Abrazar la esperanza de un año mejor y dejar perdido en el tiempo de los tiempos el año en que vivimos peligrosamente con un visitante desconocido y oscuro. Olvidar para no olvidar. Renacer entre burbujas y buenos deseos en una noche  que antes fue tarde y luego será amanecer.

Algunas veces me piden que cuente con más sutileza los sentimientos  que me generan las cosas, las personas o las imágenes, por no hablar de la música, y yo contesto siempre, que me es imposible no ser intensa  en esto, tal vez sea porque nací bajo la luna de junio apadrinada por los anillos de Saturno.  

Ya sé que esta Navidad será diferente, por eso elijo escribir sobre Nochevieja, porque siempre ha sido y es, un momento mágico en  mi vida. La fina sutura entre el pasado y el futuro, entre la tristeza y la alegría, entre el silencio y la música. 

Todo esto no tiene ningún sentido oculto, pues las insondables estructuras y las parábolas de Kafka o la poesía de Paul Celan aquí no tendrían nada que hacer.  

Desde hace años mi familia, es decir hijas, maridos, y amigos, nos vamos a pasarla Nochevieja a un hotel de la costa, nos encantan estos dos días de desconexión festiva. Sentimos su  fuerza en esta noche que nosotros consideramos extraordinaria, muy especial. 

Este año no necesito hacer un ejercicio de memoria intenso pues todo está reciente,  pero  recorro fotografías y vídeos para saber que ya lo he vivido, que ya he vivido eso, la noche más mágica del año, la Nochevieja y de todo este ensamblados momentos  destaco la efervescencia de los bailes bailados, de la música que saliendo de diferentes décadas y estilos, pop, rock, flamenco, dancemusic, latino… bailaré.  Sé que como siempre, el ritmo me envolverá  pero con un toque de locura  porque  detecto una luz especial, un sonido inédito, en fin de año.  

Llegamos a la pista de baile atraídos por el sonido, música escogida  por un buen DJ, esto es importantísimo, pero lo es más bailar, bailar, hasta que el cuerpo aguante, hasta que el amanecer se abra paso entre las dunas doradas de la playa o en medio del  gris plomizo de los montes. Bailar hasta que se gasten los  diez centímetros de tacón, las suelas de los zapatos y te hayas pisado innumerables veces el bajo del vestido de noche. Efectos brillantes de bisutería desmesurada, prendidos en el pelo brillos  tallados en cincuenta y seis facetas porque son los que  más  resplandecen.   

Empiezo por la última parte de esta maravillosa fiesta de fin de año porque lo que aúna a toda la familia, es nuestro deseo de salir a la pista y bailar pero no nos saltamos ningún momento, porque todos están llenos para nosotros de simbolismo mágico. Quiero notar en mi retina el resplandor de todas las luces y quiero disfrutar de esta luminosidad como Neruda de las luces de su Valparaiso. Fuegos artificiales que se elevan hasta la noche negra en forma de palmeras y se expanden multicolores sobre el Mediterráneo yendo a caer como pequeñas gotas de fuego risueño sobre la arena fría de media noche. 

Se rompe el silencio del año cuando llegan las doce campanadas y las uvas doce también, cobran protagonismo aunque  la música y la alegría están  siempre marcando compases de baile y giros de serpentinas. Bailar, bailar es el objetivo.  Si, este año también. Ya sé no será en una pista inmensa como otros años, ya, pero el salón de mi casa se llenará de música y de baile.  Nos moveremos al ritmo intenso que nos marquen los compases,  hasta mi nieta Claudia, es su primera Navidad  y con solo dos meses,  también notará que esta noche está llena de fascinación, seguro que lo lleva en sus genes. 

En un primer tempo, la música  de un piano forte cargado de un vitalismo surrealista, moldea como fina arcilla cada escalón  de una escalera infinita que nos hace descender hasta el paraíso.

“Cante la luz que la forma un rito oculto insinúe…” que dijera Valente. No habrá reposo hasta que todo esté bailado, hasta que todo el cotillón haya volado de una mesa a otra con dorados destellos, con sonidos de sombreros llenos de frases bordados con finos hilos de ilusiones, con antifaces que prometen  secretismo en medio de las luces que suenan excéntricas al ritmo del hielo de los vasos y las vidas, esas  que  quedan recogidas por  autores en letanías escritas con plumas de avestruz  enredadas en serpentinas de papel que chasquea a cada golpe de batería. 

Y luego, o antes, habrá una cena opípara plena  de manjares exquisitos con nombres exóticos: Stick crujiente de perdiz salvaje con mayonesa de albahaca  o las gambas de Huelva en tempura con salsa Kimchi y emulsión japonesa, es que no podía ser de otra manera en esta noche, hasta el lenguaje  es fastuoso en cada sílaba. Se cuida también la bodega y especialmente las burbujas de los cavas.

Camareros y maître atentos. Organizadores  cuidando el detalle. Saludos y parabienes. Velas que alumbran las grandes mesas sin tristezas grises, solo destellos dorados que se transforman en ilusiones renovadas, de futuro sin lágrimas. Cristales de Bohemia que no estaban preparados para tanta fiesta, resuenan sobre los espejos  de las mesas que después de un tiempo, descubren que la vida tiene mil perspectivas  Un año se va y otro viene con otro significado. Todo fluye, no hay ningún misterio en disfrutar de la celebración. 

Cortinajes azules, hojas  de muérdago,  instantes que se desvanecen entre  apresurados movimientos,   eslóganes  llenos de sonrisas captadas en frío estudio.  No es un espejismo, no es la fiebre del desierto, es  el ímpetu de Nochevieja, palabra y horas de seducción  engalanada. Lentejuelas que no se sienten despechadas, más bien un tanto ligeras, espumosas, llenas de sonrisas, de risas ruidosas. 

Dicen los que de ello saben, que la esperanza es la droga buena, pues a consumirla como si no hubiera un mañana. Best wishes for all!!

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