La Real Academia Española de la Lengua recuerda que procede del latín “respectus”: ‘acción de mirar atrás’, ‘atención, consideración, miramiento’. Respeto puede ser una de las claves de la sociedad que vivimos y a la que queremos llegar.

Hay hasta ocho consideraciones en el diccionario sobre esta palabra. “Veneración, acatamiento que se hace a alguien”. Nos preguntamos: ¿cuántas veces lo hacemos en nuestro día a día? Vamos a por la segunda. “Miramiento, consideración, deferencia”. En el día a día, ¿pensamos en el otro, en el que está en frente nuestra?

Seguimos: “Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coche de respeto”. Cuando, por ejemplo, escribimos en las redes sociales o hablamos en público, ¿lo tenemos en cuenta? La cuarta acepción: “Miedo”. ¿Se debe de tener, lo hemos perdido? 

Curiosamente nos encontramos con ser “espada, arma blanca”. ¡Con razón confundimos el respeto hoy con las “puñaladas” a  diestro y siniestro!

Cuando intentas leer lo que se opina y hace público en nuestra sociedad, quizá habría que buscar una forma más respetuosa. Porque como séptimo significado está el de “persona que tiene relaciones amorosas con otra”. Quizá no haya que llegar a ese extremo al pie de la letra, pero sí el de ser más cordial.

Y por último: “manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía”. Todas, en general, nos exponen lo importante que es en nuestra vida. Pero viendo el día, creemos que es una palabra, una forma de actuar, que casi la estamos desterrando.

Dejando el Diccionario, buscamos frases célebres entre las que queremos compartir: “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”, decía Jean Jacques Rousseau.

Y qué decir de “El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable”, como enunciaba Víctor Hugo. Y más actual, a todos los que respetamos, pero nos preocupan esas guerras diarias que tienen en los espacios públicos, les expondríamos la frase de Steve Jobs: “Si hoy fuese el último día de tu vida, ¿realmente estarías haciendo lo que estás haciendo hoy?”.

Nuestros padres nos hablaban del “respeto” como una autoridad que tuvieron de los suyos. Nosotros, los hijos, hemos confundido el “respeto” con hacer lo que queramos. Y claro, viendo el día a día, no hay respeto entre nuestros líderes políticos, entre los que participan en medios de comunicación, entre quienes no respetan el proceso de vacunación, el ponerse la mascarilla o cumplir las recomendaciones...

Con todo el respeto, nos quedamos con el suceso del otro día en un supermercado: una persona tuvo que ser atendida y una vez recuperada, desveló que era positiva del virus y tendría que estar en casa y no en un espacio tan  concurrido como el mencionado.

Ojalá se recupere el respeto como forma de vida, en la que todos somos iguales, podremos ser más o menos acertados en nuestro quehacer, pero no podemos ir arrasando sin tener presente que el que no piensa como yo, no es que esté en contra de mí, es que piensa distinto.

Por una sociedad donde el respeto consiga cordura y en la que todos miremos a nuestros pequeños y centros educativos, quienes respetan las normas de la pandemia, estén de acuerdo o no y tengan o no los medios que precisarían, pero lo respetan por el bien de toda la comunidad.

 
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