Entre tanta tristeza: los niños que contarán lo vivido estos meses. De ahí que ellos sean quienes abren la procesión del Santo Entierro, donde encienden el Cirio Pascual, que representa la noche santa en la que la vida vence a la muerte como esperamos superar pronto con esta pandemia.

Todo comenzó cuando en Navidad había que pensar en iniciar este libro. Muchas ideas y mensajes, pero faltaba cómo materializarlo. Estamos viviendo un año de duelo en soledad, donde los meses del confinamiento provocaron situaciones dolorosas e increíbles: ¡la familia no podía acompañar a quien agonizaba y se marchaba! Tuvieron que pasar meses para cambiar las normativas, aunque sólo se deja a un número mínimo, por lo que los duelos y los entierros son como casi el de Jesucristo: con menos de diez personas.

Fue cuando contactamos con la Cofradía de la Soledad para saber dónde tenían el trono del Santo Entierro y cómo poder realizar una fotografía. Salvador Cruzado, su hermano mayor, facilitó todo lo que precisáramos y quedamos más tarde el lunes 22 de febrero al atardecer para captar la urna en la Casa Hermandad, como si fuera una de las estrechas calles de su recorrido del Viernes Santo. Le pedimos que lo prepararan como si fueran a salir, pero sin andas, ni flores, ni la imagen del Cristo Yacente. Queríamos realizar un homenaje a todas las personas que han muerto en los últimos meses y que no han podido despedirse como les suele realizar en tiempos normales.

 

 

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No queríamos ahondar en el sufrimiento y queríamos buscar una luz de esperanza. Consultamos a María Ramos, de la Escuela de Teología de Antequera, y nos sugirió poner a los pies un Cirio Pascual para que representara el momento de la noche santa donde la vida vence a la muerte. Se pidió antes de tiempo el que alumbrará desde el Domingo de Resurrección en la iglesia de Santa Eufemia. Ahora tocaba pensar en los personajes de la portada. Tenían que ser niños, quienes cumplen las recomendaciones y quienes más y mejor se han adaptado a no poder abrazar, jugar, correr, ¡vivir! Elegimos la figura del campanillero de lujo y la Cofradía del Socorro nos cedió dos de sus túnicas.

Uno llevaría  la corona de espinas y el segundo una campana. Le ofrecimos poder ponerse las túnicas a los hijos de dos personajes de esta Semana Santa: la presentadora del Cartel, Carmen Díaz; y el pregonero de la pandemia, Manuel García de la Vega. Aceptaron y la de la izquierda de la fotografía de portada es Victoria Linh Varo Díaz y el de la derecha Manuel Pablo García García. Faltaba quien encendiera el cirio.

Pensamos en una niña que justamente cuando escribimos estas líneas, cumple 6 años, Eufemia Guerrero Sánchez. Con ella, llevamos viviendo un año diferente, lleno de amor y unión como en muchos hogares, a pesar de las circunstancias y de “no parar de trabajar”. Incluso se ofrece a ayudarnos y pidió a sus tíos que la llevaran a Santa María para hacer las fotos por nosotros (ver página 16 del Especial). Ella representa junto a Victoria y Manuel, el futuro: los que crecerán y aprenderán de lo vivido para tenerlo presente. Y desde ahí, ofrecerle, querido lector, estas 260 páginas realizadas con pasión por esta bendita tierra, para estar fiel a nuestra cita desde 1918.

 

 

Un año en casa marcado en soledad

Desde que empezó esta pandemia, los cofrades vivimos en Soledad, como si fuéramos la Cofradía del Carmen. No hay concentraciones de gente, no pueden salir, hay oscuridad, silencio, duelo, pero ante todo: Soledad. “Tambores roncos marcan el camino entre San Francisco y El Carmen. Jesús es llevado por amor por calle Calzada, parando en las Descalzas cuando por Amor, con Fe, le cantan con Esperanza... nuestras corales, como la de María Inmaculada que con ángeles bajados del Cielo para acompañarnos en nuestro dolor... Y su cuerpo sin vida, sube la Cuesta de los Rojas, la de García Sarmiento y llega a la Plaza del Carmen y se detiene en Soledad bajo la Cruz del Calvario.

Ahí está el cuerpo sin vida, deforme por el sufrimiento que el hombre le hizo en su peregrinar  por esta vida que tiene un fin, un día en el que la noche se hará tiniebla para aparecer al lado de Jesús, María, los santos y ángeles del Cielo de Antequera”.

