“La Iglesia, como madre y maestra, nos presenta la Cuaresma como un tiempo de preparación para la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo”, explica el arcipreste Antonio Fernández para explicar “ese periodo de cuarenta días que precede a la Semana Santa” en el que nos encontramos desde la jornada del pasado 2 de marzo. Ese día era el Miércoles de Ceniza, que “nos abre el corazón al tiempo favorable de la Cuaresma”. Así, “Dios, señor del tiempo, nos regala otra nueva oportunidad para detener nuestras prisas y situarnos ante la contemplación de su amor”. Estos cuarenta días nos invitan a “tomar conciencia de lo que tenemos, a valorarlo sin que haga falta que nos falte, como nos ocurre cuando perdemos a un amigo o padecemos una enfermedad, y damos más valor a la amistad o a la salud”. 

 

“Hoy, valoramos más la dulzura de la paz porque suenan tambores de guerra”, enfatiza en un canto por el cese de la sinrazón humana, al tiempo que solicita “una oración por la paz, que debe estar muy presente en este tiempo de incertidumbre”.

La Cuaresma “es un tiempo de gracia en el que la Iglesia nos invita especialmente a la conversión, a cambiar el rumbo y encontrar el norte para seguir más y mejor al Señor que va camino del Calvario hacia la Cruz”. Pero ahí no quedará la última palabra, ya que ésta “la tendrá la Resurrección”. “El tiempo de Cuaresma es favorable para tomar conciencia del amor que Dios nos tiene, que nos llama hijos, para darle las gracias porque nos ha integrado en una familia, que es la Iglesia, que rompe nuestro confinamiento espiritual y se hace cercana a través de rostros concretos de la comunidad en la que celebramos nuestra fe”, señala.

“El pecado nos aleja del amor paterno de Dios y nos convierte en habitantes incómodos de la casa familiar de la Iglesia”. Por eso “cada Cuaresma es un toque de atención, a nuestra conciencia y a nuestro corazón para volver a renovar el amor a Dios y a dar vigor a las relaciones con los hermanos; se trata de romper el egoísmo que encierra cada pecado para convertirnos al amor de Dios, que nos regenera y nos hace disponibles para el amor fraterno”.

Para el también párroco de la iglesia de San Sebastián, “la Cuaresma tiene un sentido eminentemente bautismal, porque es un tiempo de preparación para la noche del Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, poder renovar las promesas del bautismo”.  Así, nos recuerda cómo en periodos antiguos “era un tiempo de preparación para los que iban a ser bautizados en la noche de la Pascua de Resurrección”.

En la Cuaresma suena una palabra con insistencia: conversión. Esta palabra “significa, ante todo, volver nuestros pasos hacia otra dirección.. Si el pecado nos aleja de Dios, la conversión nos hace añorar su amor y contemplarle como la meta de nuestro camino”. En este sentido, “cada Cuaresma, Dios nos invita a volver a su amor y a sentirnos en su iglesia como en nuestra propia casa, por lo que no debemos perder esta nueva oportunidad que se nos brinda”, advierte.

El cristiano de hoy en día debe vivir la Cuaresma “con intensidad, con fuerza y recogimiento, viviendo la oración, el ayuno y la limosna”. Especialmente pide “incrementar nuestra oración, acudiendo a Dios meditando su palabra y pidiendo fuerza para realizar en nosotros mismos la reforma cuaresmal y adecuarla más a Cristo”“La oración es un diálogo que Dios entabla con nosotros y brota de su amor. El amor es una forma de hablar que no necesita palabras; por eso, a veces, el diálogo es simplemente un silencio contemplativo que nos abre la esperanza de una vida nueva y sin término”, amplía.

Con respecto al ayuno, expresa que “tiene un contexto más profundo que la simple abstinencia de alimentos: es el ayuno del hombre viejo, el ayuno del pecado y el egoísmo, la renuncia a los propios caminos para abrazar los de Cristo”. “No es comer carne lo que más debe importar, sino el sacrificio que se puede realizar en nuestro día a día prescindiendo de cosas cotidianas como ver la televisión o de las redes sociales en la vida tan cómoda que llevamos”, puntualiza. El ayuno, actualmente, también puede tener que ver con el control de la lengua: “evitar la charlatanería, el chisme, las falsas verdades o la calumnia”. “La prudencia en el hablar nos ayuda a la aceptación del hermano, eludiendo rivalidades y construyendo un clima amable de fraternidad”, añade.

Con respecto a ese tercer signo de la Cuaresma que es la limosna, “es una forma de hacer visible la caridad que nos hace más humanos, colaborando con la venida del Reino de Dios. Hoy, la limosna se reviste de muchos trajes: comida, amistad, comprensión, diálogo, cercanía, perdón... pero también ayuda espiritual para fortalecer al fe”. Por eso, nos invita a “implicarnos en la práctica de obras de misericordia, corporales y espirituales”.

