A veces lúcida, otras como pedida entre callejones. Es lo que tienen los extraños caminos de la memoria. La inspiración realiza un triple salto mortal y juega en el aire  de fragancias amaderadas o de grosella negra y cedro,  libres de introversión  y de consenso público. Pongamos que hablo de ciudades pero para todas no hay nombres. La cosa no acaba aquí. Sin nombre o con ellos  los territorios son zonas de poder y disputa y de elecciones políticas y de transacciones económicas A veces a gran escala y  todo.

No se acaban las primaveras son otras tal vez, tres quizás, como los libros de Giorgio Bocca que se repiten tres instantes  pero vuelven igual que las golondrinas o  el arpa dorada de género femenino y cuerdas infinitas y luminosas.  Medidas doradas con toque de jazmín que prevén una rápida carrera hacia la libertad de las personas que aún permaneces encerradas en sí mismas esperando que las jubilen o concibiendo motu propio una subvención viajera que leve anclas de los puertos de Twiter sin escalas en otros  terminales mediáticos de obligado cumplimiento. Pactos de trabajo por horas, trienio, meses edades, colores.  Trabajar horas y destilar descansos  en  alambiques inteligentes que cambian la vida  por amor al arte en reformas fiscales casi ficticias y  de encriptados  lenguajes.

En medio de tormentas  cercanas a las urnas los mercenarios siempre  tiene cabida. No necesitan una chaqueta metálica ni haber nacido el 4 de Julio.  Algo se guisa en las cocinas fantasmas que proliferan  por barrios  y tejados llenas de chimeneas industriales que no se esconden de humos y protestas. Mientras  tanto los niños se quedan solos en las fronteras saturadas en el Valle de Río Grande,  en tierra de nadie,  huidos de alguna parte y sin saber a dónde  les llevará la vida.  Informaciones confusas  sobre vacunas de nombres que ya se conocen y se temen o se esperan con los brazos abiertos.