Suena en casa esta vez “Stabat Mater”, antes de “Medea” que marca el fin de edición de este libro que tiene en sus manos. En cada hogar cofrade, hay una marcha, un vídeo, una imagen, un recuerdo, un gesto que se hacen presentes los días previos a la Semana Santa. La hubo en 2020 y 2021 a puerta cerrada y en templos con restricciones, pero nos quedamos sin procesiones. Ahora, dos años después, se espera volver a sentir una semana inolvidable, que dependerá, entre otras circunstancias, de lo que cada uno aporte.

¿Qué sentido tiene promover una procesión en tiempos de la guerra rusa en Ucrania, tras los desastres del volcán en la Palma, tras la pandemia y después de un día a día donde sigue falleciendo gente y el odio va copando mayor lugar de importancia en nuestra sociedad? Lo tiene, seguro, porque la devoción está ahí como lo ha estado en estos dos años, como se mantiene desde hace dos milenios. Pero ahora, nos toca sacarla a relucir y darle sentido.

Al antequerano que no se sienta identificado con esta manifestación de religiosidad popular, que lo mire como un atractivo para la ciudad. Hoteles con el “no hay billetes”, restaurantes con altísima demanda, comercios que ofrecen productos a los que vienen y a los que forman parte de las cofradías. Medios de comunicación (¿será el año de los directos de Canal Sur el Jueves o Viernes Santo?) que destacan la singularidad de nuestras cofradías, con los campanilleros de lujo, hermanacos o el “correr las vegas” de esos museos andantes que son los tronos con bordados e imágenes desde el siglo XVI hasta nuestros días.

Y al cofrade, empezar insistiéndole que la Semana Santa tiene en el Triduo Pascual su razón de ser. A los sacerdotes que insistan y velen por la formación. Apuntado queda. Toca arrimar el hombro, ya sea nuestra cofradía o no. Son imágenes, y todas llevan al Señor y a su Madre, por lo que hagamos o deseemos a una lo hacemos con todas. Es hora de estar toda la semana en casa, no sólo el día nuestro y los demás viajar por Andalucía (para eso están las magnas y las extraordinarias).

Hay que sacar de los armarios las túnicas de penitentes, las almohadillas, los alfileres, pañuelos y estampas de los abuelos y padres y darles uso. Saber el momento de entregárselas a los que vienen por detrás porque de ellos debe ser el presente y el futuro. Así, el Domingo de Ramos debe de ser el día en el que todos los niños acompañen a la Cofradía de la Pollinica. El Lunes Santo, un día de “encuentros”, de recuerdos entre jóvenes estudiantes y veteranos catedráticos de la vida. Ojalá el Martes y Miércoles Santo se potencie ir de penitente entre los que alumbran tras las dos imágenes crísticas con mayor devoción.

El Jueves Santo deja atrás medio siglo de tradición para emprender una nueva forma de entender entre las cofradías del Consuelo y Servitas en la calle. No habrá “encuentro” y los Dolores irán antes que los de San Pedro. Las ideas de salir por la mañana no fueron respaldadas por un polémico cabildo donde los cofrades hablaron. Ojalá los consejeros sean escuchados o sirvan para eso: dar consejos; y los cofrades, no sean sólo un hermano que paga una cuota o decide un cabildo, sino parte viva de la hermandad todo el año y se le tenga en cuenta.

Y llegamos a un Viernes Santo donde todo apunta a que seguiremos sin “encuentro” de las cofradías de “Abajo” y “Arriba” en San Sebastián. Por lo que pinta, habrá que conformarse con la despedida en la “citarilla”. La pandemia puede ser la excusa perfecta, pero si no se hace este año, debería de ser prioridad recuperarlo, como el de buscar un punto igual entre las dos del Jueves Santo.

Volviendo al Viernes Santo, los de la Soledad, al igual que la Pollinica, han optado por el recorrido más religioso: visitar a la Beata Madre Carmen. ¿Cuándo nos daremos cuenta que está en puertas de ser santa? Ojalá lo que en poblaciones como Sevilla se tiene con Santa Ángela de la Cruz, se obtenga en esta ciudad por la fundadora franciscana. Y como culmen, el Domingo de Resurrección, pendiente aún de su fortalecimiento con una continuidad y en busca de un respaldo de la ciudad. ¿No debería de ser procesión de Iglesia y no sólo de cofradías?

 

Esperando el primer toque de campana

Pero vamos a lo que vamos. Como dijo el pregonero de 2018: “¿Quién pudiera ser pañuelo de besamanos para sentir la fe de tu pueblo? ¿Quién pudiera ser vestidor para acariciar tu rostro? ¿Quién pudiera ser almohadilla para aliviar el peso de tus plegarias? ¿Quién pudiera ser bambalina para verte lo más cerca posible? ¿Quién pudiera ser palometa de tu corona para estar en tu reino? ¿Quién pudiera ser poeta para describir lo que siento? ¿Quién pudiera ser sacerdote para alzar el viril de la Caridad? ¿Quién pudiera ser campanillero de lujo para portar la inocencia de un niño? ¿Quién pudiera pronunciar tu nombre por primera vez? ¿Quién pudiera ser fotógrafo y plasmar lo que transmites? ¿Quién pudiera ser camarera para limpiar tus mejillas? ¿Quién pudiera ser sacristán para vivir tus momentos de soledad? 

¿Quién pudiera ser música y rezarte con un solo de Medea? ¿Quién pudiera ser Infante y promover tu primera procesión? ¿Quién pudiera ser hermano mayor y dar tu arriba? ¿Quién pudiera ser vega y obrar el milagro? ¿Quién pudiera ser Cirineo y ayudarte con tu cruz? ¿Quién pudiera defender la vida en un pregón? ¿Quién pudiera ser monja de clausura y bordar tu palio entre oración y salmo? ¿Quién pudiera ser madre y coser los flecos dorados de tu banda? ¿Quién pudiera ser padre que ayude a su hija a amarrar la almohadilla del abuelo sobre tus andas, el año en el que fueras pregonera de Semana Santa? ¿Quién pudiera ser clavel y llevar el aroma de tu procesión a la persona mayor que te siente desde su balcón? ¿Quién pudiera ser sacerdote antequerano y ser catequesis viva de cómo vivir la Semana Santa?...”.

Le dejamos con 276 páginas en forma de libro, escritas de sol a sol, con marchas cofrades y del cantajuegos porque el pregonero va recorriendo su peregrinar y ya vienen por detrás pisando fuerte. Un año en el que hemos tenido que recurrir a fotografías de interior sin poder captar una Semana Santa al completo como la de 2018, ya que en 2019 llovió el Jueves Santo y de sobra es conocido lo que pasó en 2020 y 2021. Ojalá el 2022 marque un camino en el que la unión se respire todos los días del año. En el que los cabildos propongan y ayuden. Las Directivas respeten lo trabajado con anterioridad y busquen cómo mantener lo establecido y mejorar todo lo que puedan. 

Que esta Semana de Pasión sea de Gloria, de reencuentros, de abrazos en la distancia, donde lo importante es volver a que las imágenes conmuevan a quienes las vean desde las aceras o desde sus balcones, los de las casas y los del Cielo. Que la música de nuestras oraciones sea más fuerte, sentida y compartida que las diferencias de criterio. ¡Y que como siempre, salga el sol... por Antequera, Antequera, Antequera!

 

¡Busque el Especial de Semana Santa de Antequera de 2022! Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado 23 de abril de 2022. ¡Suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).