Cada semana leo con detenimiento el editorial del Sol. Faltando tiempo para las fechas navideñas, nos adelanta la mejor manera de vivirlas. Y no es otra que recuperar el valor de la Navidad. Que no es algo ñoño ni pasado de moda, ni entra en competencia con Halloween y otras fiestas importadas a las que prestamos demasiada atención. 

En Antequera tienen hueco todos los que han querido venir a vivir con nosotros. Y traen consigo sus fiestas. Forman parte de sus raíces y cultura. La nuestra es cristiana. No entro en valoraciones de compromiso con la Iglesia, asistencia a los cultos u obligaciones que los católicos queramos tener. Porque además de la Católica, tenemos un buen número de iglesias cristianas. Y Cristo es nuestro guía. Nos regaló hace 2021 años un nuevo concepto de vida, lleno de valores para que nuestro camino por la tierra fuera más esperanzador. Nos enseñó cómo tejer una red que nos cubriera de hermandad, cariño, amistad y solidaridad. Aún la conservamos, con rotos, descosidos, aberturas, pero nada preocupante que no se pueda recomponer.

Y aunque vivimos un  época con el paso cambiado. Los mayores en las  residencias, los niños en las guarderías y los perros, repanchingados en los sofás, no hemos perdido el norte. Hemos aprendido la solidaridad y contribuimos a que esa empatía con quienes tienen necesidades,  se practique sin esperar a Navidad. Damos y recibimos cariño. 

A todos nos gusta trabajar la generosidad emocional, entregarnos, compartir y pensar lo necesarios que somos para que la sociedad sea un poco más justa. Queda mucho por hacer, pero Antequera puede presumir de ser  muy generosa. Desde el Ayuntamiento que va más allá de las necesidades básicas, la gran aportación que hace con los bonos al comercio, la campaña de juguetes. Las Cáritas, trabajando todo el año. El Banco de Alimentos que hace su campaña la semana próxima. Y tantas actividades pequeñas, casi insignificantes, que se gestan, en el plano privado, por la urgencia del momento. 

Antequera tiene una gran Navidad. No importa que el Niño Jesús se nos presente anunciando móviles o mantecados. Le da igual,  sonríe, está contento entre nosotros y lo único que nos pide es que sigamos pensando en Él.