Hemos llegado por fin al final de un curso que se nos ansiaba bastante largo y complejo.Si echásemos la vista atrás hace diez meses, la incertidumbre y un malestar bastante generalizado inundaban las sensaciones de familias, profesorado y PAS que conforman las diferentes comunidades educativas. 

Atrás quedaron esas largas reuniones de comienzo de curso para explicar el desarrollo y aplicación de unos protocolos COVID-19 diseñados, en reglas generales, por las direcciones y equipos directivos de los centros educativos durante un pasado verano donde la normativa iba cambiando por días, aquel estrés por establecer señalización por todas las aulas, pasillos y espacios abiertos de los edificios escolares, el modo en cómo poder atender telemáticamente al alumnado que podía quedar confinado…

El rodaje no fue fácil. Durante septiembre y bien entrado octubre tanta información e indicaciones a las familias y alumnado se nos atragantaban por cuanta precaución había que tener. Y detrás de todo ello, un magnífico equipo de profesionales sanitarios que conformaban un equipo específico dirigido a atender exclusivamente a los centros escolares durante más de 12 horas ininterrumpidas al día, siete días a la semana.

Mucha burocracia, mucho teléfono y mucho séneca; muchas lecturas de normativas y aplicación de nuevas medidas; tomas de temperatura a la entrada de los centros aun sin estar obligados a ello, un esfuerzo intenso por evitar estigmatizaciones y siempre vigilando no incumplir la normativa de protección de datos (que hasta para una situación así, hacía hincapié en una ya estresante situación); ventilación constante y llegada del frío invierno sin poder hacer uso de calefacciones por cuanto derroche supondría mantener unas ventanas abiertas, y mucha, muchísima imaginación y formación en aplicación de nuevas herramientas digitales para el alumnado.

Han pasado diez meses, ¡casi nada!, y algunos no nos daban ni 15 días en la escuela. Nos hemos convertido en casi expertos en sanidad, limpieza, epidemiología, informática, protección de datos, labores administrativas y “con calidad de atención al cliente”, en pintores de líneas y expertos en diseño de rótulos y cartelería, y en comunicación audiovisual… y de vez en cuando, en profesionales de la enseñanza.

Lo que más me pesa de todo es que, en particular, para mí ha sido el año que más intensamente he vivido y que más he trabajado si cabe por mi colegio, y sin embargo, mis niños del cole me han encontrado ausente de las pocas clases que tenía, siempre sustituido por el refuerzo de coordinación covid, debida a la cantidad de tareas, gestiones, trámites y labores que esta situación tan excepcional requería. ¡Qué pena hacer tanto y aparentar estar casi escondido!

Pero el final de este curso ha llegado. No sabemos qué situación traerá el próximo, pero lo que está claro es que, el sitio que parecía más inseguro ha sido el que más control tenía, y que tanto esfuerzo ha merecido la pena si ahora también, durante las vacaciones, todos tenemos presente este esfuerzo tremendo por seguir viviendo el verano con cautela hasta que podamos decir que todo esto ha sido realmente una larga pesadilla. De lo contrario, volverá un amargo septiembre y las manos señalarán otra vez injustamente a un entorno escolar que ha dado ejemplo de lo que es remar unidos en pro de revertir esta situación. Ahora es el momento de que cada uno diseñe y viva su propio protocolo covid-19 con todo lo aprendido durante el curso.

A los profesores, familias, PAS, equipos de inspección, equipos de sanitarios escolares (Mercedes, Yolanda, Carmen…), a las entidades y corporaciones que han colaborado  (Ayuntamiento, Aguas del Torcal, Consejería de Educación y Sanidad)... a todos, ¡Gracias!