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 Pregones y Pregoneros en la Semana Santa de Antequera

 

"Cuando se trata de Dios, el Pregón es el Evangelio", nos dijo una vez monseñor Amigo Vallejo, que algo sabe de estos temas; cuando se trata de la Semana Santa, el pregón es...¡el Pregón!
Volvamos a monseñor: «Cuando se trata de Dios, el pregón va descubriendo la profundidad del misterio. Y abriendo los ojos a verdades, más para poner en la vida que para ilustración de la mente. Desde aquel día de la muerte en el Calvario, el misterio de la redención está en la memoria de todos los tiempos. Pues todos los días se hace celebración y recuerdo del Señor resucitado de entre los muertos. Al llegar la Semana Santa, la memoria se hace como más actual, más viva, más cercana en el recuerdo. Y el Pregón de Semana Santa, anuncia el gran mensaje de la Pascua en el alborear del día tercero. Y Andalucía tiene su estilo y su manera de hacerlo. Y si la Semana Santa es semana mayor, también lo son pregón y pregonero».
Impecable, claro. No en la docta maestría de quien habla casi ex-cátedra, sino bajo ese prisma desde el que los cofrades sema-nasanteros vemos estas cosas. Y que lo diga nada menos que el Arzobispo de Sevilla, viene a iluminar un poco ese ambiente sombrío de comentarios y posturas que no vienen al cuento, sencillamente, porque salen de quienes no conocen, desde dentro e intensamente, lo que es la Semana Santa en su versión del pueblo: las procesiones.
Pues de anunciar esas procesiones, se encargan los Pregoneros, una figura que es relativamente nueva que, en llegada la hora culminante de la Cuaresma, inminente ya la Semana Santa, se encarga de proclamar a los cuatro vientos que los católicos nos alegramos de la Resurrección de Cristo, del triunfo de la Vida y de la Luz, pero antes sentimos el dolor de Cristo, las penas de María.

Si antiguamente en los lugares públicos se fijaban los «bandos» escritos o la figura de un alguacil se encarga de proclamar, toque previo de cornetín, los edictos y mandados, hoy son los medios informativos los que nos encargamos de recoger esos anuncios y llevarlos a todas partes, tras que en el marco elegido, aquí el Ayuntamiento o una iglesia, el Pregón haya sido dictado por el Pregonero.
Como nosotros los conocemos, los pregones nacieron en Sevilla, casi sin saberlo ellos, un 20 de marzo de 1937, cuando Federico García Sanchiz en el teatro San Fernando, se encargaba de dar una charla sobre la Semana Santa de Sevilla, charla que había quedado pendiente por los trágicos sucesos de 1936 el año anterior. Aquel acto de 1937, tuvo connotaciones patrióticas, pues España vivía luchas fratricidas que afectaban muy de cerca al tema de las procesiones y de la Iglesia.
En 1939, el día 1 de abril, Domingo de Ramos y final de la contienda que enfrentó a hermanos contra hermanos, repitió García Sanchiz el pregón, como lo haría después en 1940. Los ecos de aquel primer Pregón sevillano se expandieron por toda España y Córdoba, Málaga, Valladolid, Zamora, Bilbao, Cádiz, Murcia... le pidieron que hiciera algo parecido en sus tierras, seguido luego por multitud de oradores, historiadores, poetas o aprendices.

A la vista de aquel éxito, García Sanchiz se apresuró a lamentar que lo que él había comenzado como una oración en la que incluía figuras de la «Pasión según Sevilla», hubiera dado paso a situaciones en las que la vanidad o la ambición sustituían a la humildad y a la fe. O que se hubiera robado a los sacerdotes sus menester, no contando con la adecuada disciplina. «El daño está en que los profanos usurparon las funciones de los clérigos, predicando en vez de proclamar, y dejando al descubierto sus deficiencias de forma y fondo».
Se intenta evitar eso aquí en esta Antequera, que tanto tiene que decir en el panorama andaluz de la Semana Santa según sus procesiones, en los campos del Arte, de la Escultura, de la Pintura, de la Música, de la Oratoria, de la Poesía, y que no se quiso quedar atrás en sus Pregones. Y fue en 1950, cuando Málaga lloraba los destrozos producidos en su Patrimonio, cuando se ponía a lo antequerano por modelo, cuando Radio Nacional de España invitaba a un gran antequerano, don Antonio Luna García, a pronunciar desde sus micrófonos el Pregón de la Semana Santa de Antequera, para asombrar a propios y extraños con páginas de la historia cofrade o enumerando alguna de sus sagradas riquezas.

