miércoles 28 enero 2026
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Predisponer

Nos dice la RAE. que, predisponer, es un verbo transitivo, esto es, que necesita un complemento directo para dar sentido a la frase. Dar sentido a nuestra predisposición, puede ser incluso algo mucho mas interesante y beneficioso para nuestras aptitudes físicas con el objetivo de mejorar o mantener, nuestras constantes vitales. Les explico.

A Jeremy Noah Morris, (6 de mayo de 1910 – 28 octubre de 2009), se le conoce como el hombre que demostró por primera vez, la relación y consecuencias directas de las prácticas deportivas en beneficio y mejora de nuestra salud. Pero si nos atenemos a la frase atribuida a Sócrates, (Atenas, -470 a.C. -399 a.C.) el filósofo griego nos venía a decir: “Que desgracia es para un hombre envejecer, sin ver, la belleza y fuerza de la que su cuerpo es capaz” podemos decir que hablamos con propiedad, cuando mencionamos la importancia, (hoy ya nadie lo duda) que tiene, la realización de algún ejercicio físico para el mantenimiento de nuestras constantes vitales y capacidades motoras.

Hubo un tiempo con la llegada de la Revolución industrial, en que, la mentalidad de las personas les llevó a deducir, que el cuerpo humano era como una de aquellas modernas máquinas, cuanto más se usaba, más se gastaba, llegándose a pensar que sólo las clases bajas deberían seguir con los trabajos físicos, puesto que, sospechaban que el ejercicio corporal intenso, era peligroso y como resultante de ello, el sedentarismo era signo de estatus social.

Con la predisposición, de ahondar en los datos ofrecidos por el inglés Morris, podremos comprobar que, en los inicios de la década de los sesenta, el americano, epidiemólogo de Nuevo México, Ralph Paffenbarger realizó el seguimiento de mas de 50.000 exalumnos de la universidad de Pensilvania y la Universidad de Harvard y en un estudio posterior, encontró que, a medida que aumentaba la actividad física en las distintas personas, disminuía el riesgo de enfermedad cardiaca. Paffenbarger pudo constatar que de las 640 personas que fallecieron por enfermedad cardiovascular, la tasa de mortalidad de los más sedentarios se situó casi en el doble que los más activos. El estudio también dio como resultado, treinta años después, en la década de 1990 que el ejercicio regular continuado había reducido las tasas de mortalidad coronaria entre un 25% y un 33%. Los hombres que gastaban menos de 2.000 calorías a la semana, en actividad física, tenían un riesgo de un 64% mayor de sufrir un infarto.

Somos los que pensamos. Y si controlamos nuestra mente, debemos pensar, en lo que queremos y debemos hacer, para conseguir ser, lo que deseamos.

Por estas fechas son muchas las personas las que, se proponen dejar atrás malos hábitos y emprender una vida con costumbres más sanas. Realizar ejercicio, bien acudiendo a un gimnasio o simplemente caminando. Y aquí llega lo de la predisposición. Por ello les quería acercar a la reflexión acerca del como estimular nuestra capacidad cognitiva, para entender que una actividad física no es, un tratamiento, de un tiempo y luego volver a la rutina que nos llevó, al sobrepeso, al dolor en las articulaciones… no, esto no va de dietas milagrosas y reducción de unos kilos, esto es, una filosofía de vida sana de costumbres, de ¡Predisponernos! a una cotidiana forma de alimentarnos, (ingresos=gastos), teniendo en cuenta que la perdida de músculo en tu cuerpo es el mas fijo indicativo, y la apertura mas segura hacia el deterioro de nuestro organismo. Luego, el incremento de ejercicio para mantener nuestros músculos fuertes y con capacidad, será determinante y de una vital importancia.

Esta misma predisposición, la hemos de llevar al terreno de la elección, no sólo en la cantidad de calorías que ingerimos, sino en qué tipo de alimento utilizamos para ello, e insisto, no se trata de un tiempo… se trata de unos hábitos de vida saludable. Otro aspecto que habremos de tener muy en cuenta si queremos mantener una estabilidad mental, sosegada, con capacidad para dictaminarnos el mejor camino a seguir, estará muy relacionada con las horas de sueño productivo, que seamos capaces de conciliar, intentar volver al ritmo circadiano que nos lleve a conciliar un mínimo de 7/8 h. diarias sería lo mas indicado.

Cuando seamos conscientes, responsables y fieles a nuestras predisposiciones dejaremos de lado aquello de, comodidad que me conduce a la felicidad. La felicidad no existe como tal, es sólo una quimera inalcanzable. Es mucho mejor hablar, de placer. Es mucho mejor hablar de salud, de un estado de autosuficiencia y capacidad para ser independientes física y mentalmente en tanto en cuanto nos acercamos a la senectud. “Es que de todas formas nos vamos a morir el mismo día”, suelen decir para justificar, argumentar su inapetencia, para acreditar la apatía, pasividad y holganza. La misma que durante la revolución industrial llevó al individuo al sedentarismo que hoy sabemos, conocemos que nos está atrapando en el aburguesamiento, creando nuevas enfermedades que nos conducen al dolor y la dependencia física y emocional.

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