Año en el que se sigue notando el revulsivo que supuso en sus primeros años la fundación de la Agrupación de Cofradías en 1943. En la edición del 24 de febrero de 1946 se adelanta: “Aunque determinadas dificultades impedirán que, salgan todas las Cofradías, podemos anunciar que se celebrarán procesiones los días Miércoles, Jueves y Viernes Santos, que este año son el 17, 18 y 19 de abril. Con ello las festividades de la Semana Santa revestirán el esplendor que corresponde a la tradicional religiosidad del pueblo antequerano”.

“No se interrumpirá el camino emprendido en los últimos años para dar importancia a esas fiestas, aun cuando por razones especiales no lucirán en nuestras calles todas las Cofradías; pero desde luego está acordada la salida de la de Servitas de Ntra. Sra. de los Dolores, para el Miércoles Santo, y la del Dulce Nombre de Jesús, para el Jueves. Ambas Cofradías se aprestan para salir con todos sus elementos y hacer el desfile con la brillantez acostumbrada”.

Además, en la noche del Viernes Santo “será organizada en la iglesia de San Sebastián la procesión del Santo Entierro, cuya presentación será mejorada para que tenga más esplendor y solemnidad, y a esto contribuirá asimismo el acuerdo de que se una a ella el paso de Ntra. Sra. del Socorro, de la Archicofradía de Arriba». Esto es lo proyectado en principio, y podemos por ello anunciar que nuestras fiestas de Semana Santa tendrán el esperado aliciente para que sean motivo de animación en esos días, y con ello se proporcionen a la población en general los beneficios que le interesan”.

La importancia de los “sermones” en Cuaresma y el inicio de la Semana Santa

Hoy las cofradías recurren a sus párrocos y sacerdotes de la ciudad, pero antiguamente se buscaban curas que destacaran por su arte en la oratoria. El Miércoles de Ceniza comenzó en la iglesia de Jesús “el tradicional septenario que la Archicofradía de la Santa Cruz de Jerusalén dedica a la venerada Virgen del Socorro”. El jesuita Francisco Mondéjar, “quien con gran elocuencia trata el tema teológico en forma expositiva clara y comprensible, exaltando la idea del Dios único, todopoderoso y misericordioso, sobre los falsos dioses antiguos y modernos que el materialismo trata de imponer a los pueblos”.

En San Pedro, ofrecen su Septenario durante el que predicó el canónigo magistral de Zamora, doctor Francisco Romero Lopez. “Las excelentes dotes oratorias que posee este ilustre orador sagrado, ya conocidas de antequeranos por sus sermones del pasado año, atraerán sin duda a muchos fieles en las tardes del septenario, dando esplendor a cultos que ha de celebrar la Cofradía mencionada”.

En Santo Domingo, “la tradicional novena que la Archicofradía de Abajo dedica a sus veneradas imágenes del Dulce Nombre de Jesús, Nuestra Señora de la Paz y Niño Perdido. La iglesia como siempre, espléndida de luz y con numerosa concurrencia. Las funciones vespertinas revisten la mayor solemnidad. En ellas viene actuando el notable orador sagrado capuchino R. P. Gumersindo de Escalante. Viene también en esta novena desarrollando una interesante serie de sermones”.

En el número del 7 de abril de 1946 anuncian en portada las cofradías y recorridos de hace 75 años. “El Miércoles Santo saldrá de Belén la Cofradía de los Servitas, a las ocho, haciendo su desfile por la Carrera, plaza de las Descalzas, Calzada, Diego Ponce, Cantareros, Infante Don Fernando, plaza de San Sebastián, Encarnación y Carrera. El Jueves Santo, a la misma hora, hará su desfile la Archicofradía de «Abajo», efectuando el recorrido de costumbre”.

Se anuncia como nota destacada: “La procesión del Santo Entierro saldrá acompañada de la Santísima Virgen del Socorro, el Viernes Santo. Se organizará en la iglesia de San Sebastián, a las diez en punto de la noche. Para esto la Virgen saldrá a las nueve de Jesús, y a las diez menos cuarto comenzará a organizarse la procesión del Santo Entierro, tras del cual el paso de Nuestra Señora del Socorro. Esta podrá ir acompañada de cuantas señoras lo deseen, alumbrando, para lo que la Archicofradía de Arriba enviará a cada una de sus cofrades la correspondiente vela, y las que no pertenezcan a ella podrán recoger la vela, antes de la salida, en la iglesia de San Sebastián”.

