Tras la concentración por Ceuta, el alcalde Manuel Barón manifestaba a los medios de comunicación que la cita de Antequera fue una demostración de fuerza cívica y un rechazo contundente a la postura de los partidos de izquierda locales (PSOE e Izquierda Unida) respecto a la crisis en Ceuta al no respaldar la concentración.
Barón enmarcó el acto no como un acto partidista, sino como una defensa fundamental de la soberanía española, argumentando que la integridad territorial es un valor sagrado e innegociable. Ante ello, la izquierda política ha cometido un error estratégico al priorizar otras causas internacionales como Palestina sobre la defensa de territorio nacional, creando una disonancia con el sentir popular que, según el alcalde, no entienden y de la que se arrepentirán.
La situación en Ceuta es un ataque directo a la integridad territorial de España, un valor que se define como «sagrado» para todos los españoles, desde el ciudadano hasta el gobierno y el ejército. La crisis migratoria en Ceuta se enmarca como una violación de la soberanía nacional. Considera que el problema radica en una respuesta gubernamental percibida como insuficiente y una falta de unidad nacional para defender el territorio.
Ceuta es España y se exige una acción inmediata para restablecer el orden, evitar futuras incursiones y que la dignidad nacional sea respetada. «Defender Ceuta es una obligación cívica y constitucional que trasciende ideologías». El manifiesto leído se describe como «de sentido común», enfocado en el Estado de derecho y los valores constitucionales.
Al PSOE y a IU de Antequera les tacha de hipocresía e incomprensión del sentir popular. El argumento es que su decisión de no apoyar la concentración por Ceuta, mientras sí lo hacen por Palestina, es indefendible ante el electorado. «Se han equivocado y se van a arrepentir». La asistencia a la plaza, descrita como llena, se presenta como la evidencia empírica de este error, demostrando que el «viento sopla» en una dirección contraria a la de la izquierda.





