Un 25 de abril de 1532, Carlos V, en la ciudad de Medina del Campo firmaba la Real Cédula por la cual se reconocía con el título de Muy Noble y Leal ciudad a Antequera… en las tierras recién conquistadas de México. De esta forma, en las tierras al otro lado del Océano Atlántico, encontramos la denominación de Antequera para la actual ciudad de Oaxaca. Esta denominación persistió hasta 1832. Ahora, cuatrocientos noventa años después, se conmemora el nombramiento de estas tierras con el nombre de nuestra ciudad. Un hito en honor de la semejanza orográfica que presenta esta zona y que hallaron los conquistadores, otorgándole el mismo nombre de nuestra ciudad. 

Desde este momento, esta villa obtendrá una serie de consideraciones y privilegios otorgados por el emperador. Esta ciudad junto con parte del valle al que pertenece fue entregado a Hernán Cortés como beneficio por su acción conquistadora. 

El origen de la ciudad se remonta a unos años antes, momento de la llegada de Hernán Cortés a esta zona, logrando su configuración como Villa en 1526, pasando a realizar el trazado urbano a cargo de su primer alcalde Juan Peláez de Berrio. De esta forma, según las crónicas registradas, el 14 de septiembre del citado año, se realizó: “distribuir los solares y sitios de la ciudad…. Advirtiendo los lugares para iglesias y templos…”. (1) 

La configuración de la nueva ciudad siguió adelante según los planes de los conquistadores, imitando las ciudades y villas que ya habían adoptado un trazado similar, el cual se imitaría y trasladaría a las demás zonas conquistadas. Los dominicos fueron los primeros religiosos que se instalaron en esta nueva villa, en 1528. En 1529, Alfonso García Bravo realizaría el diseño cuadricular de la ciudad, estableciendo “las dimensiones de las manzanas de 100 por 100 varas”. (2) 

A la vez que avanza la estructuración de la villa surgen los primeros problemas entre vecinos, conquistadores y la propia autoridad. En este contexto y ante el aumento del descontento entre todas las partes, desde España, el emperador Carlos V actúa en consecuencia otorgando la citada distinción de ciudad en 1532, añadiéndole el título “Muy Noble y Leal”. En 1535, logra su nombramiento como sede del Obispado. (3) Esta ciudad se convirtió en la tercera con más población de la zona, va adquiriendo un carácter preponderante, gracias a su ubicación y al constante asentamiento de población y órdenes religiosas que acuden ante el creciente desarrollo y despegue de la ciudad. 

El desarrollo de la ciudad fue próspero como atestiguan los edificios y la configuración de su trama urbana, aumentando en tamaño y complejidad conforme avanzaban los años, convirtiéndose en una ciudad de referencia en la zona. Manteniendo su denominación de Antequera hasta la llegada de la revolución en 1832, donde pasó a denominarse como Oaxaca. 

La existencia de otra Antequera, en este caso en las tierras conquistadas por la Corona, supone un verdadero hito, reflejando la importancia de nuestra ciudad al otorgarle su nomenclatura a una nueva tierra recién conquistada. Hoy, pasados los años, los lazos establecidos y el hermanamiento entre ambas ciudades persisten, como se puede comprobar en el propio callejero de nuestra ciudad, haciendo referencia a nuestra ciudad hermana en América. Un proceso de hermanamiento que se inició en los años 80 del pasado siglo y que se retomó, con verdadero acierto, en la celebración del seiscientos aniversario de la conquista de Antequera por el Infante Don Fernando, en aquel ya lejano, pero recordado 2010.

(1) Esparza, Manuel. “Juan Peláez de Berrio: alcalde mayor de la Villa de Antequera del Valle de Guaxaca, 1529-1531.

(2)  Fajardo-Ortiz, Guillermo. “Los tres primeros hospitales de la ciudad de Oaxaca”. México. Cir. 2005;73(5):417-420.

(3)  Alfaro Castro, Marta y Gómez Sera, Susana. “La red hidráulica de la ciudad de Oaxaca: un análisis a través de sus planos”.

Oaxaca 02

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