Mientras tanto, en Capuchinos se le ofrece un triduo al Señor del Perdón “con el piadoso acto de la Vía Sacra y adoración del Lignum Crucis. Se suplica a los devotos de esta milagrosa imagen su asistencia a estos cultos y una limosna para sufragar los gastos ocasionados por la reparación, de la misma”. También en Madre de Dios se le ofrece un Quinario al Cristo de las Limpias.

La Semana Santa comenzaba obviamente el Domingo de Ramos en la iglesia de San Sebastián, presidido por el sacerdote José Carrasco Panal. La procesión de las palmas y olivas comenzó a las diez recorriendo las calles Encarnación, Muñoz Herrera (Tintes), Medidores, Trinidad de Rojas (Lucena), Infante don Fernando y Plaza de San Sebastián.

El número extraordinario de Semana Santa apuesta por una fotografía de la Dolores “de Ruiz del Peral del siglo XVIII” (que luego se demostró que era de 1757 realizada por Diego Márquez y Vega) que se venera en una de las hornacinas del retablo de San Pedro. Son 32 páginas, al precio de 2 pesetas entre cuyas firmas escriben: el vicario José Carrasco Panal, Fray Carlos Martín, Antonio Rodríguez Garrido, Manuel Chaves Jiménez, José María Fernández sobre el Convento de la Magdalena, José Muñoz Burgos, Rafael de la Linde y Esperanza (Isabel López Torres), una recopilación de sonetos de Pedro Espinosa, Luis Martín de la Plaz y Juan Baptista de Mesa; y Cristóbal Domínguez.

 

La Virgen del Socorro en la procesión del Santo Entierro que salió desde San Sebastián

Como resumen de la Semana Santa, la edición del 23 de abril de 1946 titula: “Antequera ha celebrado la Semana Mayor con gran solemnidad”. Como era tradicional, los Oficios convocaban a las autoridades y representaciones municipales. “El Jueves Santo tuvieron lugar los Divinos Oficios, actuando con el señor vicario, el párroco de San Pedro don Clemente Blázquez y el beneficiado señor Pozo Soria. Asistió el Excmo. Ayuntamiento, presidido por el alcalde, don Francisco Ruiz Ortega, acompañándole el comandante militar, don Leopoldo Gómez Hortigüela; juez, don Miguel Quijano; jefe local de Falange, don Daniel Cuadra  Burgos; capitán de la Guardia Civil, don Antonio Florido; varios tenientes de alcalde y concejales y otras representaciones eclesiásticas, militares y civiles. La Sacramental, las secciones de Acción Católica y demás asociaciones parroquiales, tuvieron una nutrida representación. La Comunión fue numerosísima, y al terminar el santo sacrificio se verificó la procesión hasta el Monumento instalado en la nave de la Epístola, y en el Arca santa quedó el Santísimo, recibiendo las llaves el alcalde y el hermano mayor de la Sacramental don Francisco González Guerrero. Con ello acabó la solemne función”.

En cuanto a procesiones en sí, comenzaron el Miércoles Santo con la Cofradía de Servitas. “Se reunieron cofrades e invitados de calidad en la casa del mayordomo de la Cofradía de Servitas, don Antonio Rojas Pérez. Los señores de Rojas, sus hijos y familiares atendieron a todos cumplidamente, obsequiándoles con bebidas, pastas y dulces, y reinó la mayor animación durante los preparativos de organización de la salida de la Cofradía. El desfile de ésta por las calles principales hasta la iglesia de Belén, fue muy lucido y lo presenció bastante público. La procesión salió a las ocho, yendo en cabeza la banda de tambores y trompetas, y el guión, con el que además, del mayordomo, fueron el hermano mayor de la Cofradía, don Fernando Moreno Ramírez de Arellano y otros directivos, y al que acompañaron las autoridades representaciones diversas.

