domingo 29 marzo 2026
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El rezo emocionado de una pareja cuando, tras casarse, visitan a la Virgen de su cofradía de Antequera

La vida en una hermandad es tan amplia que no sólo se ciñe a una procesión. Dentro de ella surge el amor y muchas parejas se casan amparadas bajo la devoción a una imagen. Es ahí cuando nos encontramos con una historia de pedir, pero sobre todo, de dar gracias por lo que se vive. Y pasó en Antequera.

El sábado 6 de septiembre, José Julio y Gloria unieron sus vidas en santo matrimonio. Y tras el “sí, quiero”, lo primero que hicieron es ir a dar gracias ante su Virgen de los Dolores. Ambos son directivos de la nueva junta de la hermandad del Jueves Santo. Aquí contamos su historia…

José Julio y Gloria son dos jóvenes enamorados que en dos días dieron dos pasos al frente. Uno, el viernes 5 de septiembre, como nuevos directivos de los Dolores; y el otro, el sábado 6 de septiembre, como marido y mujer, como unión del amor de un hombre con una mujer. Se casaron en La Trinidad (en Belén al ser un monasterio de monjas, no pueden casarse), pero el día les tenía una sorpresa: agradecer a la Virgen, su Virgen de los Dolores, en un inolvidable momento.

Quienes estuvieron allí se emocionaron al ver cómo sus primeras lágrimas como personas casadas las tenían por emoción al ver a su Virgen, a su Cristo, sonriendo por la unión de ambos. Ahora, ya saben lo que es vivir juntos, viviendo intensamente lo aprendido en casa, con sus padres, “columnas” de sus vidas, y con la bendición del doble “Sí, quiero”, el del corazón de los Dolores y el del corazón de sus vidas. ¡Enhorabuena y que sea lo que Ella quiera…! como dice vuestro hermano mayor Francisco de Paula González Rodríguez.

Al habla con la familia
de los Dolores
Semanas después, quedamos con los cuatro directivos de los Dolores para compartir el amor en una cofradía. Así, vinieron “los novios”: Gloria Moreno Rubio y José Julio Martínez Martínez, que son responsables de Juventud y él, hermanaco del Señor Atado a la Columna. Y con los padres de la novia, Carmen María Rubio Palomo y Jesús Moreno Navarro, camarera y fiscal del Señor Atado a la Columna respectivamente. Fue por la devoción al Señor de la Columna de Jesús, el padre de la novia, donde comenzó esta historia. “Tenía una promesa, se cumplió y me seguí agarrando a este Cristo, a nuestra fe, a estar con Él y siempre lo estaré mientras viva”.

Son ya 36 años a sus pies. “Toda mi vida he vivido en el Barrio e Santiago”. Tras casarse con Carmen ella “siente la promesa por nuestro hijo mayor, que se cumple. Luego nos siguieron surgiendo más avatares de la vida, como es normal, y también nos agarramos a ellos, al Señor y a la Virgen de los Dolores. Sabemos que son una imagen, pero para nosotros es algo mucho más grande…”.

Tuvieron dos hijos, y desde niños percibieron la pasión por los Dolores. “Mi primer recuerdo siempre ha sido el Jueves Santo, cuando se reunía toda la familia y mi abuela venía a vestir a mi padre, a mi hermano y a mi primo Chiqui que siempre se ha vestido con nosotros. Por la mañana íbamos a la iglesia, después comíamos juntos y a la procesión. Por mi parte, poco a poco me he ido vistiendo también con ellos, salí de acólita con dalmática, de capirucho y alumbrándole”, comparte Gloria.

El padre, Jesús, era hermanaco del Señor Atado a la Columna y tuvo que retirarse. Su puesto estaba libre y fue el novio de su hija, José Julio, el que tomó el lugar familiar. “Yo soy de Fuente Palmera, soy muy cofrade y mi hermandad sale el Jueves Santo. Pero conocí a la familia de Gloria y cogí el sitio de mi suegro, que lo llevó primero su hijo y ahora lo llevo yo con mucha honra y orgullo, aunque sea también Jueves Santo”.

Regresamos a la boda. Como no podían casarse en Belén y la abuela tenía devoción por la Trinidad, se casaron allí, pero con el deseo de visitar Belén. Y cuando llegaron “fue impactante porque pasamos por las tres imágenes y al llegar a la Virgen, que estaba en el Altar Mayor, las monjas nos esperaban y nos cantaron, y nuestros hermanos de la directiva estaban allí con nosotros. Nos emocionamos por el sueño cumplido, pero sobre todo por el cariño que todos nos ofrecieron”. La imagen de la novia, de blanco, de rodillas, llorando y con un rosario en la mano… impresionante. Ella, la Madre de los Dolores, de negro. Contrastes de la vida.

Le preguntamos a Gloria cómo una imagen cofrade puede ayudar al amor de un matrimonio. “A nosotros nos ayuda mucho, porque es verdad que como todo el mundo tenemos malos días, y lo que yo le digo a él, que en vez de contarlo a mis padres o a alguien y preocuparles, yo simplemente, vengo a la iglesia y les expongo cómo nos encontramos y me siento plena porque me están escuchando, me están ayudando y siento que nos ayudan”.

Carmen, la madre y suegra, amplía: “A nosotros como marido y mujer, la Virgen nos ayuda muchísimo en todo momento. Ahora estamos con esta Junta Directiva nueva y nos han acogido con los brazos abiertos y somos como una familia”. A Jesús, que sabe cómo funciona una cofradía, le preguntamos por qué se difunde lo malo, y no gestos buenos y entrañables como los que ellos están disfrutando. “Hay que ser positivos, que esto es una maravilla, abrir el corazón a la gente, a nuestra cofradía, que nuestra Virgen, nuestro Cristo y la gente aprecien lo que sentimos”. El amor a unos titulares.

Concluimos con más sueños. Los padres de la novia lo tienen claro: “Nos encantaría que Gloria y José Julio tuvieran hijos y salieran de hermanacos pequeños y mantuvieran la tradición de la familia para que esta tradición nunca se perdiera”, comparte Carmen. Jesús sonriente comparte que de su hijo Antonio Jesús les ha dado ya dos nietos, “siendo Máximo el más pequeñín que hay en la cofradía y ya con él se van cumpliendo nuestros deseos”. Hugo es el mayor con 5 años.

José Julio desearía “seguir siendo hermanaco y me encantaría que desde la cofradía organizáramos una banda de música. Hay que crear una banda en Antequera”. