viernes 30 enero 2026
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Los jóvenes de Antequera piden ser la generación que construyó la era de la Paz

El Salón de Plenos del Ayuntamiento de Antequera acogió en la mañana de este viernes 30 de enero la celebración por parte de la Red Intercentros «Pintamos la Paz» el acto central del Día Escolar de la No Violencia y de la Paz.

El alcalde de Antequera, Manuel Barón, presidió el acto acompañado por el teniente de alcalde Alberto Arana y las concejales, Sara Ríos y María Sierras. Además estuvieron presentes parte distintos miembros de la corporación municipal.

El acto que se habría realizado con una gran yincana y distintas actividades en el Paseo Real, se trasladó al consistorio debido a la previsión de lluvia. Aquí, se leyó el manifiesto secundado por los 8 centros que forman parte de esta red. Ante un reducido espacio, se unieron al acto usuarios de Adipa y alumnos de los Institutos Pedro Espinosa y Los Colegiales.

Precisamente, el manifiesto, fue leído por Juani y Martín Morán Pastrana del Pedro Espinosa y Carolina Olmedo Pérez y Miguel Santiago Alcalá, por parte de Los Colegiales.

A su término, el regidor tomó la palabra haciéndoles ver que la paz no se construye no sólo en lugares de grandes conflictos, sino en el aquí y ahora en sus centros educativos, familias, compañeros y amigos, siempre desde el respeto al otro en la convivencia.

Manifiesto por el Día Escolar de la No Violencia y la Paz 2026

«Buenos días: Antes de nada, os queremos dar las gracias por acompañarnos en este acto tan importante para todas las personas que formamos el Intercentro «Pintamos la Paz».

A menudo se dice que los jóvenes somos el «mañana». Que somos el futuro que debe arreglar el mundo. Pero mientras esperamos a que llegue ese «mañana», el presente se nos escapa entre las manos, marcado por el ruido de conflictos que parecen no tener fin. Y es que hoy, el mapa del mundo parece estar lleno de heridas. Mientras hablamos aquí, hay jóvenes de nuestra edad en Sudán que llevan tres años sin ver una escuela, o en Ucrania que entran en su quinto año viviendo bajo las alarmas de bombardeo. No son solo nombres en un mapa; son vidas interrumpidas en Gaza e Israel, Siria, Yemen, la República Democrática del Congo, etc. Guerras que siguen ocupando los titulares y conflictos olvidados que ya ni siquiera aparecen en nuestras pantallas. Vemos familias divididas, ciudades en ruinas y, lo que es más doloroso, vemos cómo el odio se convierte en la moneda de cambio.

Pero estamos aquí porque nos negamos a aceptar el cinismo. Nos negamos a creer que la violencia es una consecuencia inevitable de la naturaleza humana. La guerra se aprende, el odio se cultiva… y por lo tanto, la paz también puede ser dibujada, enseñada y protegida.

La paz empieza cuando frenamos el acoso en los pasillos de nuestros colegios e institutos o en las redes sociales, rechazamos la desinformación que busca que nos odiemos entre nosotros y elegimos la palabra frente al insulto.

Hoy no estamos aquí para pedir permiso. Estamos aquí para declarar que la paz no es un sueño de libros de historia: la paz es una decisión política, social y personal.

Nos han enseñado que ganar es pasar por encima del otro. Pero no podemos olvidar que el éxito sin humanidad es un fracaso. Valores como la empatía, la justicia y la valentía deben convertirse en el verdadero sello de nuestra generación. Y es que la empatía no es un sentimiento débil; es la capacidad de ver el dolor del otro, aunque ese «otro» hable otro idioma o viva al otro lado de una frontera invisible; porque no puede haber paz si hay gente que no tiene voz y porque la verdadera valentía es sentarse a hablar con quien piensa diferente y encontrar un punto común.

A veces cometemos el error de pensar que la paz es algo que falta «por ahí lejos», que está solo en las pantallas y los medios de comunicación, pero la paz es un elemento global. Cada vez que alguien, en cualquier lugar del planeta, deshumaniza a otro ser humano por su religión, su nacionalidad o su ideología, está plantando la semilla de una guerra futura.

Los conflictos actuales no solo se libran con armas; se libran en el terreno de la información, en la manipulación de nuestras emociones y en la creación de muros invisibles que nos separan. Si no somos capaces de defender la dignidad de una persona que está al otro lado del océano, terminaremos perdiendo la capacidad de defender la dignidad de quien se sienta a nuestro lado en clase.

Entonces, ¿Qué nos queda? Nos quedan nuestros valores fundamentales. Pero no como esos conceptos abstractos que aparecen en los libros o en los manuales, sino como herramientas de supervivencia. Nos queda:

  • La Integridad. En un mundo de «post-verdad» y desinformación, donde debemos tener el valor de buscar la verdad, pues es un acto de construcción de paz.
  • La Solidaridad. No solo como caridad, sino como una forma de entender que nuestro bienestar está ligado al de los demás. Nadie está a salvo hasta que todos lo estemos.
  • La Justicia Social. Debemos ser valientes para admitir que la paz sin justicia es solo una tregua temporal. No habrá paz verdadera mientras el hambre, la falta de oportunidades y la desigualdad sigan siendo la realidad cotidiana de millones de jóvenes como nosotros.

No permitamos que nos convenzan de que somos demasiado jóvenes para cambiar el rumbo de la historia. Las grandes transformaciones no siempre empezaron en los despachos; muchas empezaron en lugares como este, con personas como nosotros, compartiendo un mismo sueño. Hagamos que nuestra voz sea más fuerte que el ruido de los conflictos. Demostremos que somos la generación que no solo sobrevivió a la era de la crisis, sino que tuvo la audacia de construir la era de la paz.

Por nuestra dignidad, por nuestra libertad y por nuestro futuro: la paz empieza con nosotros.

Muchas gracias».

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado.
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