Este tiempo de Cuaresma comenzaba con un Miércoles de Ceniza en el que, poco a poco, se va recuperando la normalidad. Esa ceniza, con la que tradicionalmente se ha hecho una cruz en la frente, “proviene de los ramos de olivo benditos del Domingo de Ramos pasado, que son quemados una vez que se han secado” y que “nos emplaza a pedir perdón a Dios y al hermano”; siendo conscientes de que pedir perdón “es aceptar previamente que somos pecadores”

Desde ese día “la Iglesia nos invita no solo a recorrer cuarenta días, sino que pueden ser cuarenta momentos de gracia, en los que Dios sale a nuestro encuentro, como el Padre de la parábola, buscando al hijo pródigo que se fue o corrigiendo al hijo mayor que nunca abandonó la casa paterna, pero nunca entró en el amor desinteresado al padre y al hermano”.

Todo este camino tiene una meta: la Pascua de Resurrección. “La oración, el ayuno y la limosna crean en nosotros un clima interior que nos ayuda a caminar hasta el Triduo Pascual, en el que celebramos la fiesta de la Resurrección, cumbre del Año Litúrgico”. Por eso, el sacerdote nos invita a “vivir una santa Cuaresma, participando de las distintas celebraciones de nuestras parroquias”.

Las medidas de prevención se mantienen en estos ritos y en otros durante la celebración, como a la hora de darse la paz o comulgar. El arcipreste antequerano señala que “aún es pronto para volver a lo de antes, por lo que no podemos olvidar que aún estamos en periodo de pandemia y debemos seguir siendo conscientes de que hay que tener mucha precaución”.

Desde el punto de vista más personal, Antonio Fernández vive este tiempo “con mucha intensidad, potenciando este ayuno, abstinencia y oración. Sobre todo me gusta rezar mucho las tres catequesis bautismales que se hacían en la antigüedad: la del ciego Bartimeo, la de la Samaritana y la de la Resurrección de Lázaro; así como con la Pasión según San Juan y pararme en un recorrido por toda la historia de la Salvación con las siete lecturas de la Vigilia Pascual, que es un proceso de cómo Dios ha ido salvando el hombre en una historia de amor y fidelidad”

 

 

La relación de las Cofradías de Semana Santa con la Iglesia de Antequera

El sacerdote invita a todos los fieles a participar de los Oficios de Semana Santa, sin olvidar que “también se vive en la calle con las procesiones, que es una catequesis muy bonita que se debe complementar en la iglesia”. ¿La Iglesia es consciente del poder de convocatoria que tienen las cofradías? “Claro que es consciente, y tenemos como ejemplo que de Madrid hacia arriba, la secularización se ha comido la fe en un alto grado, y nosotros estamos poniendo a un Cristo o a una Virgen en la calle y hay mucha gente y, sobre todo, muchos jóvenes”.

“Ya es un hecho muy significativo el poner a Cristo en la calle, algo que en el norte de España, salvo en determinados lugares de Castilla, se ha perdido”, reconoce al tiempo que apunta a la responsabilidad de los sacerdotes “en cuanto a la evangelización y hacer que los cofrades sean conscientes de que no podemos bajar la guardia, porque el joven está por el botellón antes que por sacar un trono; eso es algo que tenemos que tener muy presente”. Al joven y al cofrade “hay que potenciarlo y mimarlo durante todo el año, no solo cuando me hace falta, sino que hay que cuidarlo siempre”, añade.

Al respecto de la relación de las cofradías de Antequera con la Iglesia de Antequera, el arcipreste considera que “yo no veo que sea mala, y la relación en general es buena, lo que no quiere decir que en un determinado momento pueda haber diferentes criterios. Yo considero que están bien atendidas en la medida de nuestras posibilidades, porque somos pocos sacerdotes y tenemos que abarcar muchas parroquias”.

Desde su posición al frente del arciprestazgo y como párroco de la iglesia colegial, el sacerdote Antonio ha hecho un esfuerzo importante por dotar de sentido a las estaciones de penitencia de las cofradías: “Es algo que poco a poco se va consolidando y se puede ir mejorando. Es complejo el hecho de no poder entrar con el trono a la iglesia y que pudiera pasar todo el cortejo como me gustaría, pero nos tenemos que conformar con entrar exclusivamente una representación. Sin embargo, ya es significativo que todas las cofradías que pasan por aquí hagan una parada para rezar. Por mi parte, los recibo con los brazos abiertos y con mucho gusto; desde que llegué siempre dije que todo el que pasara por San Sebastián no se encontraría las puertas cerradas, sino que las puertas siempre estarían abiertas y yo allí”.

