De los cuatro hermosos momentos en los que se divide la gran celebración de la noche de Pascua, este año os invito a fijarnos especialmente en la segunda de ellas, en la liturgia de la Palabra. El primer detalle que destaca es su extensión, pues están propuestas un total de nueve lecturas y ocho salmos responsoriales para su lectura en la celebración de la Noche Santa. Aunque ciertamente, la prudencia pastoral suele reducir su número a un total de cinco lecturas bíblicas y cuatro lecturas sálmicas, siendo aún así mucho más numerosas de cualquier celebración habitual.

Pero, ¿por qué ocurre esto?, ¿cuál es el sentido de la Iglesia de ofrecernos esta cantidad de textos? El primero, es que con ellas se quiere destacar la importancia única que tiene esta celebración de la Pascua. Pero más importante parece otro hecho: mientras que hoy la persona se afana por vivir «al día», solo desde el «hoy», la Iglesia nos muestra en esa celebración los principales momentos de la Historia de la Salvación que nos relata la Sagrada Escritura. 

En las lecturas del Antiguo Testamento se nos presenta el hermoso relato de la Creación del mundo y de todo lo que en él existe, el comienzo de la historia. Y también el final de esa misma historia, que se contienen en la promesa de un mundo nuevo que nos ofrecen los profetas. Son los principales hitos que nos van, mostrando el amor que Dios tiene por su Pueblo a lo largo del tiempo, lo que ha hecho de la historia de la Humanidad una Historia de Salvación.

Pero entre esas lecturas del Antiguo Testamento destaca el relato de los capítulos 14 y 15 del libro del Éxodo. Porque en esa Tercera Lectura no podemos distinguir entre la lectura y su salmo, sino que este es la continuación de la primera, está íntimamente unido a ella. Y esto es así porque como cuenta el autor sagrado, Israel pasó aquella noche por medio del Mar Rojo «como por tierra seca», y al llegar a la otra orilla pudo entonar su canto de acción de gracias, porque vio que la mano de Dios estaba con ellos para librarlos de la opresión del Faraón.


El canto del Gloria tras recorrer el Antiguo Testamento

Al terminar este recorrido por el Antiguo Testamento, llega el canto del Gloria. Y con él encenderemos todas las luces del templo, pues en medio de la noche la Luz ha vencido a las tinieblas para siempre con su Resurrección. Y con ello, llegan otras dos lecturas, claves para comprender el resto de la celebración.

Primero se proclamará la Epístola, tomada de la carta a los romanos, donde San Pablo compara la muerte y la Resurrección de Cristo con el bautismo por el que los cristianos nos incorporamos a la gran familia de la Iglesia. En ella escucharemos que en el agua del bautismo ha muerto nuestro hombre viejo y el pecado en el que vivía, para poder comenzar a vivir en la vida plena que nos da el Resucitado. Esa vida a la que nacen quienes reciben esa noche santa su Bautismo. Y que el resto de los cristianos vamos a renovar en medio de esta celebración.

Su salmo es especial, porque corresponde al Aleluya solemne, ese que nos recuerda que “Éste es el día en que actuó el Señor”. Y que antecede al gran anuncio de esta noche santa que nos va a ofrecer el relato del Evangelio. Cuando muy de mañana, el primer día de la semana, las mujeres van al sepulcro a terminar lo que no pudieron hacer con el cadáver de Jesús antes de la llegada de la noche del viernes, y se encuentran con una gran sorpresa: la tumba está vacía. 

Bueno, no del todo. Es verdad que no está el cuerpo del Señor. Pero en el sepulcro encuentran a un ángel, que será quien les haga el gran anuncio: “No está aquí, HA RESUCITADO”. Era verdad lo que había anunciado, el dolor y la muerte no podían tener la última palabra. El Amor ha devuelto a la vida a su Señor. Y no sólo eso, sino que ahora los envía a Galilea, a sus casas, a su vida cotidiana, porque allí es donde lo verán. Así es hermanos, en nuestro día a día es donde nos podemos encontrar con el Señor de la Vida, con Cristo Resucitado. En cada hermano y en cada acontecimiento, como nos recuerda liturgia. Pues aceptemos su invitación y vivamos su vida nueva, sintámonos plenamente resucitados. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

 

 
 
 

 

 

 
 

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