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Sube al Cielo Sor Victoria, la religiosa Mínima de Santa Eufemia que rezaba con el armonio

El Convento de Monjas Mínimas de Archidona despedía este martes 18 de agosto a Sor Victoria Getino Viejo, religiosa leonesa que durante tantos años estuvo en el Convento de Santa Eufemia.

Falleció en la noche del 16 de agosto, siendo velada por la comunidad de la que fue religiosa Madre Socorro y enterrada en su templo conventual, descansando sus restos mortales junto a Sor Mercedes y Sor Carmen, las otras religiosas que junto a ella partieron de Antequera a Archidona cuando en 2012 se cerró el convento patronal.

La Superiora Madre Lourdes emocionó con sus palabras dedicadas con alma. En ellas aludió a esta religiosa que mostró su bondad desde niña en un pueblo de León, formando parte de una humilde familia de pastores.

Sor Victoria del Niño Jesús dedicó su vida por completo a la consagración religiosa, caracterizada por la sencillez, la entrega silenciosa y una fe profunda. Desde su nacimiento hasta su ingreso en el Monasterio de las Monjas Mínimas en 1957, su trayectoria fue una progresión lineal hacia un propósito único: servir a Dios.

Una existencia vivida «sin hacer ruido», donde el servicio a las hermanas más necesitadas y la devoción a la Virgen constituyeron el núcleo de su identidad, culminando en una muerte serena que fue el reflejo directo de una vida consumida en su vocación.

Nació como Virginia el día de Nochebuena de 1943, en Gallegos de Hornija, en el seno de una familia de profunda fe. Desde niña, colaboraba en la economía familiar y fue en ese contexto donde sintió la llamada a la vida consagrada.

Entró en el Monasterio de las Monjas Mínimas de Barcelona en 1957, adoptando el nombre de Sor Victoria del Niño Jesús. Se consagró definitivamente al Señor mediante la profesión solemne el 25 de diciembre de 1974. Su vida en el monasterio se definió por un servicio constante y generoso a sus hermanas, especialmente a las más necesitadas como enfermera de las mayores. Su entrega fue descrita como «escondida» y «sin hacer ruido».

Pasó sus últimos años en el monasterio de Archidona, donde finalmente falleció. Su final fue «como una vela que se apaga después de haberse consumido», en coherencia con su modo de vida. Su vida es recordada por sus 82 años de existencia y casi 67 años de profesión religiosa, dejando un testimonio de fe y entrega total.

Desde Antequera se le recuerda por su fuerza de fe cuando siempre encontraba en el armonio, el vehículo para rezar. Ponía su alma en las notas musicales, siendo una mujer alegre donde siempre encontraba la oración hecha música. La recordamos incluso tocando el antiguo órgano del coro alto. ¡Lo que disfrutaba al rezar lo de Santa Eufemia por su amor…!

Estamos seguros que San Francisco de Paula y Santa Eufemia, la habrán recibido en el Cielo, acompañados de Madre Socorro, donde ella misma, Sor Victoria, habrá buscado un órgano para cantar: «Victoria, tu reinarás…». Descanse en paz una buena religiosa que dejó sello desde su pueblo de León hasta todos los pueblos donde pasó…

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