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¿Y qué veo en ti, Cristo yacente, que tanto dolor me causa? Siento... el sufrimiento. Percibo lo que has padecido, sin decirlo, pero lo veo en tu rostro. ¿Os habéis parado ante el rostro del Cristo yacente de la Soledad? Es muy común y propio decir:  “Yo soy de este Cristo porque es el más bonito, el que más me transmite, el que me apasiona...”. ¿Y qué decimos de un Cristo muerto... por Amor? Que es la puerta del Cielo, la llave del sagrario, el tránsito de la muerte a la vida nueva. Eres hermoso por lo que diste en vida. Eres bello porque en ti queda lo que fuiste. Eres singular porque tu interior es lo que debe importarnos. Eres Amor porque en ti dimos todos nuestros últimos besos. Eres Fe porque nos vaciamos de ella  rezando para que siguieras entre nosotros. Y eres esperanza, porque sabemos que la muerte no es el final porque hay vida después de la agonía.

¿Cómo puede tener sentido  vivir para morir de esta manera, Señor? ¿Cómo puede un Niño Perdido, con su mirada dulce y tierna,  terminar muriendo con su cruz infantil? ¿Cómo pueden los jóvenes dejarnos sin avisar, recibiendo esa llamada trágica que nos comunica tan desgraciada noticia? ¿Cómo existen esas enfermedades que convierten en tonos amarillentos, azulados y verdes la piel más tersa que tuvieron? ¿Cómo puedes permitir que esto ocurra, Dios? ¿Cómo pudiste entregar a tu Hijo... para salvarnos? ¿Cómo pudiste Señor? Ahí está, el Cristo de todos, el Yacente, el que recoge la vida de la tierra, castigada por los años, las enfermedades, las muertes violentas y sobrenaturales... como la COVID-19.

¿Qué rostro tiene una persona que sabes va a fallecer? ¿Qué rostro tiene el abuelo que lleva toda su vida trabajando? ¿Qué mirada tiene la abuela que olvidó todo su amor? ¿Qué llanto padece el que está esperando para despedirse? ¿Cuál será el último momento en el que le veamos? ¿Cuál será nuestro último beso, el último te quiero? ¿Cómo se grabará en nuestras retinas esa última mirada? ¿Y cómo perder la sangre del último abrazo?

¿Qué sintió María al despedirse de su Hijo? ¿Qué puede una madre decirle al fruto de su vientre  cuando se va antes que ella? ¿Qué le dice un padre a su hijo en el momento de la despedida? ¿Qué piensa una hermana cuando se va su referente? ¿Cómo llora una esposa cuando en segundos termina todo...? ¿Qué sentimos cuando vemos año a año morir a Cristo en la Cruz? Estas preguntas se las habrán hecho todos quienes han perdido a un familiar y los sanitarios que los han acompañado en sus últimos momentos, al tener que aislarlos y no poder dejar que les acompañen por esta pandemia, pero ellos fueron el abrazo, el acompañamiento en el final... ¡Sois ángeles de la guarda terrenales!

Preguntamos a los hermanos mayores que nos dijeran cofrades que nos han dejado en los últimos tiempos, a los que tenemos presentes en estas páginas, añadiéndoles otros de los que teníamos conocimiento habían tenido relación con alguna cofradía. No queremos insistir más en el dolor y dejamos para próximos años la sección de Cofrades en el Cielo. Valga este homenaje para: Federico Esteban Vilchez, María de la Paz Anaya Peña, Teresa Villalón González, Jaime Abad Palma, María González Palma, Isabel Cruz Guerrero, María Julia Artacho Rojas, María Palacios García, Inés Fernández Postigo, José de Rojas Román, Magdalena Suárez Lozano, Amalia Sancho Melero, trinitarios Domingo Reyes y Bonifacio Porres, Leonardo Ramos Palomo, José García Navarro, Antonio Varo Martín, Rosario López Checa, José María Jiménez Nieto, Francisco Peramos Martínez, Francisco Durán, José Luis Vidaurreta, José Castillo Vegas, Manuel Acedo Corbacho, Francisco Díez de los Ríos Comitre, Carlos Blázquez de Rojas, Carmen Robledo Borrego, Carmen Navarro, Manuel Grau, Pepe Guerrero... y tantos cofrades y devotos y personas en general que nos han dejado en los últimos tiempos.

