Cuando hoy entramos en la iglesia del Carmen de Antequera, uno de los templos más visitados por el turismo cultural que llega a nuestra ciudad, tenemos la sensación de que todo está perfectamente conservado hasta en el más mínimo detalle.

 

Pero no siempre fue así. Este templo, que construyeron los Carmelitas Calzados a partir del año 1585 y que fue declarado Monumento Nacional (hoy Bien de Interés Cultural) el 2 de abril de 1976, ha pasado a lo largo de los siglos por periodos de ruina inminente,debido a diferentes causas históricas y a la propia naturaleza del terreno sobre el que está edificado.

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Algo de historia

Sabido es que fueron dos frailes carmelitas calzados, fray Juan de Ortega y un tal fray Agustín, quienes vinieron en 1512 a nuestra ciudad para conseguir la fundación conventual, solicitando terreno a tal efecto al Concejo municipal. El suelo otorgado fue el que ocupaba la ermita de San Sebastián el Viejo, que coincide con el solar en el que todavía se levanta la iglesia del Carmen. Tras una serie de vicisitudes, ya sobradamente conocidas, las obras del monasterio carmelita, que habían comenzado en 1585 como queda dicho, se dieron por concluidas entre los años 1614 y 1633. A partir de 1720 se construyó, casi como una iglesia aparte, la nueva capilla de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Quinta Angustia y, desde el segundo tercio del siglo XVIII, se procedió a la total renovación de la decoración mueble del resto del templo, levantándose entonces la práctica totalidad de los retablos que han llegado hasta nuestros días. De todo este conjunto patrimonial lo que hoy más llama la atención del visitante son los tres retablos que enriquecen la capilla mayor, y más concretamente el que ocupa el testero del templo, una de las geniales creaciones de la Andalucía Barroca. El profesor René Taylor, destacado estudioso de la arquitectura barroca española, llegó a decir de este retablo antequerano que “figura entre las más grandiosas máquinas de este género en Andalucía”, y que posee “un movimiento de masas y líneas que linda en el delirio”.

La llegada del siglo XIX supuso un periodo de grandes calamidades para la conservación de tan magnífico monumento. La entrada en 1808 de las tropas napoleónicas en nuestra ciudad, que tantísimo daño hicieron en el patrimonio artístico y eclesiástico antequerano, y la posterior Desamortización de Mendizábal en 1835, que supuso la expulsión de los frailes, fueron dos acontecimientos cruciales en la historia de este convento. A partir de ese periodo convulso la iglesia pasó a propiedad del Obispado de Málaga, mientras que el resto del convento lo sacó el Estado en pública subasta el año 1844, siendo adjudicado a la sociedad “Moreno Hermanos” en la cantidad de cien mil reales. Esta empresa instaló en las dependencias adquiridas la sección de tejidos de su fábrica de bayetas de lana, aunque por un periodo de años no demasiado prolongado. En 1883 se demolió la llamada torre del Gallo –por la veleta que la coronaba– debido a su inclinación, si bien el edificio del convento no se echó abajo, por su estado ruinoso, hasta los años finales del siglo XIX o primeros del XX. En el año 1994 el Ayuntamiento de Antequera adquirió a la familia García Berdoy todo el solar del antiguo convento carmelita para la creación de una zona de esparcimiento ciudadano y miradores, cediendo después una parte del mismo a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Quinta Angustia con el fin de construir su casa de hermandad y dar mayor estabilidad a la propia iglesia.

