El conocimiento de la historia de la primera y segunda enseñanza en la ciudad de Antequera a finales del siglo XIX y comienzos del XX se ha conseguido en buena medida, en los últimos años,  gracias a los trabajos de Mercedes Fernández Paradas y de Víctor Heredia Flores. Sin embargo, un conocimiento global y exhaustivo de todo el tema sigue siendo a día de hoy una asignatura pendiente. El desconocimiento de la pedagogía desarrollada en cada escuela, la comprobación de los alumnos matriculados en cada uno de los colegios, la inexactitud de los colegios privados que funcionaron en dicha época, la formación con la que contaban los maestros y el conocimiento de los centros escolares en cuanto a materias y horarios que desarrollaban,  entre otros muchos, siguen siendo temas repletos de interrogantes para los que a día de hoy no tenemos una respuesta seria y contundente. Y bien es cierto que cada día vamos ofreciendo mayores y mejores estudios como se pone de relieve con la publicación del último trabajo del colegio Romero Robledo. Pero queda un largo camino que recorrer. 

El Colegio de Nuestra Señora del Socorro abría sus puertas en 1886, gracias a la iniciativa de Rosalía Lechuga del Pino. La documentación conservada en el Archivo de la Universidad de Granada, es la que nos permite dar a conocer su ubicación, características, materias que se impartían y material con el que contaba la escuela. Esa documentación se conserva gracias al Decreto de 1 de julio de 1902 que obligaba a los colegios privados a “legalizar y visualizar” las características que desarrollaban esos centros y que hasta el momento se mantenía en el más absoluto anonimato para el rectorado correspondiente. 

El Real Decreto de 1 de julio de 1902 obligaba a que los centros que podemos considerar como no oficiales, privados, se visualizaran, tanto los existentes como los que se crearan en un futuro. En lo que toca a los existentes, antes del 15 de septiembre de 1902 debían de acreditar las condiciones que se exigían por el presente decreto (art. 27) y para ello debían presentar en el rectorado universitario correspondiente, a través del director del instituto, una instancia solicitando su apertura, tres ejemplares del reglamento y plano del local. Igualmente un informe municipal sobre las condiciones idóneas de salubridad, seguridad e higiene del centro. Junto a ello, la solicitud debía venir acompañada de un cuadro de las asignaturas que se imparten y el material del que se dispone. Todo ello con  un último certificado de buena conducta y residencia del director del Colegio. 

Fundación

El Colegio había sido fundado por Rosalía Lechuga del Pino. Nacida el 25 de abril de 1859 en la ciudad de Antequera, era  bautizada el 2 de mayo en la iglesia parroquial de Santa María por el reverendo Francisco Sánchez, cura teniente de la iglesia. Fueron sus padres el talabartero Antonio Lechuga y María del Pino. Sus abuelos paternos José Lechuga y Catalina de Vilches y los maternos Juan del Pino y Gabriela Serrano, todos de Antequera. 

La titulación de maestra de Primera Enseñanza Elemental la obtuvo luego de haber hecho constar su suficiencia y de haberse presentado a los exámenes en las jornadas de 25 y 27 de noviembre y 19 de diciembre de 1895. En los tres ejercicios que realizó, oral, escrito y de labores, la calificación alcanzada fue Buena. Y su calificación definitiva para la obtención del título fue, igualmente, buena. Todo ello se desprende del documento que emitía la secretaria de la Escuela Normal Superior de Maestras de Málaga, a la sazón, Laura Vallejo y Lara, quien fuera hermana de la ilustre inspectora Sinforosa Vallejo y Lara. 

La documentación que hemos manejado nos permite señalar que la fundación del Colegio bajo la advocación de Nuestra Señora del Socorro por Rosalía Lechuga del Pino se produce en el año de 1886, cuando contaba con 27 años. Para entonces no podemos asegurar con absoluta certeza donde se ubicaba el Colegio. Sin embargo, en 1902 se localizaba en el número 17 de la calle Campaneros, lugar en el que se encontraba establecido también el archiconocido colegio antequerano de El Ángel, establecimiento que regentaba Pedro Puche. 

Las características del Colegio, establecido en lugar conveniente para el establecimiento de la enseñanza, tenía diferentes clases. El espacio era de unos 80 metros cuadrados y 220 metros cúbicos de capacidad, con seis balcones, una ventana y tres puertas de comunicación, jardín y retretes adecuados.

