos sentimos o no llamados, o simplemente nos contentamos con ser meros cumplidores de normas o ni siquiera eso. Los creyentes estamos enviados por Jesús a predicar, como los doce, la conversión, pero antes quizá tengamos que asumir nuestra propia conversión. Experimentar qué exigencias tiene y está teniendo para mí, pues si no anunciamos desde la experiencia personal, igual no se nos escucha.
? Al iniciar este tiempo de vacaciones o a punto de disfrutarlas, es una buena oportunidad para pensar cómo...
Por otra parte, es muy importante que vayamos descubriendo los motivos por los que tenemos que asumir la misión a la que Jesús nos envía, aquí y ahora. Desde luego que no tiene que ser desde una doctrina o desde unas normas, sino desde la comunión con Jesús, desde la convivencia con él, desde la comunión y unión con él. Damos, a veces, la impresión que la misión de evangelizar la estamos llevando a cabo desde normas morales y doctrinales y no desde el espíritu y desde la comunión con Jesús. Y todos hemos comprobado que lo que provoca conversión en las personas, lo que hace cambiar a las personas, no son las normas, los preceptos o doctrina, sino las personas mismas y en concreto la persona de Jesús. Igual estamos anunciando la buena noticia, que no es tal, pues vamos repitiendo formulas y anuncios caducos, sin producir ninguna novedad para el hombre de hoy. Pensemos que la misión de Jesús es una oferta para vivir sanamente y felizmente la vida y no una imposición. Es hablar de lo que se vive con Jesús y desde Jesús y no de lo que se sabe. Que es aportar novedad a la vida, que no son modas, sino algo que resulte novedoso, no tanto porque no se sepa, sino sobre todo porque no se vive en la actualidad y se necesita. No se ve que pongamos mucha novedad, en nuestra sociedad, los cristianos, más bien se nos señala por lo contrario. Pero también conviene afirmar que existen creyentes que ponen novedad en nuestra sociedad. Son aquellos que siguen de verdad a Jesús y obran en consecuencia. Los que no tienen miedo de proclamar a Jesús en sus ambientes. Terminemos preguntándonos nosotros de qué tenemos que convertirnos para ser seguidores de Jesús y mensajeros auténticos de su Buena Nueva. |
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