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Carmen Díaz reza a la Virgen Consuelo desde la intimidad de ser su camarera

Víspera de la festividad de Nuestra Señora del Consuelo en San Pedro con oración con el corazón en la mano de su camarera, María del Carmen Díaz González en la noche del jueves 3 de septiembre.

Antes de sus palabras, homenaje a los hermanacos que cumplen 25 años bajo sus andas: José Aragón Gómez, Agustín Morales Burruecos
Jerónimo Frías Becerra y José Luis Bonet Muñoz. Recibieron el reconocimiento por parte de su hermano mayor de insignia, José Trillo y el hermano mayor de la cofradía, Juan Jesús González. Tras ellos, rezó del rosario y paso a la oradora en su festividad.

Carmen Díaz rezó de principio a fin a la Virgen, a la que tan bien conoce y con la que comparte momentos llenos de intimidad al ser su camarera. Inició sus palabras con “Bendita sea tu pureza”, para seguir agradeciendo a la junta de gobierno el permitirle ser su camarera y dedicarle esta oración en un año tan importante por su 325 aniversario.

Recordó cómo fue el rosario vespertino por Antequera días antes, así como también, el 300 aniversario, 25 años antes cuando recibió el homenaje junto a todas las mujeres directivas. Un año en el que dio un gran paso en su vida, su matrimonio, y que precisamente, acaba de celebrar sus bodas de plata. Cuestión de fechas.

Se adentró en la parte más teológica, analizando y reflexionando sobre los misterios luminosos del rosario, rezando por los bautizados, los matrimonios, por el perdón hacia los pecadores, por ser testigos aquí la tierra del Reino de Dios y por ser eucaristía: «Ruega por nosotros, ayúdanos a ser sagrarios vivos, que siempre nos alimentemos del cuerpo y la sangre de tu hijo, que nuestra fe no se quede en la belleza y esplendor de lo estético, porque sin el alimento eucarístico no hay vida, no hay fe».

Finalizó con palabras sentidas, rezando orando y con el corazón en la mano: “Felicidades mi consuelo, en esta noche eterna, protege a todas las madres, las que están contigo ya en el cielo, y las que están aquí en la tierra, gracias siempre por llamarme a ser de la familia colorá, es algo que se vive y siente y no se puede explicar.

Primer sagrario inmaculado, sin pecado ninguno, con ese olor que desprendes cuando llega siempre septiembre, huele a ti sin duda Madre. Y como si de un sueño o recuerdo se tratara, vuelve a pasar otro año aunque este muy distinto, 325 años de amor infinito. Nunca nos dejes madre, déjanos muchos más contigo.

Y como siempre te digo, aquí me tienes Consuelo para siempre hasta que tú quieras».

A su término, se cantó la Salve para dar la bienvenida al 4 de septiembre, día de su festividad.

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