Recuerdo con gran añoranza el olor de mi álbum de “La vuelta al mundo de Willy Fog” (1983). Ir de compras a la Castellana o a los ultramarinos Maqueda y pedir el sobre de estampitas que regalaban con los yogurts Danone. Éste es uno de los recuerdos que conforman una de las edades más bonitas por la que transcurre el ser humano, la niñez. En este caso la mía. 

Fantaseo, pensando que Willy Wonka tuvo su homónimo en la figura del productor y creador audiovisual Claudio Bern. Su fábrica de chocolate, la productora y distribuidora BRB Internacional. Aquella factoría nos regaló a los infantes de finales de los años 70 y años 80, la magia de las grandes historias contadas con elegancia y estilo. Gracias a sus gestiones empresariales, los españoles conocieron el poder del robot “Mazinger Z” (emisión española en 1978), las desventuras de “La abeja Maya” (emisión española en 1978)… Al tiempo las creaciones propias de Bern, no se hicieron esperar. En 1980, conocimos las andanzas de un gran héroe en su infancia “Ruy, el pequeño Cid”. A los más pequeños de entonces, nos trajo la primera lectura del clásico de Alejandro Dumas, en forma de dibujos animados, “D´Artacan y los Tres Mosqueperros” (1981). ¿Quién no tuvo una camiseta de Naranjito en 1982? De él, disfrutamos sus aventuras junto a Clementina en la serie “Fútbol en acción” (1982). Y el amor a la naturaleza, y el respeto a las especies, sembrado por Felix Rodríguez de la Fuente, tuvo su versión más menuda con “David, el Gnomo” (1985). 

Claudio Bern es uno de los grandes desconocidos de la industria audiovisual española, y sin hacer justicia a su enorme labor, ya no solo en el panorama audiovisual español, sino en la educación y entretenimiento de generaciones de españoles. Su última implicación, antes de fallecer, fue la producción cinematográfica de la película “D´Artacan y los Tres Mosqueperros” (2021). A los que asistimos emocionados a la sala de cine, nos dibujo de nuevo esa sonrisa eterna de alma de niño, con ojos vidriosos por la memoria de momentos y sensaciones pasadas. Gracias a Claudio Bern, siguen ahí, alimentando la raíz de nuestro ser, por siempre.