A la edad de 90 años, entregó su alma al Señor, siempre rodeado del cariño y cuidado de los suyos, y en especial de su esposa, don José María Moreno Jiménez, un gran antequerano, agricultor, profesor, cooperativista, concejal y caballero muy cristiano fundador, con doña Dolores Gayá de Prado, de una ejemplar familia, que está sabiendo poner en práctica el afecto, las enseñanzas y ejemplos recibidos en tan cristiano hogar.
Don José María, fue ejemplar agricultor, junto a su hermano, nuestro recordado amigo don Ángel, en la Finca “La Noria”, pionera en modernización e implantación de cultivos sociales, de los que creaban muchos puestos de trabajo, al tiempo que compaginaba su labor en el Campo con el profesorado, tanto en las jornadas diurnas como en algunas nocturnas, en el Instituto “Pedro Espinosa”, entre los cursos 1966 a 1980, como Licenciado en Ciencias Exactas y Profesor de Matemáticas y Dibujo Técnico. También fue uno de los grandes impulsores de la Cooperativa Olivarera “Nuestra Señora de Los Remedios”, en la que llegó a ocupar los cargos de Tesorero y Gerente, desarrollando también una encomiable labor. 
 
Por todo ello, y por sus vinculaciones con el mundo de las Cofradías –entre ellas de la Esclavitud de Nuestra Señora de Los Remedios–, del Deporte –en concreto del fútbol y el Club Deportivo Antequerano–, de la vida municipal, en la que fue Concejal de nuestro Ayuntamiento, era persona tan conocida como querida y respetada, por lo que la triste noticia causó profundo pesar en la ciudad, pesar que transmitimos desde estas páginas, a su esposa, a sus hijos Jerónimo, María, José María y Mateo y demás familia.
 
El sepelio tuvo lugar el jueves en la iglesia parroquial de San Sebastián con muchísimos familiares y amigos acompañando a la familia en esos tristes momentos, aunque les cabe el consuelo de que, por su acendrado cristianismo, por su bondad y generosidad, estará disfrutando de la gloria del Señor, como expusieron en la misa de despedida los sacerdotes, entre ellos su hermano que dirigió unas sentidas, emotivas y profundas palabras que reflejaban su vida cristiana y familiar.
 
El caminar por la Alameda y calle Cantareros en días soleados, será diferente desde ahora, al no verle del brazo de su esposa, con quien todos los días recorría las calles de su tierra antequerana. ¡Que la Virgen de Los Remedios lo reciba en el Cielo y consuele a su familia!