Antequera es hermosa en cualquier época del año, pero el renacer de la vida de cada primavera, nos ofrece algunos de sus estampas más hermosas y singulares. Y uno de los regalos para los sentidos que ofrece nuestra tierra en esta época es la vivencia de la Semana Santa, que llena nuestra ciudad de imágenes únicas. Y especialmente en esta ocasión, donde tras los últimos dos años, hacen de estos días un momento especialmente anhelado.

Ciertamente, nunca hemos dejado de celebrar nuestra fe. Incluso en los momentos más duros del confinamiento, la Iglesia celebraba los misterios de nuestra salvación, con más fe si cabe dentro de nuestras iglesias, pidiéndole al Señor la salud ante la epidemia que nos azotaba. Fue una vivencia de la Semana Santa diferente, más recogida, de buscar lo esencial, pues realmente es lo que nos quedaba: la cercanía del Señor y de la Iglesia en medio del confinamiento en unas sobrias celebraciones.

Al mismo tiempo y mientras estábamos encerrados en nuestros hogares, tuvimos la oportunidad de caer en la cuenta de que éramos felices en nuestra vida cotidiana, aunque no éramos conscientes de ello, pues las muchas obligaciones cotidianas parecían impedirlo. 

Está siendo una dura batalla, y muchos seres queridos, por desgracia, se han quedado en el camino, aunque con la ayuda inestimable de la ciencia, en forma de vacunas, poco a poco hemos vuelto a nuestra vida normal. Buen ejemplo de ello, como hemos señalado, será la celebración de la Semana Santa de este 2022. Volver a ver las calles de nuestra Antequera bendecidas por los sagrados titulares de nuestras cofradías, tras estos dos años sin hacerlo, es señal de todo ello. 

Pero también creo que sería necesario no cerrar en falso todo lo vivido, aprendiendo todo lo posible de esta lección de vida que la pandemia nos ha ofrecido. 

Hay quien habla de volver a la normalidad, pero igual nuestro trabajo como cristianos, sería la de construir una normalidad “nueva”, aprender la lección que la vida nos ha dado durante estos últimos dos años. Para nosotros, para las personas que creemos que Jesucristo es el Señor no nos puede dar igual afrontar la realidad, sino debemos buscar aprender de los “signos de los tiempos” que nos rodean.

 

El regreso de las procesiones a las calles

Volver a ver las procesiones por las calles de nuestra ciudad nos llena a todos de alegría. Han sido dos años duros, en los que la situación nos ha obligado a vivir nuestra fe de otra manera. Pero por eso mismo, hacer profesión pública de fe en Jesucristo, el Señor y en su Santísima Madre, es algo que nos debía de comprometer de un modo más profundo. 

Es hermoso manifestar públicamente la fe en nuestras calles, pero necesitamos facilitar momentos de oración e intimidad con ese Señor que tanto nos quiere y con su Madre, que a los pies de la cruz nos adoptó como hijos para siempre. 

Que la espectacularidad de esas vivencias en la calle no nos impida adentrarnos en lo más profundo del Misterio. Sólo así comprenderemos el valor redentor de la pasión de Cristo, de su sacrificio en la cruz. Sentir, como nos dice san Pablo: me amó y se entregó por mí. Y lo que es más importante, una muerte que nos abre a la nueva realidad de nuestra esperanza, la de participar en la vida nueva de su resurrección.  ¡Feliz celebración de la Semana Santa para todos!

 

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