La natación terapéutica es una actividad encaminada, a través de una serie de ejercicios, a mejorar lesiones propias de deportistas, patologías lumbares en personas con enfermedades degenerativas, jóvenes con desviación en la columna, enfermos crónicos y personas que en general quieran mantener unas pautas saludables y preventivas.

Impartida por Clínica de Fisioterapia Enrique Fernández Cabrera, e incluida en las actividades ofertadas por el Área de Deportes del Ayuntamiento de Antequera, en la Piscina Municipal Cubierta.

Los ejercicios constan de dos partes. Una primera que se desarrolla en el suelo y otra segunda que se hace dentro de la piscina. ¿Es necesario saber nadar? No es imprescindible, si hay que tener en cuenta, que los ejercicios, los que son en el agua, los tenemos que desarrollar con una mínima capacidad de movimiento y sin miedo a movernos en el elemento líquido, para ejecutarlos.  Y a partir de aquí, es cuando se determina el éxito o el fracaso del tratamiento, el aprovechamiento o, la pérdida de tiempo que en ello empleemos.

 La natación terapéutica no es una medicina que se nos receta y que, en un horario prescrito, nos la tomamos y nos sentamos a ver en la tele nuestro programa favorito, esperando que la “pastilla” nos quite todos los males. Es más, es todo lo contrario. Habremos de olvidarnos del pernicioso programa televisivo, del tiempo empleado en verlo, para dedicar ese tiempo a fortalecer y regenerar nuestro organismo, a través del ejercicio, a la vez que con toda seguridad estaremos evitando tener que tomar un medicamento que, las más de las veces deseadas, nos creará efectos secundarios. 

Del éxito obtenido por esta actividad que se desarrolla en la Piscina Municipal cubierta, da buena fe, la dificultad para obtener plaza, en alguno de los seis grupos horarios que en martes y jueves configuran y se disponen, en mañanas y tardes.

Los resultados que obtengamos van a obrar con toda seguridad, en una gran mejora de nuestras dolencias, problemas de movilidad y salud, y éstos, van a depender muy mucho de nosotros mismos. 

De nuestra dedicación, de la continuidad en el tiempo, del interés y la voluntad que le pongamos, inclusive, con la ampliación y desarrollo en nuestros domicilios, de las enseñanzas y los ejercicios que en ese tiempo nos van a ser transmitidos. No hay dietas milagrosas. No hay ejercicios prodigiosos. Hay, y de ello hablo por experiencia en el tiempo, una filosofía de vida, una continuidad en nuestro devenir diario, el mantener unas pautas de comportamientos, ejercicios alimentación y… una higiene del sueño, que debemos mantener como habito y costumbre diaria. Todo si queremos conseguir que, nuestro cuerpo, el vehículo que nos ha de llevar por la vida, el chasis, todos los huesos y la musculatura que los sostienen, las delicadas piezas que componen nuestro maravilloso organismo, hacer que sigan funcionando el máximo tiempo posible, trabajando y permitiéndonos disfrutar de una mínima calidad y capacidad, con fuerza para subsistir. 

Como dice un amigo, retrasar excepcionalmente la edad y el uso del bastón. La vida en el reino animal se compone de crecimiento plenitud y muerte. 

Aquellos animales decrépitos pronto son eliminados por los depredadores. Sólo en el ser humano y desde hace poco tiempo con respecto a nuestra aparición en el Planeta, se observa la vejez, como una parte más de su existencia. Nuestro objetivo no es vivir más tiempo. El debate y la pleitesía por aprobar en el “examen” final, es, conseguir vivir con capacidad y libertad propia, sin depender de nadie, el máximo tiempo posible.

 ¡Ah…! Y a ser posible manteniendo a nuestra pareja, o persona compañera de viaje en nuestra vida, lo más contenta posible. Si se consigue este objetivo, entonces, les aseguro que la nota será de diez.