El paso del Señor atado a la columna, lucía claveles rojos y el de la Virgen de los Dolores flores blancas en profusión. La procesión recorrió el itinerario acostumbrado (Carrera, plaza de las Descalzas, Calzada, Diego Ponce, Cantareros, Infante, plaza de San Sebastián, Encarnación, Carrera y plaza de Santiago), presenciándola numeroso público, y al finalizar en la plaza de Santiago se corrió  “a la vega” por la cuesta de Archidona, entre luces de bengala y vítores, presenciando el tradicional alarde una gran muchedumbre”.

La Archicofradía de “Abajo”  celebró su procesión el Jueves Santo. “Previamente se efectuó el tradicional convite, al reunirse en casa del mayordomo, don Manuel de Rojas Arreses-Rojas. Tanto éste como su esposa, su señora madre la marquesa de Cauche, e hijas, con exquisita amabilidad atendieron a los invitados y sirvieron el refrigerio en tanto se organizaba el cuerpo de procesión. Las lujosas «armadillas» se formaron, en la calle de Lucena y seguidamente se efectuó, muy lucido, el desfile hasta Santo Domingo.

 

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 El mayordomo, con el hermano mayor, don Ricardo de Talavera Gómez, y demás directivos, alternaron con las autoridades e invitados oficiales en el guión y presidencia de la procesión, que salió a las ocho, efectuando el recorrido de costumbre (Viento, Zapateros, Encarnación, Calzada, Diego Porce, Cantareros; Infante y plaza de San Sebastián, regresando a su iglesia por la cuesta de la Paz). Los «pasos» del Niño Perdido y Dulce Nombre de Jesús lucieron muchas flores, y sobre todo el de Nuestra Señora de la Paz, cuya descripción no es preciso hacer una vez más, despertó admiraciones y elogios.

El paso de la Archicofradía fue presenciado “por extraordinaria cantidad de público, y el desfile, aunque un poco lento, fue lucido, especialmente por la calle Infante. Desde la plaza de San Sebastián hasta Santo Domingo la multitud acompañó a las imágenes, que subieron la cuesta iluminadas por las bengalas y entre aclamaciones entusiastas”.

El Santo Entierro tuvo una procesión muy lucida y solemne. “A las nueve salió de la iglesia de Jesús la Santísima Virgen del Socorro, que bajó a la plaza de San Sebastián acompañada de muchos devotos. A las diez salió de la Colegial la Sagrada Urna, a hombros de los caballeros horquilleros. En la calle de la Encarnación se formó la procesión con el siguiente orden: banda de cornetas y tambores, cruz de guía con faroles, dos filas de penitentes y entre ellas los guiones de las Cofradías y Hermandad Sacramental, turiferarios, cruz alzada de la parroquia con ciriales, Santo Sepulcro adornado de flores y preciosos ángeles, iluminado con sendos candelabros de nueve luces en los ángulos; escolta de la Guardia Civil y Regulares; en dos filas el Colegio Seráfico, superiores y religiosos de las Comunidades de Capuchinos, Trinitarios y Carmelitas; seguía la parroquia, representada por el P. Fidel, como preste, el P. Andrés de Málaga y el P. Manuel Granados, de diáconos, revestidos con el valioso terno de réquiem de la antigua Colegiata, llamado de las calaveras. A continuación en dos filas, miembros de la Sacramental y devotos. Seguidamente el Excmo. Ayuntanmiento bajo mazas. Presidían el alcalde, don Francisco Ruiz Ortega, que tenía a su derecha al vicario, don José Carrasco Panal; comandante militar, don Leopoldo Gémez Hortigüela, y capitán de la Guardia Civil, don Antonio Florido García; y a su izquierda, al juez del partido, don Miguel Quijano Martínez, jefe local  de Falange, don Daniel Cuadra Burgos, y el inspector-jefe de Policía, don Juan González de Lara Revilla. En la Corporación figuraban los tenientes de alcalde don Alfonso González Guerrero, don Francisco de Paula Robledo y don Ramón Sorzano Santolalla, concejales don Francisco Ruiz Burgos, don Manuel Romero Gómez, don Enrique Mantilla Mantilla y don Juan Luis Morales; secretario municipal, don Rafael Pérez Ecija; secretario de la Alcaldía, don Gonzalo Ruiz Ortega; secretario del Instituto, don Fernando Mañas, y otras representaciones. Después iban varios números de la Guardia Municipal, la Banda de música dirigida por don Juan Mohedo; y cerraba marcha una sección de la Guardia Civil”.

