Días atrás retomaba mis salidas en la bicicleta. Después del confinamiento y por unos problemas físicos personales, me había visto obligado a permanecer, casi dos meses, sin montar en bici. En los bordes de las carreteras, encontramos siempre… la acción de conducir la bici nos lleva muy a menudo la vista al suelo, los restos de objetos y materiales diversos, que una poco educada ciudadanía va dejando por las ventanillas de sus automóviles. 

Algo nuevo ha aparecido en los arcenes de las vías interurbanas, las mascarillas. Hice una foto, para escribir algo sobre ello, y luego, la eliminé. Me pareció demasiado negativo escribir en esa línea. Veamos otros aspectos.

Por estas fechas, todos los veranos, suelo cumplir años. Este dicen va a ser un año perdido, aún así, yo lo he sumado por si acaso también. ¿Ya no eres muy mayor para los esfuerzos, a los que sometes, tu cuerpo? Me han preguntado alguna vez. No lo sé. He respondido a los dos temas. No sé que es, ser muy mayor. 

Tampoco tengo muy claro, cuando es mucho esfuerzo. Me dan miedo, eso si es verdad, las personas que encasillan y o etiquetan a otras, o a ellos mismos. Limitar tus acciones, tu ocio, las actividades que a nuestro alcance estén y que podamos realizar, me parece un grave error. 

No es bueno hipotecar tu felicidad, tu divertimento, por ejemplo, al uso, a conseguir plaza, mesa, en algunas de las terrazas que han proliferado como setas, en este especial verano. En estos espacios, no veo que tan siquiera, siendo un espacio público, hagan uso de las mascarillas. Y éstas, por el momento han llegado a nuestras vidas para quedarse. Y desde luego no para que las arrojemos por la ventanilla del vehículo en el que nos desplazamos.

Insisto, ¡no apuesten todo al mismo número! Diversifiquen sus actividades. Bailar está casi, prohibido. Más yo, si bailo con mi compañera, la bici no, la otra, la que lleva conviviendo conmigo, ¡muuuchos! de los años que cumplía hace pocos días. Con ella, o en un ámbito familiar, particular,  puedo bailar y lo hago. 

 

Y si estoy en presencia de otras personas, guardo las distancias o cuando menos, hago uso de la mascarilla. El baile, les decía está estigmatizado. Las pistas de baile, que no los bares de copas. Están cerrados a cal y canto. Me da la sensación que mucho nos queda por aprender, en término de derecho y respeto hacia las personas.

No es sólo acercarse a una terraza de verano y consumir, que también. Pero, ¿qué me dicen de las personas que disfrutan, aunque parezca muy raro, efectuando otras muy distintas formas de ocupar su tiempo de asueto? Por ejemplo, pedaleando durante varias horas por mantener activo todo el organismo. O practicando yoga. O caminando por la sierra, tocando su guitarra, un piano. También se disfruta aprendiendo, o componiendo música. En el propio hogar, jugando con los demás miembros de la familia. ¡Escribiendo! Pintando, o simplemente leyendo. 

No limiten sus actividades. Abran luz a otras ideas. No perdamos la cultura en todos sus aspectos. Cultura es también evolucionar, cambiar. Porque no hay solo un estilo de baile, cante o forma de divertimento. Conservar las raíces, las costumbres, no implica cerrar la vista y los oídos a nuevas formas a nuevas situaciones sociales. No hay un estilo puro, una disciplina única, todo viene de una evolución de la propia sociedad del propio individuo en la lucha por la adaptación a las nuevas exigencias que la sociedad cada día nos va demandando.