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Por qué no se doró el retablo mayor

El retablo mayor de la iglesia del Carmen fue diseñado y construido en madera de pino rojo por el gran maestro retablero Antonio Primo de la Rosa, nacido en Alcalá la Real en el año 1708 y residente en Andújar, Baena, Lucena, Estepa, Jaén y Antequera, entre otras poblaciones andaluzas a lo largo de su itinerante vida profesional. Su llegada a nuestra ciudad, acompañado de su padre Mateo Primo y su hermano menor Francisco, todos ellos maestros entalladores de retablos, para acometer los tres retablos de la capilla mayor de la iglesia del Carmen, ocurrió en torno a 1739, después de dar por acabado el retablo mayor de la iglesia de las monjas Carmelitas Descalzas de Lucena. En 1742, acabada la arquitectura del retablo mayor, Antonio Primo marchó a Andújar, Mateo murió aquí en 1740, siendo enterrado en la misma iglesia del Carmen, y Francisco permaneció en Antequera durante varias décadas dedicado a la construcción de retablos. Las más de cincuenta esculturas del retablo mayor carmelita las hizo José de Medina, uno de los grandes imagineros andaluces del siglo XVIII, quien dio por acabada su gran obra hacia 1747. Este maestro no solo talló las esculturas, sino que también las doró y policromó con su peculiar estilo cercano a la estética rococó.

Mucho se ha especulado sobre el por qué nunca se llegó a dorar el retablo central de la iglesia del Carmen, cuando los otros dos retablos de la capilla mayor sí lo están. Es decir, sorprende que la fase final del retablo, consistente en la aplicación del oro como símbolo de ostentación, no se llegara a producir. El argumento más recurrente, entre otros igualmente pintorescos, es que no se quiso ocultar la magnífica talla de la madera en su color; se ha llegado a suponer que el efecto que hoy vemos, contrastando la arquitectura de un gran retablo en el color de la madera con las esculturas doradas y policromadas, era algo buscado desde el principio. Y nada más lejos de la realidad. El retablo mayor del Carmen nunca se doró porque los frailes llegaron a temer que toda la capilla mayor se podía venir abajo, ya que desde mediados del siglo XVIII fueron apareciendo preocupantes grietas en diferentes zonas de la gran cúpula y de los muros en los que ésta se apoya, debido a que todo ello estaba edificado sobre una elevada roca con alguna posible falla o fractura. Ante dicho temor parecía arriesgado gastar una importantísima cantidad de dinero en panes de oro de ley, que los artesanos batihoja fabricaban con monedas de este metal, si todo podía venirse abajo y terminar en un montón de escombros. Hoy sabemos que en el año 1794 el prior de la comunidad carmelita,preocupado por la estabilidad del templo, envió una carta al Real y Supremo Consejo de Castilla solicitando permiso para que un fraile de la Orden pudiera pedir limosnas “por las ciudades, villas y lugares de Su Majestad”, para con lo obtenido poder reparar la referida capilla mayor. En su exposición también informaba al Consejo “que la capilla del altar mayor de la iglesia de este convento hace muchos años que está amenazando ruina y en el día se ha aumentado de tal modo que no se pueden celebrar en ella los oficios Divinos”. Ignoramos si esta consolidación de la iglesia se llevó a cabo durante el periodo final de la vida conventual, pero lo cierto es que a lo largo del siglo XIX la situación se siguió agravando cada vez más.

También debemos recordar, en relación a que el retablo no se llegara a dorar, que el rey Carlos III, a instancias de la Real Academia de San Fernando, había promulgado desde 1777 varios decretos prohibiendo en todos sus reinos la construcción de retablos de madera dorada para evitar los incendios y el despilfarro en monedas de oro. En su lugar se proponía hacer retablos de mármoles o de estuco, como una rebuscada fórmula que propiciara la sustitución del modelo de retablo barroco por otro de estilo neoclásico. La realidad es que, salvo en las diócesis más importantes e ilustradas, en la mayoría de los territorios periféricos se ignoraron los referidos decretos y se siguió con la tradición castiza de siglos. Recordemos, en este sentido, que en la misma iglesia del Carmen se hizo en 1799 el magnífico púlpito de madera dorada y estilo rococó, obra de Miguel Márquez García.