Valora especialmente la labor asistencial que desarrollan las cofradías antequeranas, “aunque muchas veces no se les dé la publicidad que debiera por eso de que tu mano derecha no se entere de lo que hace la izquierda”. “Las cofradías hacen mucho más en este sentido de lo que suena, y hay más obras de caridad en algunas cofradías de las que se conocen”, aunque “también es cierto que hay otras que tendrían que seguir avanzando en este sentido al igual que en la formación litúrgica”.

Como en todo grupo humano, a veces se producen diferencias en el seno de las hermandades, que deben solventarse desde “la caridad, pero cuando la caridad no está muy desarrollada nuestras miserias humanas sobresalen”. “Donde están las personas siempre surgen los problemas, el problema es que no haya caridad, que no haya diálogo o capacidad de entendimiento para buscar entre todos lo mejor”, añade.

 

 

La salud en general de la Iglesia de Antequera y la falta de vocaciones sacerdotales

Al margen de las cofradías, que toman protagonismo en este tiempo de Cuaresma y Semana Santa, el arcipreste califica la salud general de la Iglesia de Antequera como “buena, con espíritu de avanzar y crecer”. Para eso se ha trabajado “desde todas las parroquias y también las cofradías en el tema del Sínodo, que ha sido algo muy bonito y ha tenido una gran participación que nos hace pensar que puede ser un elemento dinamizador y de encuentro de la Iglesia de Antequera”

Con respecto a los grupos parroquiales, también considera que “hay aspectos en los que hay que avanzar, sobre todo con la juventud, que a veces no encuentra su sitio una vez que concluye su fase de bachillerato en los colegios y pasan a la universidad. Ahí se pierden un poco y cuando vuelven no se encuentran arraigados y les cuesta saber dónde ubicarse”. No obstante, reconoce que “el problema de la juventud no es exclusivo de Antequera, es algo que lamentablemente pasa en muchos lugares”.

Otro asunto que también es un problema general para la Iglesia, pero que en nuestra ciudad por su gran cantidad de templos se agudiza, es el de la falta de vocaciones. Parroquias, cofradías, conventos y colegios precisan de atención sacerdotal que está llevando “a una reestructuración por la que cada cura tiene que atender varias iglesias que tienden a unificarse”. “No estamos hablando de cierres, sino de que un mismo párroco lleve más de una parroquia”, manifiesta.

Con el tiempo, esta dificultad tiende a incrementar, y entonces “habrá que buscar otras alternativas, para atender sobre todo a los conventos de clausura que tienen el hándicap de no salir de sus templos”. En este sentido, tiene un recuerdo hacia los Capuchinos, “que durante tantos siglos han sido tan importantes para Antequera y que de repente nos hayamos visto sin ellos ha sido muy duro”. Se congratula de que “gracias a Dios ha llegado una nueva congregación, pero Antequera ha estado muy vinculada a los Capuchinos y este cambio está siendo duro”. Advierte que “eso puede pasar con otras congregaciones también, por lo que recemos para que no ocurra”.

 

 

Ante la Visita Pastoral del Obispo de Málaga al Arciprestazgo en este año 2022

Este año 2022 nos va a traer otro acontecimiento importante para la Iglesia antequerana como es la visita pastoral anunciada por el obispo de Málaga, Jesús Catalá. “Será a partir de Pascua de Resurreción, pero todavía no nos han enviado el calendario y no conocemos las fechas concretas que nos va a tocar a cada parroquia”, explica el reverendo Antonio Fernández, que señala que “lo que sí que tenemos ya son los deberes, lo que tenemos que hacer”.

Puntualiza que esta visita pastoral “no es una auditoría, aunque tiene un trabajo previo de presentar una revisión de archivos y cuentas. Lo importante es el hecho de la visita del Pastor, de comunión, el que venga a confortarnos y a animarnos a crecer como Iglesia y a sentirnos más unidos a él”. Desde el año 2012, un obispo de Málaga no realiza esta visita al Arciprestazgo de Antequera, lo que debe ser “un acontecimiento animante, sobre todo de comunión con su Pastor, y eso es lo que le importa a Don Jesús”. En cada parroquia “visitará a los enfermos, se sentará a confesar, se reunirán con el consejo pastoral y tendrá una toma de contacto con los fieles. Por todos los sitios por los que ha ido pasando la gente dice que es un momento de gracia de Dios y es una bendición que tenemos que disfrutar en Antequera durante este año”.

Antes de despedirse, el arcipreste de Antequera nos invita “a vivir con el corazón este tiempo de Cuaresma, y que nos dejemos abrazar y abracemos la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, que no es de muerte sino que es de vida”. Así nos ofrece el Arcipreste su visión sobre esta Cuaresma que, aún en pandemia, abre la puerta a las procesiones tras dos años sin poder organizarse en Semana Santa, por lo que no hay desde 2019.

 

 
 
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