Antequera celebró este año la solemnidad del Corpus Christi desde la iglesia parroquial de San Juan con un recorrido monumental y extraordinario en el fin de semana que el Papa León XIV visita España.
Con San Pedro el año pasado, el Arciprestazgo de Antequera quiere darle un vuelco a esta fiesta para la Iglesia. Ahora necesita que los fieles mantengan la espiritualidad de la procesión de las procesiones, más allá de un cortejo ordinario como si fuera de una cofradía en el calendario anual.
A las 19 horas, se celebró la misa arciprestal por el Corpus Christi en San Juan, donde aún rezuman las oraciones por las novenas al Señor. Se sintió cómo un crucificado resucita y se nos hace presentes en el propio Cuerpo del Señor.
Participaron las Cáritas de la ciudad y jóvenes que han recibido la Primera Comunión. Proclamó el Evangelio el párroco de San Juan, Tomás Pérez. Y predicó la homilía el arcipreste Antonio Jiménez. En ella destacó que «nos reunimos como Iglesia de Antequera, en este día en el que en Madrid se están viviendo también momentos muy importantes para toda nuestra Iglesia de España y en la que algunos de nosotros están allí físicamente acompañando la visita del Papa».
Es un buen momento para «sentirnos Iglesia, para sentirnos Iglesia en Antequera, Iglesia Diocesana de Málaga, para sentirnos parte de la Iglesia Universal. En ese día en el que celebramos algo fundamental y es que Jesús, el Señor, ha entregado la vida hasta el final por puro amor para darnos vida a nosotros».
El Cuerpo y la Sangre de Jesús que «recibimos en la Eucaristía es el signo de la entrega máxima, no hay amor más grande que dar la vida por vosotros. Es compartir la causa de Jesús personalmente como Iglesia, poniéndonos en camino para construir el Reino de Dios, para construir nuestra una sociedad más justa».
Así, «compartimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo y compartimos una misión y una llamada del Señor. Somos su pueblo, somos testigos del Resucitado en medio de nuestra familia, de nuestros barrios, de nuestra ciudad. Compartimos la, Y por eso el Señor nos llama a transformar este mundo».
Terminó destacando el papel de las Cáritas. «Hoy es el día para que juntos pidamos por todas las Cáritas parroquiales, que pidamos por las personas que cada día ponen la vida al servicio de los demás. Y que juntos seamos Iglesia, que hoy nos sentamos en comunión, unidos en torno al altar, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, su cuerpo partido y repartido, su sangre derramada, que nosotros sepamos también partirnos y repartirnos».
Se contó con el acompañamiento musical de la Coral Ciudad de Antequera. Al terminar se realizó una procesión claustral hasta que el Arcipreste delegó en el orfebre José Cantos para colocar el viril sobre la Custodia.

Procesión por las monumentales calles
A las 20,25 horas se abría la puerta procesional del templo, la misma por la que sale el Señor de la Salud y de las Aguas, para salir la Custodia. El «arriba» fue cedido por su hermano mayor de insignia, Juan Antonio Castilla, al hermano mayor del patrón, Gabriel Robledo.
El cortejo lo abrían los grupos de los colegios que han recibido la Primera Comunión este año. Seguían las cofradías de Gloria y las de Pasión, agrupadas en filas, con tres representantes de cada una. El estandarte de Cáritas englobaba a todas las realidades parroquiales.
Tres acólitos de monaguillo abrían paso a la carroza majestuosa, llevada por hermanacos con traje y corbata oscura. Fueron meciendo durante el trayecto. Seguía el clero, con el arcipreste Antonio Jiménez al frente (todos con casulla blanca con agremán y galón rojo y dorado, acierto de uniformidad por quien lo haya gestionado y por lo que se celebra).
A continuación, el Ayuntamiento con el alcalde Manuel Barón y la concejal más joven, Marta González, llevando el Pendón. Seguía la banda de los colegios franciscanos de la Beata Madre Carmen y fieles cerraban la comitiva.
Subida ligera por Cuesta Real, con la complejidad para el trono. Llegada al Portichuelo con altar montado por la Cofradía de «Arriba» (faltó que el cortejo hubiera llegado a las puertas del templo que se venera a la imagen con más devotos en la calle). Oración y cánticos en la estación y paso por Herradores.
A las 21,16 horas llegaba el Corpus al Arco de los Gigantes, la segunda vez desde 1692, año del traslado de la Colegial de Santa María a San Sebastián, La primera vez fue en 1992 al celebrarse el trescientos aniversario de dicho traslado. En aquella ocasión también se llevó sobre andas.
Silencio y momento para la oración ante una puerta del cielo que se abría en el anochecer. Estampa profunda: Antequera, el sol en su ocaso y el Cuerpo de Cristo en su máximo esplendor. Momentos para el recogimiento y oración.
Seguía el paso por una concurrida Rastro, con altar de la Salud. Llegada a la citarilla donde el altar de San José había unido a Rosario y los de «Abajo». Momento en el que se tomaría nota para coordinar más y mejor los altares con oración y los que surgen desde las aceras.
Viento responde al cortejo, bajada por Zapateros y paso por Nájera, Barbacanas, las campanas de Las Descalzas que repican y subida por Encarnación. Digno altar de los Estudiantes en la sede de la Real Academia. Al llegar al Convento de la Encarnación, las monjas que le reciben rezando y lanzando pétalos.
En la Redacción de este periódico, el lienzo de Eva Escobar sobre el centenario del incendio de la Octava del Corpus. Y a las 22,30 horas, llegada a San Sebastián, Agradecimiento y bendición sobre una mesa de altar por parte del arcipreste Antonio Jiménez y la misa que empezó en San Juan termina en la iglesia mayor.















