 

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El largo proceso de consolidación y restauración de la iglesia

Nos cuenta José María Fernández en su libro “Las Iglesias de Antequera” que a finales del siglo XIX “La iglesia, abiertos los muros, amenazaba hundirse si no se acudía prontamente a consolidarla. Dos inolvidables patricios antequeranos, don José García Sarmiento y su hermano, el a la sazón canónigo lectoral de Málaga, rector de aquel Seminario y orador insigne, don Francisco, fervientes devotos por vieja herencia familiar de Nuestra Señora de la Soledad, resolvieron salvar su iglesia de la ruina; el primero con su influjo y medios materiales y con su acerada voluntad e irresistible entusiasmo el segundo”. Esta obra a la que se refiere Fernández, llevada a cabo en el año 1896, consistió en atirantar toda la enorme nave, cerrar con pretinas la capilla mayor, consolidar el coro, y hacer diversas obras en algunas capillas, invirtiéndose en todo ello la cantidad de cincuenta mil pesetas de la época. La misma familia García Berdoy, ya en 1943, volvió a financiar otras importantes obras de consolidación de la capilla mayor, construyendo un muro y plataforma de piedra con contrafuertes, justo detrás del testero donde apoya el gran retablo y el camarín de la Virgen del Carmen.

En 1970 la Dirección General de Patrimonio Artístico y Cultural del gobierno de España restauró los tejados de la nave central y capilla mayor, sustituyendo la estructura de madera de la cubierta de esta última por otra metálica, momento en el que las cuatro aguas de su tejado perdieron la marcada inclinación original que presentaban. Con motivo de esta actuación también desaparecieron las cuatro grandes mansardas de ladrillo, que no se recuperarían en su estado original hasta las obras de 2006-2007.

En la década de los ochenta del siglo pasado se llevaron a cabo otra serie de importantes obras, financiadas por la Junta de Andalucía y coordinadas por la Delegación Municipal de Patrimonio Histórico, que nuevamente salvaron a la iglesia del Carmen de la ruina. El primer gran aviso lo dio la bóveda de medio cañón de la sacristía mayor, que una mañana de 1984 apareció completamente derrumbada en el suelo y hecha un montón de escombros. En aquel momento se recuperaron los elementos decorativos de yesería, como las frutas que cuelgan de los capiteles péndola, y diversos fragmentos de la bóveda para obtener la información suficiente que posibilitara su reconstrucción. La causa de este hundimiento fue el asentamiento del muro exterior de la sacristía; es decir, habían fallado los cimientos de este muro, la bóveda se resquebrajó y terminó hecha pedazos en el suelo. Una intervención de la Junta de Andalucía, llevada a cabo algún tiempo después, permitió sacar desde sus cimientos el referido muro, asentándose todo el perímetro del espacio de la sacristía con un sistema de micropilotes, el cual también benefició al muro de la capilla mayor donde apoya el retablo de San Elías. Hasta años más tarde, en 1992, no se reprodujo la bóveda de medio cañón con arcos fajones y lunetos de la sacristía, copia exacta de la que se había desplomado, aunque ahora realizada en módulos de escayola. El último paso fue la colocación de una nueva solería de barro cocido.

En 1984 se habían hecho importantes obras en los camarines del Cristo de las Penas y de la Virgen de las Angustias, ambos situados en la nave de la Epístola. Estas actuaciones, financiadas igualmente por la Junta de Andalucía, consistieron en la reconstrucción de las cubiertas de ambos espacios de veneración, si bien en el caso del camarín de Jesús de las Penas fue necesario desmontar el forjado de rollizos de madera del suelo que estaba prácticamente hundido; se sustituyó éste por otro de viguetas de hormigón y se repuso la solería original de barro cocido y olambrillas vidriadas del siglo XVIII.

Era el año 1986 cuando, después de permanecer varios años cerrada al culto, la iglesia del Carmen volvió a abrirse para cumplir su función como parroquia y para la visita cultural, aunque todo ello de manera un tanto provisional.

Entre los años 1991 y 1992 intervino nuevamente la Junta de Andalucía, a instancias del Ayuntamiento, para acometer otra serie de importantísimas obras, aprovechando la bonanza económica que se vivía en España los años previos a la Exposición Universal de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona. Desde la administración autonómica, que ya había actuado con decisión en este templo en años anteriores,se entendió que la iglesia del Carmen era un importante activo desde el punto de vista patrimonial y que, por tanto, había que terminar algunos temas pendientes de resolver para su definitiva puesta en valor.

Reforzada con micropilotes la cimentación del muro donde asienta el retablo de San Elías, obra de Mateo Primo, se procedió al desmontaje total de dicha ensambladura de madera dorada para consolidar el paramento agrietado que ésta ocultaba. De la operación de desmontaje, restauración y nueva colocación del retablo de San Elías se encargó la empresa madrileña “Arte y Ciencia”, la misma que procedió al desmontaje de todas las esculturas del retablo mayor, que fueron tratadas contra xilófagos en unas estanterías metálicas instaladas en la capilla de la Soledad, la cual, convenientemente precintada, se convirtió durante varios meses en cámara de desinsectación. El propio retablo mayor también fue actuado entonces, eliminando grandes cantidades de polvo tanto en su cara vista como en la trasera oculta, al tiempo que se fijaron numerosas piezas de madera que habían perdido la adherencia de las colas antiguas.

Ya en 1992 intervino la empresa de restauración “Manuel Gómez Gómez”, con sede en Mancha Real (Jaén), quien repristinó todo el lateral exterior del Evangelio de la iglesia del Carmen. Se demolieron entonces toda una serie de construcciones parasitarias –antiguas escuelas– existentes sobre las diferentes capillas del lado izquierdo, lo que posibilitó que todas las ventanas altas de la nave central de la iglesia se permeabilizasen y pudieran recuperar la iluminación natural. La última fase de este proyecto consistió en el adecentamiento de la casa de los porteros y la restauración de la portada de ladrillo y fachada que aun quedaba en pie como resto del antiguo edifico conventual. Recuperado a su estado original el espacio de la portería del convento, se procedió a la musealización de las antiguas campanas de la torre del Gallo, que habían aparecido ‘emparedadas’ en una zona oculta de la planta baja. Fue precisamente en esta fase cuando se reconstruyó la bóveda de la sacristía, de la que hablamos con anterioridad.

Cuando parecía que todos los graves problemas de conservación de la iglesia del Carmen estaban ya solucionados, surgió sin aviso previo una nueva patología. En la repisa saliente del coro alto de la iglesia, que linda con la capilla de la Soledad, se abrió una importante grieta vertical, produciéndose una considerable separación entre la referida repisa de yesería del coro y el muro en el que apoyaba: la estructura interna de madera se había debilitado y en parte separado de la pared. En este caso se intervino con los operarios de la Delegación Municipal de Patrimonio Histórico (Serafín Lebrón y Francisco Pozo como oficiales y José Cobos como capataz). Se inició la operación con el apuntalamiento previo de la gran repisa, interponiendo una gruesa capa de gomaespuma y chapas metálicas curvadas para evitar el deterioro de las yeserías ‘planas’ que la decoran, al tiempo que se desmontó la solería superior. Así se pudo acceder al interior de la pieza y proceder a la sustitución de los rollizos de madera que la sustentaban por viguetas de hierro convenientemente miniadas.

Después de otra serie de actuaciones de los Servicios Operativos Municipales, en cuanto a carpintería, pintura y varias reposiciones de albañilería,se llevó a cabo la renovación total de la instalación eléctrica del monumento, ya que la que se mantenía en uso desde hacía muchos años estaba obsoleta y carente de las más mínimas normas de seguridad.

