Tras el Cartel de la Real Feria de Agosto de este año, Ángel Calle Matas vuelve a ser protagonista en su tierra. Artista nacido en la calle San Bartolomé en 1935, hijo de José Calle del Pozo y Ángeles Matas Conejo. Hoy es un destacado personaje del panorama artístico contemporáneo de la ciudad y de la provincia de Málaga.
En 1963 se trasladó a Madrid para ampliar su formación artística en el Centro Politécnico Superior de Fomento de las Artes y de la Estética, donde cursó estudios de Arquitectura Interior e Historia del Arte. Aunque desarrolló su actividad profesional en distintos ámbitos, nunca abandonó su vocación artística, dedicando progresivamente una parte cada vez mayor de su vida a la pintura.
Su obra figurativa se caracteriza por el dominio del dibujo, la cuidada composición, la sensibilidad en el tratamiento de la luz y el color y una permanente vinculación con el patrimonio monumental, las tradiciones, la religiosidad popular y el paisaje urbano de Antequera.
A lo largo de más de seis décadas ha realizado numerosos carteles y obras institucionales, entre los que destacan el Cartel Oficial de la Semana Santa de Antequera de 2024 y el cartel anunciador de la Real Feria de Agosto de Antequera de 2026.
Académico de Honor de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera, Ángel Calle Matas ha contribuido de manera decisiva a configurar y difundir el imaginario cultural, patrimonial y religioso de la ciudad a través de una pintura de gran calidad técnica y sensibilidad estética.

Más de 90 años
de historia en el día a día
Nació el 26 de diciembre de 1935. Su infancia estuvo marcada por la rutina familiar en un mundo con su base cultural local. Ángel es identidad y oficio y nos comparte su “herida de guerra” en la infancia con sus padres, que tenían un taller de maquinaria agrícola y de carruaje. Fue cuando “mi madre me tenía en brazos en casa y cuando comenzó la Guerra, estalló una bomba en la puerta de nuestro hogar y un trozo de metralla me produjo un corte en la barbilla cuya cicatriz conservo”.
Tras estar en el negocio familiar, decidió seguir su vocación formativa en Madrid en la Escuela de Fomento de las Artes y de la Estética, bajo la especialidad en decoración e interiorismo, opcionales de Historia del Arte con profesores de alto nivel. Todo en un aprendizaje mediante visitas a Salamanca o Valladolid.
Ya de joven, decidió estudiar formación en interiorismo y arte en Madrid, carrera profesional en diseño industrial-arquitectura de interiores en Valencia y luego su etapa en Málaga. De ahí buscó el diseño modular en Valencia con la reingeniería de procesos para una empresa de muebles (modulación de series para habilitar trabajo de ingenieros). Se casó con Pilar Rosales Creus con quien tuvo dos hijos: Javier, ingeniero aeronáutico; y Pilar, arquitecta.
Regresó a Málaga donde trabajó en Sofico, evaluando el modelo financiero de la descompensación por promesas de rentabilidad superiores al negocio real. Años después es cuando retorna simbólicamente a Antequera por obra, no por residencia, y la ciudad responde con reconocimiento institucional de la Medalla de Oro de la Jarra de Azucenas y encargos de carteles porque su trabajo encarna un criterio claro: modernizar respetando el material y el contexto.
Su vida está marcada por una trayectoria disciplinada: movilidad geográfica para alinear trabajo con vocación, técnica explícita donde “construye lo que quieras, pero usa texturas y materiales del lugar”. Tiene una lectura crítica de los errores urbanos del boom de pisos de los 70, contrapuesta a la mejora urbana y cultural reciente.
El coste de ignorar esta lógica es pérdida de carácter y disonancias como el caso del edificio moderno en el Barrio del Carmen; el beneficio de seguirla es una identidad urbana sólida que permite a Antequera retener y atraer talento. “Nosotros aceptamos que la felicidad profesional es condición de una vida íntegra; el reconocimiento público no es un fin, es una consecuencia de ese compromiso con el oficio y con la tierra”.
Su nueva relación
con Antequera
Ángel pasaba inadvertido por la ciudad hasta que recientemente, el doctor Pablo de Rojas le propuso pintar un cartel para la Virgen del Rosario. Él siempre venía a su ciudad durante el año, sin perderse el Viernes Santo en el Portichuelo. Pero fue el Rosario el que consiguió su reenganche cultural a través de carteles para seguir luego con Estudiantes, Semana Santa y Real Feria de Agosto.
Una ciudad de la que destaca las mejoras sustantivas en restauración y urbanismo. No esconde su crítica a intervenciones disonantes del boom de pisos, buscando la defensa de la autenticidad del material.
La concesión de esta distinción, la Medalla de Oro de la Jarra de Azucenas, supone para él una alegría que dedica a “ mis dos mujeres grandes de mi vida: mi madre y mi esposa”, a la que perdió demasiado temprano. Ángel se muestra feliz porque regresa a sus años de infancia por las calles y barrios de la ciudad, muy mejorados y presumiendo de ellas. Pasan los años y… “lo que he hecho ha sido con el máximo cariño, porque ahora estoy pintando, no para vivir de ello, no por obligación, sino para llenar el vacío de mí del trabajo, del trabajo habitual”. Sin duda un destacado personaje.