Inmediatamente después de esta procesión marchaba la de la Virgen del Socorro, “iniciándola la bandera de la Santa Cruz de Jerusalén acompañada de cuatro maceros  encapuchados. Seguían dos largas filas de señoras y señoritas alumbrando y como nota simpática diremos que se incorporaron a las filas algunos hombres y mujeres del pueblo, con sus hijos, descalzas varias de aquéllas, cumpliendo promesas hechas a la Santísima, constituyendo esto un espontáneo tributo de la devoción del pueblo a la venerada imagen. El hermano mayor de la Archicofradía de Arriba» don Rafael Rosales Salguero, y otros directivos, cuidaron de la marcha de esta procesión, que por cierto, al llegar a las llamadas Cuatro Esquinas, subió un trecho de la calle Carreteros para llevar a la imagen hasta dar frente a la casa de una señora enferma.

Superando a las noches anteriores, la procesión del Viernes Santo fue presenciada por una enorme multitud, que llenaba todos los balcones y ventanas, las aceras de todas las calles del trayecto y rebosaba en las bocas de calle. Solemne, vistosa y ordenada transcurrió hasta la plaza de San Sebastián, donde finalizó la procesión oficial.

La Santisima Virgen del Socorro regresó a su templo acompañada de la multitud, “entre vítores y aclamaciones, quemándose bengalas al pasar las cuestas y a su llegada al Portichuelo”. Desde las páginas terminan exponiendo: “No es posible,  sin incurrir en omisiones lamentables, y consumir más espacio del que disponemos, citar más nombre de dirigentes de las procesiones que los mencionados, aunque hemos de hacer una excepción para don Francisco León Sorzano, incansable en su colaboración de organizar el desfile de la Archicofradía de “Abajo”, y otra para don Francisco Ruiz Burgos, delegado de la Agrupación de Cofradías para la organización del Santo Entierro. Conste, desde luego, un aplauso para todos cuantos con actividad, entusiasmo y sacrificio han contribuido a los trabajos procesionales, y muy en especial para los miembros de la Agrupación de Cofradías.

La Policía, con su jefe señor González de Lara, secretario don Ricardo Vallespín, alternando como delegados don Fernando López y don Antonio Ureña en la representación oficial, y con los demás agentes en el servicio de vigilancia; la Guardia Civil en custodia de «pasos» y la Municipal, a las órdenes de su jefe don Juan de Dios Negrillo, prestaron los servicios propios de modo encomiable.  La Banda Municipal, dirigida por el maestro Mohedo y algunas veces por el subdirector señor Sierras, ha contribuido con su excelente actuación a la brillantez de las procesiones.

Y para que nada falte... diremos que el tiempo también se ha portado bien, cayendo fuertes chubascos el martes y en la madrugada del jueves y despejando las nubes, a las horas oportunas para las procesiones, un airecillo, algo fresco, pero tolerable, aunque haya producido catarros más o menos ligeros”.

No se pudo celebrar la procesión del Resucitado por la lluvia “que había caído intensamente el sábado y madrugada del Domingo de Resurrección, y que aunque menos constante por la mañana, amenazaba continuar, decidió la suspensión de la precesión de Cristo Resucitado. En vista de ello, se celebró en San Sebastián la misa parroquial, con gran solemnidad, y asistiendo todas las autoridades y representaciones oficiales, dándose con ello fin a las solemnidades de la Semana Santa”. Curiosidades de la vida: hace 75 años la Virgen del Socorro salió como “Soledad” acompañando al Santo Entierro y 50 años después, en 1996, lo hizo acompañando al Señor Resucitado, tras no poder salir por la lluvia el Viernes Santo, como narramos en el apartado de la Semana Santa de hace 25 años.

 
 

 

 

 
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