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La restauración del camarín de Jesús de las Penas 

En el amplio conjunto de camarines barrocos antequeranos del siglo XVIII, este de Jesús de la Penas de la iglesia del Carmen es uno de los que presentan una mayor singularidad creativa. Dentro de esta pieza arquitectónica, de dimensiones perfectas y concebida por los frailes como cámara de maravillas, se combinan, con singular maestría, la envolvente espacial de una planta centralizada con los paramentos curvos entre pilastras y las yeserías limpiamente perfiladas en su molduración. Pero lo que da verdadera singularidad a este camarín es la presencia de dos artistas, coordinados quizás por una tercera voluntad diseñadora, que representan el hacer arquitectónico en yeso y la escultura y el relieve en madera dorada y policromada. El protagonismo en esta obra no es exclusivo de los maestros yeseros, como es lo habitual en tantos otros casos del patrimonio local. Lo estrictamente arquitectónico debe ser obra del maestro Cristóbal García, al desarrollar elementos muy de su lenguaje personal que podemos encontrar en la iglesia de Madre de Dios, como los paños cóncavos entre pilastras, la doble cúpula superpuesta o las ventanas cuadrifoliadas. Los ángeles de la cornisa y los relieves centrando cada uno de los plementos de la cúpula (Virgen del Carmen, San José, San Elías, San Joaquín, Santa Ana, San Juan Bautista y el Padre Eterno) son obra del maestro José de Medina, el mismo que hizo las esculturas del retablo mayor y la imagen titular de la Virgen del Carmen. La riqueza de este ámbito, centrado por el barroco templete donde se expone a la veneración la imagen de Jesús de las Penas, se debe a que esta devoción, al igual que la de la Virgen de las Angustias, no pertenecía a ninguna cofradía sino al culto conventual y la comunidad contaba con más que suficientes recursos económicos para afrontar un proyecto como éste.

Como comentábamos más arriba, las primeras y más urgentes intervenciones restauradoras en este camarín de Jesús de las Penas se llevaron a cabo en el año 1984 por la Junta de Andalucía, haciendo nuevas las cubiertas y reconstruyendo el forjado del suelo que amenazaba hundirse. Siguió el proceso restaurador hacia 1990-1992 por la Delegación de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento, reponiendo todos los fragmentos de la molduración de yeserías que estaban desprendidas o desechas por las filtraciones del agua de lluvia, proceso en el que intervinieron el especialista Gabriel Valencia y el escultor Antonio García Herrero. Después de un largo periodo de inactividad, la fase final de restauración se acometió, en el periodo 2004-2005, por el Centro Municipal de Patrimonio Histórico, terminándose de reparar las yeserías y ejerciendo labores de conservación y limpieza en todo el conjunto de esculturas y relieves de madera dorada y policromada. También se estudiaron entonces, mediante las pertinentes catas de investigación, los colores originales de los fondeados, aplicando en toda la superficie paramental la pintura necesaria con los pigmentos acordes a los colores originales. En esta fase actuaron en la materialidad de la obra el restaurador Rafael Ruiz de la Linde, el escultor Antonio García Herrero y el oficial Serafín Lebrón, coordinados por el aparejador Manuel Cruz Sánchez.

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“La Anunciación” de Mohedano en el IAPH

En mayo del año 2002, atendiendo una solicitud del Ayuntamiento de Antequera, el Centro de Intervención del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), realizó, en dependencias del Museo Municipal, el primer análisis del estado de conservación y el informe diagnóstico de los dos lienzos del pintor Antonio Mohedano (1563-1626) que representan a la Virgen Anunciada y al Arcángel San Gabriel, respectivamente. Nos referimos a las dos pinturas al óleo sobre lienzo de lino que ocupan las enjutas del arco toral que da acceso a la capilla mayor de la iglesia del Carmen. 

