Creímos que el espionaje tenía autores con nombres tan relevantes como de John Le Carré, Joseph Conrad, de G.K. Chesterton, Frederick Forsyth, pero en estos días, en las últimas jornadas  hemos aprendido que hay otros artífices, no sabemos si de la misma categoría, para crear secuelas de espías. De momento estos reputados autores se llevan la palma. El  mundo del secreto es el protagonista de estas novelas y desde luego ha habido plumas magistrales del género. Agencias, servicios de inteligencia, guerra fría, misiones imperfectas,misiones imposibles, contraespionaje o posiblestextos encriptados, desapariciones  sospechosas, secuestros, topos,todas o casi todas inmersas  en un marco político de alta densidad. 

Decía Noel Behen, amigo de esta escritura, que no confundamos novela  criminal o  policiaca  con las de espionaje.  El escritor aclara que  “en las primeras, el héroe  resuelve el crimen mientras en las de espías, el héroe comete uno”.  En las novelas realistas de espionaje siempre existe la ética, siempre existe una duplicidad moral entre lealtad y traición, un equilibrio de hazañas y letras, guiones y capítulos difícil de mantener. Es que es difícil nadar entre sacrificio, paranoia, corrupción, nihilismo, patriotismo, decadencia, venganza, engaño…

Y llegamos a nuestros días y  nos encontramos con Pegasus. Teléfonos pinchados de altos cargos del gobierno entre ellos el Presidente Pedro Sánchez. Sea como fuese el infiltrado ha tenido acceso a todo lo que un móvil guarda, fotos, videos, historial de llamadas, correo, y desde luego, llevamos vistas muchas películas para olvidarnos que llevar un móvil encima es estar localizado en todo momento. 

¿De parte de quién? Los gobiernos reconocen la compra de esta herramienta y el uso judicializado del mismo, el CNI español por ejemplo,  pero lo alarmante del asunto es que esta tecnología está por todo el mundo y fuera de control. 

Destapar y tapar es un juego doble, sin duda  un arma de doble filo. ¿Qué ha pasado de verdad? Al final del libro tal vez nos espere un desenlace  arriesgado.