 

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Respuesta correcta de devotos y cofrades

Cuando los templos volvieron a abrir sus puertas, los fieles acudieron respetando las restricciones: circuito de entrada y salida, lavado de manos, medidas en la Eucaristía como el gel por parte del sacerdote, no dar la paz o evitar el contacto a la hora de la Comunión, veneración en vez de besamanos o besapiés. Llama la atención la juventud que acude a los templos, ya que los mayores se resisten ir por temor al virus y esperan ser vacunados y que mejore la situación. De ahí el seguimiento de las misas por televisión, ofreciendo “El Sol de Antequera” una misa de cada cofradía en esta Cuaresma, así como lo hará cada día desde el Domingo de Ramos al de Resurrección. Las cofradías están promoviendo además mascarillas con su escudo o lonas para los balcones. Son las nuevas maneras de buscar la actividad cofrade perdida durante un año y sin saber cuándo se podrá volver a abrazarse al empezar o terminar una estación de penitencia, un “encuentro”, una procesión o tras “correr la vega”.

 

La esperanza puesta en el mañana

Terminamos con el recuerdo de quienes se fueron, quienes estarán ya fomentando la devoción de sus titulares, se habrán reunido con amigos y familiares y son nuestros nuevos ángeles de la guarda. Y todo esperando que el Vaticano termine el proceso de canonización de Madre Carmen y podamos peregrinar a Roma en lo que sería una noticia esperada y más que bien recibida. Y para poner esperanza ante el complicado años: pensar en los jóvenes, los niños y quienes nazcan en este año 2021. ¡Son el futuro, quienes vivirán en un mundo mejor!

Y como pudimos pregonar a Antequera en el año 2018: “¿Quién pudiera ser pañuelo de besamanos para sentir la fe de tu pueblo? ¿Quién pudiera ser vestidor para acariciar tu rostro? ¿Quién pudiera ser almohadilla para aliviar el peso de tus plegarias? ¿Quién pudiera ser bambalina para verte lo más cerca posible? ¿Quién pudiera ser palometa de tu corona para estar en tu reino? ¿Quién pudiera ser poeta para describir lo que siento? ¿Quién pudiera ser sacerdote para alzar el viril de la Caridad? ¿Quién pudiera ser campanillero para portar la inocencia de un niño? ¿Quién pudiera pronunciar tu nombre por primera vez?

 

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¿Quién pudiera ser camarera para limpiar tus mejillas? ¿Quién pudiera ser sacristán para vivir tus momentos de soledad? ¿Quién pudiera ser música y rezarte con un solo de Medea? ¿Quién pudiera ser Infante y promover tu primera procesión? ¿Quién pudiera ser hermano mayor y dar tu arriba? ¿Quién pudiera ser vega y obrar el milagro? ¿Quién pudiera ser Cirineo y ayudarte con tu cruz? ¿Quién pudiera ser monja de clausura  y bordar tu palio entre oración y salmo? ¿Quién pudiera ser madre y coser los flecos dorados de tu banda? ¿Quién pudiera ser padre que ayude a su hija a amarrar la almohadilla del abuelo sobre tus andas, el año en el que fuera pregonera de Semana Santa? ¿Quién pudiera ser clavel y llevar el aroma de tu procesión a la persona mayor que te siente desde su balcón?

A las 1 horas y 16 minutos del ya 22 de marzo de 2021 cuando suenan “Socorro, Reina del Portichuelo”, “Verde Esperanza” y “Medea” les dejamos unas páginas... creadas con Fe para levantar Pasión... mimadas con Amor para transmitir que Jesús es Gloria.... con la Esperanza que va a resucitar. ¿Dónde quierene sentirlo? ¿Solo en vuestra procesión, en un museo... o vivirlo durante todo el año? De ustedes depende...

Nosotros siempre lo haremos con Amor, Fe y Esperanza... en Semana Santa y todos los días del año en esta ciudad de nombre... ¡Antequera, Antequera, Antequera! Gracias al lector por adquirir este ejemplar, a los suscriptores por mantener su confianza, a los anunciantes por hacer posible este libro y a los colaboradores y cofrades que con su esfuerzo y ayuda nos han abierto de nuevo las puertas para ofrecer este trabajo de la familia de sangre, tinta y papel que es la de ‘El Sol de Antequera’. ¡Gracias, Antequera!

Más información "Especial de Semana Santa de Antequera de 2021" en los puntos de Prensa de Antequera, edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado 10 de abril de 2021. ¡Suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).