José Antonio del Pino Rodríguez es uno de los grandes nombres propios del Carnaval de Antequera. Pregonero de su edición de 2013 y uno de los fundadores de la Chiriparsa, se acerca a los veinte años subido a las tablas para cantar a su ciudad y sus cosas al llegar el mes de febrero.

 

Pero su afición va más allá de estas casi dos décadas de carnavalero, y sus primeros recuerdos son “desde muy joven, porque recuerdo a mi madre escuchando los carnavales por la radio, cuando aún no los ponían por la tele”

Ese niño que veía “cómo se tiraba las noches, horas y horas, escuchando letrillas”, pronto le cogió el gusto a disfrazarse: “Eso es algo en lo que nunca he tenido pudor, y por ahí empezó el gusanillo a picarme”

Eran unos años en los que Antequera “tenía una buena tradición, aunque no se potenciaba”. Un poco más mayor, “con 16 o 17 años, pude disfrutar de un Carnaval en la calle Estepa que era brutal, de San Agustín a San Luis lleno de gente disfrazada”.

También en esos tiempos recuerda escuchar en vivo por primera vez a “grupos de la Excursionista, Fuentemora o incluso en La Virlecha, donde incluso se llegó a contar con una agrupación”.

Luego, lamentablemente, todo se perdió. “Parece ser que no gustaron algunas cosas que se cantaron y cada vez fueron dándole menos al Carnaval hasta que prácticamente desapareció”, se lamenta. Pero había quien seguía teniendo ganas, “y si a ti te gusta una cosa, te pueden hacer lo que sea, que tú sigues”.

En esa época de vacío “sigo escuchando cosas de Cádiz, y sobre todo nunca dejo de disfrazarme”. “Recuerdo un sábado de carnaval en Antequera en el que salimos cuatro, pero no cuatro gatos, literalmente cuatro disfrazados que nos lo pasamos pipa”.

Después de “tocar fondo”, afortunadamente “la gente volvió a recuperar las ganas de disfrazarse en la zona de la Calzada”, y se sentaron las bases para volver a sacar una agrupación.

 

 

Lo que supuso la creación de la Chiriparsa

“Aquello fue pura casualidad, una cena de amigos en la que nos pusimos a canturrear y surgió la idea de sacar una agrupación”. Para Pino “lo sorprendente fue que aquello no cayó en saco roto, y en septiembre estábamos manos a la obra”.

De esa reunión surgía, incluso, un género nuevo: el de la chiriparsa. “Teníamos mucha influencia de Cádiz, que es lo único que habíamos escuchado, y nuestra idea era sacar pasodobles más serios y luego presentaciones más graciosas o jocosas”, por eso “aunque nuestra primera intención era hacer una comparsa, las voces no nos daban para tanto”. Así nació la ya famosa Chiriparsa “que igual se pudo haberse llamado Compargota, que también lo pensamos; aunque nosotros éramos mucho más murga o chirigota”.

El primer año se convirtieron en pivotes de las aceras en ‘El Infante y sus peones’. “Estuvo muy gracioso, sobre todo porque la gente no se lo esperaba”, rememora José Antonio. Ahí se demostró “que a la gente en Antequera le gusta el Carnaval”, asegura.

Le cuesta definirse por alguno de los siguientes tipos que han sacado en los años sucesivos, considerando que “hay varias etapas, una antigua en la que todo era ilusión y alegría, y otra más actual mucho más trabajada”. Pero en todos los casos ha habido un denominador común, “y es que desde el principio hemos intentado ser una familia y lo hemos mantenido, independientemente de la gente que ha ido entrando y saliendo”.

Actualmente, José Antonio del Pino es el único que ha salido todos los años con el grupo, “aunque de la primera agrupación hay gente que, por un motivo u otro, ha faltado en alguna ocasión”. No obstante, “hay gente que se enganchó el segundo año o el tercero y todavía sigue”.

Puestos a elegir, “el año que salimos de legionarios fue muy bueno, y tras la declaración de Patrimonio de la Humanidad salimos como ‘Las de los Dólmenes’, que despistó a todo el mundo porque anunciamos el nombre con antelación y la gente pensaba que íbamos de trogloditas en vez de ir de vecinas del Barrio del Chocolate”.

En todos estos proyectos siempre ha aportado ideas y escrito letras, “pero actualmente contamos con una dirección musical que la lleva Javier García España, y él es el que perfila todo. Somos muchos los que aportamos letrillas, y él como director le da su toque para darle una homogeneidad y que no sea como el cuadro del Guernica”.

Una vez consolidado este proyecto, es una satisfacción para Del Pino que actualmente cuente con otras dos agrupaciones que, de aquí en unas semanas, compartirán calle con todos los antequeranos. “Para nosotros es una pasada, porque nuestra idea principal siempre ha sido la de potenciar el Carnaval y hacer que la gente disfrute”

Fue una sorpresa la llegada de Los Niños: “Hace unos años, saliendo nosotros en el carrusel, nos esperaron unos chavales en la puerta de un bar de la calle Diego Ponce para cantarnos una coplilla que fue su nacimiento”. “Fue un momento muy emocionante”, rememora.

“Ahora han salido Los Pocos con mi amigo Pepe Díaz, y han llegado con mucha fuerza y muchas ideas y ganas de Carnaval”, explica. “Al haber ya tres agrupaciones esto está cogiendo caché, y sobre todo ya no opinamos nosotros solos sino hay otras críticas que siempre es constructivo”.

 

 

La calle es la esencia de esta fiesta

Pero sigue habiendo mucho margen de mejora, porque “aunque la calle tiene más vida que antes, aún estamos lejos de esos años gloriosos en los que no podías moverte y en los que el bicho raro era la persona que no se disfrazaba”.

Fue una de las cosas que intentó inculcar en su recordado pregón del año 2013, cuando salía de un cajón ataviado del Capitán Moreno; justo en el año del traslado del monumento desde el Paseo a San Luis. “Fue algo muy emotivo, y cuando me lo propuso el Alcalde saltó esa chispa y empecé a escribir mi vida como carnavalero pero asociándola a ese personaje”.

De esos deseos planteados en el pregón aún quedan muchos por cumplir, pero no esconde su esperanza en que este 2022 suponga el cambio definitivo. “No sé si será por las ganas que tenemos todos de hacer cosas, pero sí que veo predisposición por parte de mucha gente en trabajar por el Carnaval y es cierto que hay muchas cosas que se están cumpliendo”.

No obstante “yo demando zonas o calles cortadas como se pueden cortar en Semana Santa, porque indudablemente el Carnaval es una fiesta de calle, y si lo quieres trasladar a un lugar distinto lo que estás haciendo es privatizarlo y quitarle su carácter popular”, concluye.

 

 
 
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