Este Jueves Santo del 2022 –día y noche– la pasé en Antequera. Todome llevó a acordarme de aquel inolvidable Jueves Santo del 2017. Otros Jueves Santo los he pasado en sitios muy dispares en los que he buscado el amparo de “algo” que me faltaba. Recuerdo muy especialmente los pasados en París y uno, muy particular, en Filadelfia, celebrando en silencio y lejos de todo, la venida al mundo de mi hija María Luisa. 

Empezaré por los Jueves Santos franceses; era yo a la sazón un joven investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) francés y solía refugiarme en las cercanías de la catedral de Notre Dâme. Lejos quedaba aquel Jueves Santo antequerano de tanto “tronío”, muchos años atrás con las cofradías de “Abajo” y “Arriba” en sus calles; más tarde con el esplendor de los pasos de San Pedro y Belén conquistando Antequera.  Viví muchos de esos Jueves Santos en París… Y ¿qué hacía yo en las cercanías de Notre Dâme uno y otro año? Pues no sé la respuesta. ¿Buscaba acaso el cobijo de algo que me acercara de alguna forma a mi Jueves Santo de siempre? O de casi siempre,ya que los ha habido en Antequera, en la incomparable Sevilla de los naranjos en flor, en la estación marina de Roscof (Bretaña), en el lago Yojoa (Honduras), en Alcalá de Henares… Jueves Santos muy dispares, pero con ganas de sentirse “cobijado”. Notaba como si me faltara algo.

¿Cómo eran mis Jueves Santos parisinos? De día, me gustaba pasearme por el barrio latino, especialmente por los bulevares de Saint Michel y de Saint Germain, no lejos de la Sorbona; por allí merodeaba,palpando el tumultuoso ambiente en las cercanías de Notre Dâme y preguntándome cuantos de aquella multitud sabían algo sobre la catedral, además de haber visto las películas y otras manifestaciones culturales basadas en la obra de Victor Hugo. (La gran catedral de Notre Dâme de Paris, cuya construcción se remonta a 1163-1245, es el gran icono de estilo gótico de Paris. Ha pasado por múltiples etapas y situaciones de abandono y deterioro lamentables, el último de ellos en el 2019, un incendio accidental o intencionado que está siendo aún investigado. La catedral resurge siempre de estos infortunios).En París, a falta de procesiones, de tambores y de trompetas, me gustaba pasar las tardes paseando por la Isla de la Cité en las cercanías de una esplendorosa Notre Dâme; diré, emulando a la monja antequerana: Si sabrán los parisinos y otros lo que estamos celebrando…

Y, ¿cómo fueron algunos de mis otros Jueves Santo no parisinos? Recuerdo uno, buscando cobijo en el laboratorio de investigación de la estación oceanográfica de Roscofen la Bretaña francesa, además del origen biosintético de un nuevo esterol con 26 átomos de carbono. (Hasta entonces se había considerado al colesterol, con 27 átomos de carbono, el “esterol límite”)¡Cuanto recuerdo aquel día de trabajo de investigación aprovechando el pico de subida mañanera del fitoplancton en aquel estuario de la Penzée y los trabajos incesantes de investigación en aquel silencioso laboratorio, sin sonido “de fondo” de marchas de Semana Santa!

Mención especial merece el Jueves Santo que pasé en el misterioso lago Yojoa, a unos 140 kilómetros al norte de Tegucigalpa, en Honduras. Según mi acompañante hondureño, cada Jueves Santo, las aguas del lago se cobraban el tributo en vidas humanas. Era un día, según mi amigo José, de no salir en barca por el lago; mantenía que mucha gente se ahogaba porque “molestaban a los malos espíritus” que vivían en sus profundidades. Yo quería convencer a José de que las aguas del lago eran buenas para la vida y que el Jueves Santo, eran aún mejores. La única diferencia era la afluencia de gente que venía a Yojoa a sumergirse imprudentemente en las procelosas aguas de su gran lago y, como no sabían nadar con soltura, acababan ahogándose. Yo pasé un Jueves Santo hasta el anochecer explorando nuevos lugares sin atisbar ni un mal espíritu, y relatando a José buenas historias de Jueves Santo. El recuerdo de las procesiones de Antequera me ayudó a limpiar la mente de José de aquellos supuestos malos espíritus.

Y pasaron muchos años hasta llegar al gran Jueves Santo del 2017. Ese Jueves Santo conocí a mis amigos de la Cofradía de la Virgen de los Dolores, en Antequera. Todo ocurrió de forma muy espontánea; se celebró un famoso pregón magno para conmemorar el LXXV aniversario de la fundación de la Agrupación de Cofradías, por iniciativa del entonces presidente de la Agrupación de Cofradías, Francisco Ruiz Rojas, y se me asignó hacer de pregonero de la Cofradía de los Dolores; estudié, conocí a las gentes del barrio y entré en contacto con los miembros de la cofradía. Aquel Jueves Santo me “adentré” aún más en la cofradía de la iglesia de Belén y en todos los detalles previos a su salida procesional, que inicié cerca de su Hermano Mayor; con él, esperé en la plaza de Santiago la llegada de la cofradía de San Pedro –la Virgen del Consuelo–. Seguimos nuestro desfile procesional conjunto y pude comprobar que, en efecto, el Jueves Santo antequerano tiene algo especial… Era el gran Jueves Santo antequerano…

Quiero recordar algunos otros Jueves Santos recientes, vividos en Alcalá de Henares; cada vez que he estado en Madrid por esas fechas no he dejado de pasar mi día en las cercanías de la Ermita del Cristo de los Doctrinos de Alcalá de Henares; este Cristo es muy venerado por los alcalaínos desde que en 1581 sirviera al canónigo Juan López de Úbeda para enseñar doctrina cristiana a los niños de Alcalá de Henares; la cofradía se encuentra muy ligada a la Universidad Cisneriana. De hecho, tiene el nombre de Cofradía Universitaria del Cristo de los Doctrinos y Nuestra Señora de la Esperanza. Me siento más cercano a esa Cofradía por haber sido profesor de Bioquímica en la Facultad de Medicina de la refundada Universidad, como Campus de la Complutense, en 1975.

El desfile procesional del famoso Cristo, junto con una talla de 1945 de la Virgen de la Esperanza es solemne. Acompañan a la cofradía soldados de la Brigada paracaidista y, ya bien de noche, a su vuelta a casa, el coro de la Universidad rinde homenaje al Cristo y a la Virgen en la fachada principal de la Universidad. Sentido y profundo homenaje de Jueves Santo alcalaíno. Esta cofradía merece todo nuestro respeto por estar ligada a la Universidad y por el silencio y orden de su desfile, que comienza con la salida de los pasos desde la sede del Aula musical situada frente a la pequeña Ermita del Cristo de los Doctrinos, vieja iglesia reconstruida ya en el barroco.