Si alguien nos preguntara cómo somos, ¿qué le diríamos? ¿Qué nos decimos a nosotros mismos cuando nos hacemos esa pregunta? Tal vez no nos la hayamos hecho nunca y nos podríamos bloquear a la hora de dar respuesta. Describirnos a nosotros mismos no suele ser una cuestión simple. Podemos decantarnos más por nuestros defectos que por las virtudes o cualidades, ser excesivamente críticos con nosotros mismos, compararnos con otros con los que por supuesto no tenemos nada que ver…

La forma en la que valoramos el concepto que tenemos de nosotros mismos constituye nuestra autoestima. Una autoestima equilibrada y sana es un factor de protección que nos previene a la hora de afrontar lo que nos suceda. Cuando nos conocemos tal y como somos de forma realista y objetiva, el siguiente paso es aceptarse y posteriormente llegar a quererse. Quererse de forma sana es respetarse y darse a respetar. Cuidar de nosotros mismos para no hacernos daño. 

Muchas de las cosas que nos preocupan no tienen una base real y la mayoría de ellas no llegan siquiera a suceder. Nuestros pensamientos y la forma en la que interpretamos la realidad que nos rodea pueden hacer que vivamos de muy distinta manera según el enfoque que le demos. Pensar en positivo, pensar con calma, pensar en la realidad y no en lo que no sabemos si llegará a ocurrir nos ayudará a vivir con menos presión y menos estrés. 

Así, valorando nuestros logros y cualidades, además de los aspectos a mejorar, podremos llegar a contestar la pregunta de quienes somos de una forma más justa para nosotros mismos.