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Patricia ante el Cáncer de Mama: “Quererse, pedir ayuda y vencer el pudor para comunicar síntomas”

Osteópata de profesión, el cáncer de mama irrumpió en la vida de la joven de Humilladero Patricia Alarcón Moreno. Se lo detectaron y tras la operación y radioterapia, afronta una nueva etapa de su vida donde toda la escala de valores ha cambiado en su día a día. La entrevistamos ante el Día Mundial del Cáncer de Mama del 19 de octubre.

Tuvo un carcinoma de grado 2, detectado en la sanidad privada y tratado en la pública, donde nos expone “la necesidad de apoyo psicológico y comunitario”, mandando un “mensaje de resiliencia para fomentar la prevención y el acompañamiento integral”.
Patricia, desde los 18 años, decidió someterse cada año a revisiones privadas “por la ausencia de cobertura pública en edades tempranas”. Con antecedentes de mama fibroquística, propensa a quistes y nódulos, se sometió a una ecografía mamaria en la que se le recomendó una biopsia. El resultado “lo recibí por correo electrónico con terminología técnica: un carcinoma invasivo ductal infiltrante, de grado 2”. Sin duda, una nueva prueba de la importancia de adelantar la edad de cribado en la sanidad pública y la utilidad de la ecografía como prueba menos agresiva y de fácil visualización.

Patricia tiene en su interior la herida de las “demoras en pruebas diagnósticas en la sanidad pública (menciona que una biopsia puede tardar hasta un mes y medio)”. Señala la frialdad institucional como algo a corregir: el diagnóstico llegó por correo electrónico, sin mediación humana, y la posterior visita a atención primaria evidenció carencias comunicativas y psicológicas. Su médica de cabecera, joven y amable, mostró dificultad para transmitir el diagnóstico y gestionar el impacto emocional.
Patricia reivindica la presencia de profesionales capacitados en comunicación de malas noticias y acompañamiento psicológico desde el momento del diagnóstico.

En el proceso terapéutico, era autónoma y subraya las consecuencias socioeconómicas y vulnerabilidad laboral. El itinerario terapéutico de Patricia incluye intervención quirúrgica, radioterapia y tratamiento farmacológico en pastillas con pauta prevista de 5 años, además de revisiones periódicas. Aunque no recibió quimioterapia, matiza que la radioterapia también tiene efectos secundarios, destacando el cansancio intenso y la exigencia de gestionar sesiones durante muchos días.

Tras haber cotizado, se encontró sin derecho a prestaciones al cesar su actividad, “sin puertas que se abran de forma proactiva para facilitar el retorno al trabajo”. Describe el impacto de pasar bruscamente de una vida activa al parón forzoso: dependencia de terceros, pérdida de ingresos y la necesidad de respuestas institucionales más humanas y ágiles.

Una nueva forma
de afrontar la vida
Tras desahogarse y compartir su calvario, Patricia se muestra agradecida por todas las personas que le han ayudado, entre ellas la sede comarcal de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). El acompañamiento ha sido clave. Tras leer el diagnóstico técnico, acudió al médico de cabecera acompañada por su madre. Comparte cómo comunicaron con claridad la situación a su hija, que tenía 4 años, defendiendo que “la verdad tiene sólo un camino” y que los niños sorprenden por su capacidad de adaptación.

Su pareja, José —quien perdió a su madre por cáncer de mama a los 9 años—, ha sido un eje fundamental, recordando que este proceso también demanda reconocimiento para quienes acompañan y comparten lágrimas. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) emerge como recurso esencial: le ofrecieron ayuda económica, psicológica y fisioterapéutica; menciona el apoyo discreto y constante de Ana Pérez, y destaca a Tania Galeote como un “ángel en la Tierra, un ángel de luz” por su trato humano, cercanía y ánimo continuado, incluso vía WhatsApp.

Patricia, osteópata, había atendido previamente a mujeres con linfedema, lo que refuerza su conciencia del valor del soporte físico, emocional y comunitario. Hoy, su vida ha girado con una transformación vital, con resiliencia y mensaje de concienciación social.
Patricia rehúye el lenguaje bélico: “no vivo el cáncer como batalla, sino como una enfermedad a gestionar y una experiencia para crecer como persona”. Relata noches difíciles, pero subraya la importancia de la actitud positiva, la gestión emocional y el permiso para sentir y expresar: “las lágrimas son válvulas de escape”.

Aconseja evitar búsquedas alarmistas en Internet que adelantan procesos y generan miedos infundados. Invita a las mujeres “a quererse, pedir ayuda y vencer el pudor para comunicar síntomas; compartir la experiencia puede aliviar el camino de otras personas”. Hoy mira el vaso “llenísimo” y revaloriza lo que tiene, agradeciendo su red de apoyo.

Desea que disminuya el número de casos, consciente de que el cáncer de mama está afectando en edades más tempranas; sueña con avances que eviten la vulnerabilidad que acompaña a esta enfermedad y llama a la empatía social y a la mejora técnica y organizativa.
Patricia, alguien que no conocíamos, pero que no le importó abrir las cicatrices del cáncer de mama para ayudar a afrontarlo de una manera positiva. ¡Gracias!

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