El bordado será una de las grandes novedades esta Semana Santa junto a los recorridos. Por un lado, tras su restauración, la Virgen de los Dolores lucirá el manto de Antonia Palomo del primer tercio del siglo XIX, que fue trabajado por Sebastián Marchante y expuesto en “In Aeternvm” en 2021, pero aún no se ha vuelto a procesionar. Y en la Virgen de la Paz, volverá a llevar el manto negro que fue restaurado por Santa Conserva, así como estrenará una saya realizada por Antonio Miguel Moreno Serrano y diseñada por Javier Sánchez de los Reyes. Un cambio que evocará al grabado de 1853.    

Este año no hay temor por el virus o un nuevo confinamiento como en 2020. Tampoco la compasión de montar exposiciones o altares extraordinarios como en 2021. Es hora de procesionar los tronos a la calle en esta Semana Santa en cuyas puertas estamos. Hay cierta incredulidad por todo lo padecido y se desea el momento de ver cómo un trono pasa bajo la puerta del templo y marque el desarrollo de la Semana Santa. Sólo el mal tiempo puede eclipsar la esperada Semana Santa del 2022. Es hora de arrimar el hombro y de darlo todo para que en el siglo XXI, tras una pandemia mundial, las cofradías, sus procesiones en Semana Santa, sigan teniendo sentido y ofrezcan los valores recibidos por quienes nos dieron el relevo.

Los dos años de pandemia, los cambios de recorrido motivados por las obras en calle Infante don Fernando, el tiempo sin actividad en los cuerpos procesionales y la mejora del patrimonio marcan la Semana Santa del 2022, la del regreso de las procesiones a la ciudad.