Al año siguiente, 1951, fue Radio Antequera la que pensó que muy bien lo de Málaga, pero que para algo estaba ella, y don Joaquín Ruiz García, se llevaba hasta los inolvidables estudios de la Alameda a don Román de las Heras Espinosa y en años siguientes a don José Ruiz Ortega (1956), otra vez a don Román (1957), a don Joaquín Moreno Laude (1965) y don Juan Alcaide de la Vega (1966), con un intermedio, en 1963, a cargo de don Diego Moreno Jordán, en el Salón de Actos de nuestro Ayuntamiento.
A partir de 1967, el salón principal de la ciudad, acogería los pregones de don Manuel Cascales Ayala; en 1968, don Gabriel Requena Escudero; en 1972, don Rafael Artacho López, padre...
Por esos comienzos de los 70, las Cofradías andaban un poco vacilantes en el sentido de que el final de aquellos grandes patronos que sufragaban los gastos de las procesiones fue llevando a situaciones difíciles porque ni había dinero, ni habían hermanacos -muchos de los anteriores eran jornaleros y trabajadores del campo que en lugar de trabajar ese día «sacaban la procesión»-, interviniendo con decisión el Ayuntamiento y su Delegación de Cultura y Festejos, como creador de un caldo de cultivo en el que enseguida se empezarían a recuperar los cofrades de siempre y a ir tomando las cofradías su pujanza de siempre. Excepcional la labor aglutinadora de don Antonio García Cabello, el presidente de la Agrupación que surgió de estas gestiones.

En 1974, se quiere recuperar a lo grande la figura de los Pregones y se busca el singular marco de Santa María, en el que el «paisano» don Juan Rodríguez Rosado, bordó una lección cofrade antequerana.
A partir de aquí, se fueron sucediendo los Pregones, ya de forma ininterrumpida: en 1975, don Pedro Lanzat Ríos, en Santa María; en 1976, don Francisco Artacho Tapia, en el Salón de Actos; en 1977, don Luis María Ansón, en Santa María, sorprende a propios y extraños con su original Pregón; en 1978, don Baltasar Peña Hinojosa, en Los Remedios. En 1979, don Juan Manuel Moreno García, da en Los Remedios otro Pregón de los que hacen historia; en 1980, don Fermín Requena Escudero, en Los Remedios; 1981, don Antonio Sierras Rubio, en Los Remedios; 1982, don Francisco Montero Galvache, en Los Remedios; 1983, don José Ruiz Sánchez, en San Juan de Dios; 1984, don Joaquín García Carrasco, en San Juan de Dios; 1985, don Rafael Artacho López, hijo, en San Juan de Dios; 1986, don Manuel Sotomayor Sánchez, en San Juan de Dios; 1987, don Francisco José González Díaz, en San Juan de Dios; 1988, don Manuel Fernando León Bailén, en San Juan de Dios; 1989, el P. Manuel Gámez López, en La Inmaculada; 1990, Angel Guerrero Fernández, en Los Remedios; 1991, don Antonio Alcaide García, en San Juan de Dios; 1992, don Juan de Dios Pareja Obregón, en San Juan de Dios; 1993, el Hermano Juan Antonio Alvarez Gordillo, en Los Remedios; 1994, el P. José Luis Merchante, en El Carmen. En 1995, don Francisco Muñoz López, en San Sebastián; 1996, doña Carolina Guerra de Artacho, en Belén, es la primera Mujer Pregonera; 1997, don Agustín Puche Pérez, en La Trinidad; 1998, don Federico Esteban Vílchez, en San Agustín; 1999, don Antonio Garrido Moraga, en San Francisco; 2000, doña María del Carmen Villalón Artacho, en San Pedro, fue la primera mujer antequerana que pregonó estas cosas de su tierra; 2001, don Manuel Pérez Artacho, en Belén y, en fin, en este 2002, don César García Colavidas, en San Juan de Dios.

Cada uno a su estilo, cantó y contó las cosas de la Semana Santa de Antequera y sus Procesiones; sin intentar usurpar puestos de nadie, con la mejor voluntad, con la ilusión de quien recibe el más grato encargo: cantar a su tierra en sus procesiones, en sus cofradías. Y hay ya mucha gente preparada que reclama ese honroso puesto, señal de que también en este sentido se creó «cantera». Difícil está la cosa cada año porque parece que «ya está todo dicho». No es así; cada año se descubre una faceta, un sentimiento, como se hace en nuestras procesiones, siempre las mismas, pero nunca iguales...

ÁNGEL GUERRERO FERNÁNDEZ


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