Ya dijimos que una de las heroicidades de David fue la conquista de Jerusalén, que se hallaba en poder de los jebuseos. En aquella época, el rey tenía varias mujeres y concubinas y, por supuesto, varios hijos. Después, David derrotó varias veces a los filisteos y, luego, llevó el Arca de la Alianza a Jerusalén. 

Nos dice la Biblia que el Arca iba sobre una carreta nueva y que, durante el traslado, –el Arca no fue llevada directamente a Jerusalén sino que permaneció un tiempo en casa de un particular–, David y toda la casa de Israel bailaban delante de Yaveh con todas sus fuerzas, cantando con cítaras, arpas y otros instrumentos. Ya en Jerusalén, pusieron el Arca en medio de la tienda que David había hecho levantar para el Arca, –no existía aún el templo–, y ofreció holocaustos y sacrificios en presencia de Yaveh. Cuando David acabó de ofrecer los holocaustos y sacrificios, bendijo al pueblo en nombre de Yaveh Sebaot, dio unos alimentos a cada hombre y mujer, y cada uno se fue a su casa. El traslado del Arca de Dios a Jerusalén tiene mucha relevancia porque convierte a la ciudad, además de capital política, en la capital religiosa del pueblo hebreo, en la ciudad santa.

Según el Libro Segundo de Samuel, cuando el rey David se instaló en su casa, le dijo al profeta Natán que él vivía en una casa de cedro mientras que el Arca de Dios habitaba bajo pieles, planteando la posibilidad de construir una casa o templo para el Arca. Pero, entonces, Dios se reveló a Natán. Le comunicó al profeta que le dijese a David que sería un descendiente suyo quien construiría una casa para Él; pero Yaveh aseguró que Él le construiría una casa o dinastía a David, es decir, que su descendencia o linaje se asentaría sobre el trono de Israel. Se trata de la alianza de Yaveh con David y su dinastía o linaje. Además, esta profecía, que Yaveh revela a Natán para que se la traslade a David, permite entender que habrá un descendiente especial, en el cual Dios se complacerá. Nos hallamos ante la primera profecía que anuncia que un descendiente de David será el Mesías. En el Nuevo Testamento, el Libro de los Hechos usará este texto para referirse a Cristo. David, enterado de esta profecía, hizo una oración de alabanza y acción de gracias a Yaveh.

Y continuaron las guerras con los pueblos del entorno: filisteos, moabitas, arameos, edomitas… La Biblia nos dice que Yaveh hizo triunfar a David dondequiera que iba.