Hermanos todos: Recibid nuestro saludo franciscano de Paz y Bien. Este comunicado lo motiva el cumplimiento de nuestro deber de hacer público a todos los antequeranos nuestra próxima partida de esta bendita ciudad. Fray Juan Jesús, Fray Miguel y Fray José Manuel han sido trasladados a Córdoba, junto a nuestro querido antequerano Francisco Francisco Martínez Melero, y Fray Laureano es destinado a Sanlúcar de Barrameda.

Con este escrito no pretendemos hacer memoria histórica del paso de la Orden Capuchina por nuestra querida ciudad de Antequera; tampoco queremos nombrar, sin olvidarnos de ellos, a los miembros de la Orden que nacieron aquí y que destacaron por sus virtudes humanas y evangélicas. No olvidamos a nuestros hermanos que, sin haber nacido en estas tierras, se hicieron antequeranos de corazón, pues cada uno de los capuchinos andaluces tienen su raíz en el Seminario Seráfico de Antequera. 

¿Qué pasará con el convento de Capuchinos de nuestra ciudad? La Orden Capuchina no desea desprenderse de él; por eso el Hermano Provincial y el Señor Obispo de la Diócesis de Málaga están trabajando para encontrar soluciones adecuadas a nuestro tiempo. Desde la fundación del convento en 1613, la historia nos ha enseñado que ha habido momentos duros en los que se ha tenido que abandonar por un largo período –desde los años 30 del siglo XIX con la Desamortización de Mendizábal– hasta que, tras un duro destierro, los Capuchinos regresaron a España el año 1887, concretamente en Antequera. Años después, tras los acontecimientos de 1936, en que padecieron martirio siete beatos mártires capuchinos a los pies del monumento de la Inmaculada, hubo un esperanzador resurgir vocacional que nos ha ido manteniendo hasta el día de hoy. 

Para los creyentes, los momentos actuales son distintos. No se han producido momentos de extrema violencia anti-religiosa, como en la crisis de 1936, aunque quizá se hayan cambiado las armas de combate: se deja el fusil por el discurso erosivo que fomente en las conciencias la indiferencia por lo religioso... Hoy carecemos de vocaciones para llenar los conventos vacíos y, entre muchas razones, es porque Dios no da vocaciones para llenar conventos, pues estos están en función de ellas. Sin vocaciones, los edificios sobran y estos se convierten en grandes espacios insostenibles. Los capuchinos de España no disponemos en la actualidad del potencial necesario para cubrir las necesidades básicas de las 32 presencias que tenemos en nuestro territorio nacional; esto nos ha hecho optar por suprimir seis fraternidades, entre las que se encuentra Antequera.

¿Nos produce dolor esta medida? Ciertamente que sí. Hay toda una historia vivida por nuestra Orden en Antequera que forma parte de nuestro ADN, sin el que no sabríamos interpretar nuestra evolución como personas humanas y nuestras mismas vivencias de la Fe. Los lazos afectivos son fuertes con esta Ciudad, y nunca olvidaremos la acogida que siempre nos dio y la ayuda y el calor humano que nos ofreció en los momentos más duros de nuestra historia, como ocurrió con la intoxicación de los alumnos y profesores del Seminario Seráfico en los años 60, donde fallecieron dos niños seráficos... La partida de nuestra fraternidad queremos hacerla lo más natural y sencilla posible; simplemente como una misión cumplida, nunca tan bien hecha como hubiésemos querido y vosotros os merecéis, pero con la voluntad de querernos poner en las manos de nuestros superiores, como sucesores de San Francisco, ya que en sus manos pusimos las nuestras el día de nuestra profesión religiosa para poder ser plantados donde podamos servir a nuevos hermanos. En definitiva, este es el sentido de nuestra vida: Morir para vivir (servir).

Ser podados para dar mejores frutos. 

Queridos hermanos: Siempre en nuestros corazones.

LA FRATERNIDAD DE HERMANOS MENORES CAPUCHINOS DE ANTEQUERA