Las puertas de la Finca Bellavista, a pocos kilómetros de Antequera, se abren para conocer a Carmen Robledo Borrego, una antequerana de 96 años con una memoria cuasi prodigiosa para recordar fechas de cumpleaños, calles de la ciudad y nombre de los antepasados, fruto de una vitalidad y amor a la vida digno de un espíritu joven.

 

Muy devota del Señor de la Salud y de las Aguas de Antequera, Carmen, incluso antes de nacer, ya conocía la iglesia de San Juan. “El primer cuadro que entró en mi casa cuando nació mi hermano Pepe fue del Cristo de la Salud y de las Aguas, mi padre ordenó colgárselo al niño en la cuna y ese cuadro todavía se conserva y por él se han hecho las medallas que tienen hoy todos los hermanos de la Cofradía”.

La vinculación con esta Hermandad le viene a la familia de Carmen desde tiempos inmemorables y es que su abuelo, Gabriel Robledo Sarmiento, fue hermano mayor de la misma, sucedido por su padre, Gabriel Robledo Carrasquilla, quien también fuera mayordomo de la cofradía tras el fallecimiento de él.

Además, uno de los hermanos de Carmen, Luis, fue Hermano Mayor de Trono durante 16 años. Los recuerdos de las juntas familiares de aquella época inundan su mente: “Me acuerdo que se reunían en mi casa de Calle Nueva todos los años para celebrar la llegada del Señor”.

Así, recuerda con gran cariño la llegada de la Novena y cómo pasaba los veranos en una finca en el campo a los pies de Antequera rodeada de todos sus hermanos. “Con la llegada de la Novena del Cristo, teníamos que regresar a la localidad para que mi padre asistiera sin falta a la Novena acompañado por todos nosotros”. “La realidad es que lo que era una Novena en aquellos tiempos dista en gran medida de lo que es ahora. Misa a las ocho y media de la mañana dedicada a los gremios, cuyos días algunos se mantienen y otros han cambiado, y por la tarde, a las siete, la función con el Santísimo Cristo”, cuenta Carmen.

Aun así, Carmen que no pierde su vitalidad, sigue haciendo las dos Novenas todos los días apoyada en un libreto de 1954. “Es una costumbre de la casa, en mi casa el Señor ha sido siempre lo primero”, nos cuenta Lola, sobrina de Carmen con quien reside en la actualidad.

A Carmen le entusiasma la idea de que su Señor de la Salud y de las Aguas vuelva a procesionar como lo hacía antiguamente por su 350 Aniversario: “El Señor siempre ha tenido los rayos, con los que procesionará este año gracias a Pepe Cantos y un sudario, iniciativa a la que hemos contribuido desde mi familia”. No obstante, “ahora las procesiones no son lo mismo, antes las niñas nos quemábamos los velos unas a las otras porque todos los niños queríamos alumbrar”.

Las oraciones y peticiones que ella hace a su Cristo de la Salud y de las Aguas, no duda en admitir que le ayudan a seguir con la memoria que posee a día de hoy: “Yo siempre le he pedido una buena cabeza a pesar de los años y creo que me la ha dado”.

Obnubilada por las historias de Carmen, me sentí como en casa y es que, a veces, por entrevistas así amo mi profesión. Más información, edición impresa sábado 26 de mayo de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie(suscripción).