Estos dos grandes lienzos, que miden 350 x 320 centímetros aproximadamente, se habían bajado con anterioridad de su ubicación habitual, situada a una gran altura, para el estudio previo necesario para la redacción del proyecto de restauración. Su traslado, en junio de 2004, a los talleres de la Isla de la Cartuja de Sevilla se realizó una vez fijada la capa pictórica y enrolladas en un rulo ambas obras; los procesos de conservación y restauración se iniciaron en septiembre de ese mismo año y se dieron por concluidos dos años después, en septiembre de 2006.

Concluidos los estudios de investigación y la redacción definitiva del proyecto, los siguientes pasos consistieron en la fijación definitiva de la capa pictórica, la eliminación de añadidos y parches antiguos, así como del polvo incrustado y los restos de cal. A continuación, se incorporaron los injertos de tela de lino blanco necesarios y se procedió al reentelado de ambos lienzos; la limpieza, el estucado y la reintegración cromática de todas y cada una de las lagunas,utilizando la técnica del rigatino, supuso una de las fases más complejas y comprometidas de todo el proceso. También se hicieron nuevos los bastidores de madera, dado que los originales se encontraban apolillados e inservibles.

Cuando ambos lienzos se reincorporaron a la ubicación para la que fueron pintados por Mohedano (hacia 1615-1625), en los días previos a la celebración del Congreso Internacional “Andalucía Barroca 2007”, se pudo recuperar visualmente el carácter monumental de ambas figuras y la gran riqueza de colorido en el caso del San Gabriel. Un trabajo de restauración, sin precedentes en nuestra ciudad, debido a un amplio equipo multidisciplinar, encabezado por las restauradoras María del Mar González González y Concepción Moreno Galindo, quienes con paciencia casi oriental y demostrada profesionalidad lograron una recuperación patrimonial en la que muy pocos creían al principio, debido al avanzado deterioro de los lienzos como consecuencia de las filtraciones del agua de lluvia y el abandono de varios siglos.

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El Carmen en el proyecto “Andalucía Barroca 2007”

El proyecto cultural “Andalucía Barroca 2007”, que recibió en el año 2009 el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura, arrancó en el año 2004 como iniciativa de la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía. En la exposición de motivos para el otorgamiento del Premio Nacional el jurado hacía referencia a su condición de “proyecto global y continuado en el tiempo, formulado mediante la recuperación y tratamiento de series completas de bienes culturales de diversa índole” y añadía que quería “reconocer la labor de Jesús Romero Benítez en su propuesta, diseño y ejecución del Programa”. Concluido el veredicto del jurado, la entonces ministra de Cultura Ángeles González-Sinde me llamó por teléfono para felicitarme personalmente por el premio. Permítaseme esta pequeña inmodestia, pero es que en esta Antequera nuestra el importante galardón concedido a nivel nacional al proyecto –y nuestra ciudad era una parte fundamental del mismo– a nadie pareció importarle lo más mínimo.

En sus líneas maestras el proyecto “Andalucía Barroca 2007” incluía una serie de programas de actuación referidas a la restauración integral de edificios, retablos y órganos en las ocho provincias de la Comunidad Autónoma, así como la organización y producción de ocho magnas exposiciones y la celebración, en la ciudad de Antequera, de un Congreso Internacional en todas las áreas del conocimiento, con secciones relativas a: “Arte, Arquitectura y Urbanismo”, “Historia, Economía y Demografía”, “Literatura, Música y Fiesta” y “Ciencia, Filosofía y Religiosidad”. 

En lo referente a la provincia de Málaga, previa consulta para su aprobación a la entonces consejera de Cultura Rosa Torres, se optó por ejecutar en la ciudad de Antequera las tres actuaciones temáticas de conservación: restauración integral de edificios, en la iglesia del Carmen; restauración de retablos, el mayor de la iglesia de los Remedios, y restauración de órganos, el de la Colegiata de San Sebastián. Como dijo, con algo de ironía, el alcalde de cierta capital andaluza: “Todo ha quedado en casa”; a lo que yo añadí: “Estando más que justificado”.

