El Ayuntamiento tiene el deber de hacer todo lo posible para invertir el proceso a la baja que experimenta el comercio local. Cargar las culpas a la escasez de aparcamientos o al alto precio de los alquileres, apenas mejoraría las ventas. La cuestión principal es la política de ventas. “Si no queda satisfecho le devolveremos el dinero”. Ésa es la razón que más influye al consumidor a la hora de adquirir el objeto que se desea. El vale de devolución para cambiar por cualquier otro bien del agrado del comprador, es un sistema anticuado y poco competitivo a la hora de comprar. 

El papel se pasa meses rodando por el monedero, esperando la ocasión de poder canjearlo de manera satisfactoria. No siempre ocurre. Se cambia por cualquier cosa con tal de no verlo más, entre las pertenencias, como si fuera un intruso que no debería estar allí. Ese simple papel con el sello del vendedor, aleja, retiene e impide al comprador buscar otras vías que le permitan recuperar su dinero por si elige cambiar de establecimiento a la hora de la compra. El vale ata. Las ventas del siglo XXI son dinámicas y atractivas.

La libertad que ofrecen las macrotiendas para moverte con desenvoltura y viendo todo lo apetecible, es inviable en un  pequeño establecimiento. Ni el espacio, ni la dependienta contribuyen a que el posible comprador pase el rato mirando con detenimiento cada uno de sus artículos. 

Las compras de hoy, tienen algo de arte, saber combinarlas, mostrarlas atrevidas, están muy lejos de décadas pasadas que era el ir vestidos. Ahora no se compra por necesidad. Son caprichos que se quieren  y, tienen que complacer. Por ello. La música, el ambiente, la decoración y la luz, juegan un papel primordial a la hora de invitarnos a pasar al interior. Y todos los días miramos escaparates, así que es  posible que nos llamen la atención cosas nuevas y queramos sustiruirlas por otras que ya llevan una semana en los armarios sin saber qué utilidad se les puede dar. Y a ello sumamos los repartidores de comercio online que están todo el día en nuestra ciudad repartiendo las cosas más inverosímiles. Por mucho que haga el ayuntamiento, no puede cambiar los gustos de los consumidores.