Reglamento, horarios y materias

El reglamento que se hacía eco del ideario, línea pedagógica y de la normativa que había que cumplir se desarrollaba en 16 artículos que recogían todas las obligaciones, actuaciones, trabajo, metodología y principios del colegio. Así, en su artículo 1 exponía que la enseñanza que iban a recibir las niñas estaría destinada a cultivar y desarrollar con el mayor esmero las dotes del entendimiento y del corazón y a comunicar todos los conocimientos necesarios y también de adorno propios de la mujer laboriosa y cristiana. 

El horario de las clases venía determinado en el artículo 4. Por las mañanas habían de desarrollarse de 10 a 4 de la tarde, pudiendo únicamente permanecer en el colegio las alumnas que hubiesen de cumplir con un castigo o hubieran desarrollado un mal comportamiento en las clases. El descanso sería todos los días de 1 a 2 de la tarde y los sábados, siempre que no hubiese habido un día festivo en medio de la semana, la salida sería a la 1 y media. 

En el artículo 7 se recogía que los precios serían entre 3 y 5 pesetas (sic mensuales) en proporción a la edad de las alumnas. Se hacía lo propio en el artículo 8 cuando se expresaba que serían las alumnas del colegio las que habrían de llevarse todo el material necesario para trabajar en el Colegio así como todo lo necesario para las clases de adorno y labores. 

También se incluía en el reglamento la necesidad de desarrollar actividades al aire libre, si bien se apostaba por que estos fueran en jornada del sábado por la tarde. Y por supuesto, el aprovechamiento y el rendimiento extraordinario por parte de las alumnas seria reconocido y premiado por la dirección del centro. Para ello se haría constar en el libro de Honor de alumnas del Colegio y serían premiadas con objetos útiles de su edad. 

La comprobación de los aprendizajes y del conocimiento de las alumnas se demostraba año tras año desde el 20 al 23 de diciembre, tal y como se recoge en el artículo 11 del reglamento,  fecha en la que un tribunal competente, ajeno a la dirección del centro, que venía desempeñando Rosalía Lechuga del Pino,  se encargaría de realizar un examen a las alumnas. 

El trabajo y aprovechamiento diario de las alumnas había de dejarse por escrito. Para ello y tal y como determinaba el artículo 14 del reglamento, las alumnas deberían llevar un cuaderno en el que quedara constancia del trabajo diario.

En lo que toca a los días de clase, cabe señalar que  eran de lunes a sábado y solo la jornada dominical quedaba como la única en la que no se asistía al colegio. Las jornadas de mañana se dedicaban principalmente al trabajo de cada una de las materias. Las mismas se repetían cada dos mañanas. Así, los lunes y los jueves estaban reservados para Doctrina, Gramática y Escritura.

Para martes y viernes  quedaban  las materias de Doctrina, Aritmética, Historia Sagrada y Escritura. Las dos jornadas restantes, miércoles y sábado eran las dedicadas a la impartición de Doctrina, Geografía, Urbanidad y Escritura. Por su parte la jornada de las tardes quedaba reservada para las labores y la explicación teórica y práctica de las asignaturas que se impartían en jornada vespertina. 

 


Material de la escuela

Gracias al inventario que realizaba con fecha de 12 de septiembre de 1902, sabemos que el interior del Colegio de Nuestra Señora del Socorro que regentaba Rosalía Lechuga del Pino poseía: 1 crucifijo mediano con dosel, 1 bufete, 1 escribanía, 1 sillón, 1 mapa de Europa, 1 mapa de España, 1 mapa de Asia, 3 mapas de Geografía Física,  20 carteles de lectura, 3 encerados, (no llega a especificar el tamaño ni la forma: rectangular o cuadrado), 2 bancas con carpeta y banco, 2 bancas con carpeta y sillas y 14 muestras de escritura con marco y cristal. 

No hemos podido averiguar hasta cuando se mantuvo el colegio en funcionamiento, sin embargo, gracias a la información emanada de El Sol de Antequera, sabemos del fallecimiento de Rosalía Lechuga en el mes de noviembre de 1931, cuando contaba con 72 años, coligiéndose que por entonces, ya jubilada, no se encontraba al frente del Colegio.

 

 

 

 

 
 

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