De las ocho restauraciones integrales de edificios, realizadas una en cada provincia andaluza (San Agustín de Córdoba, Descalzos de Écija (Sevilla), Virgen del Reposo de Valverde del Camino (Huelva), los Agustinos de Huécija (Almería), Catedral Vieja de Cádiz, Cristo del Llano de Baños de la Encina (Jaén),Camarín de la Virgen del Rosario de Santo Domingo de Granada y el Carmen de Antequera), las que presentaron mayor complejidad, por la magnitud de su patrimonio mueble acumulado, fueron las llevadas a cabo en la ciudad ecijana y en la nuestra.

En el organigrama de actuación para la restauración de la iglesia del Carmen de Antequera se establecieron cinco apartados:

A) Consolidación de los cimientos de gran parte del edificio mediante un amplio sistema de micropilotaje.

B) Restauración de la armadura mudéjar de la nave central, suelo del coro y carpinterías y portaje exterior en general.

C) Tratamiento paramental de esgrafiados y trampantojos exteriores y yeserías y pinturas en el interior. 

D) Renovación de cubiertas y sustitución de solería de barro de la nave central, totalmente destrozada de antiguo por las ruedas de los tronos procesionales.

E) Restauración de todos y cada uno de los bienes muebles: retablos, sillería del coro, esculturas y pinturas (de caballete y paramentales).

Este planteamiento supuso, por parte del Servicio de Conservación de la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía, el dividir la obra en varios contratos, que salieron a concurso en función de la naturaleza de cada una de las actuaciones previstas. Además, como el presupuesto total superaba los tres millones de euros, la licitación se publicó, como era preceptivo, en el Diario Oficial de la Unión Europea. Básicamente se establecieron un gran proyecto de obra, adjudicada a “Hermanos Campano, S. L.”; otro que incluía la intervención integral de la armadura de madera de la nave central, asignada a la empresa madrileña “Taujel” –máxima especialista en España en la recuperación y construcción de armaduras de madera– y varios lotes de bienes muebles adjudicados a pequeñas o medianas empresas de toda Andalucía dedicadas a la conservación y restauración de bienes culturales. En este último apartado se encuadraron las restauraciones, realizadas por la empresa “Chapitel, Conservación y Restauración, S.L.”, de la intervención integral en las pinturas murales del camarín de la Virgen del Carmen (retablo mayor), en las pinturas de paredes y bóveda de la capilla de San José y en la sillería del coro. La coordinación en el tiempo de todo ello requirió la dirección de un equipo técnico de seguimiento, puesto que el plazo de ejecución de todas las obras se programó en un periodo de menos de dos años, ya que desde el primer momento se pensó en la iglesia del Carmen de Antequera como el espacio inaugural del Congreso Internacional “Andalucía Barroca”. Un acto que tuvo lugar en la mañana del día 17 de septiembre de 2007 con la presencia del presidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y con el discurso inaugural y magistral del profesor Antonio Bonet Correa, director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y gran conocedor y estudioso del patrimonio histórico antequerano.

Con la perspectiva que da el paso de los años, hoy nos parece casi irreal que tamaño proyecto se pudiera llevar a cabo, en concreto nos referimos a la gran actuación restauradora desarrollada, entre los años 2006 y 2007, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Ciertamente coincidieron varias circunstancias que lo hicieron posible, no siendo la menor el hecho que la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía fuese la antequerana Rosa Torres, quien, además, era vecina del barrio del Carmen. Pero anécdotas aparte, que nunca está de más recordar, la razón fundamental que justificó la importante inversión en la ejecución del proyecto fue la propia iglesia del Carmen y sus incuestionables valores patrimoniales de excelencia, destacables en el contexto andaluz, español y europeo. Un monumento que, a pesar de su existencia más que accidentada a través de los siglos, ha llegado hasta nuestros días en pie y en magnífico estado de conservación, gracias al interés y la preocupación de sucesivas generaciones de antequeranos.

 

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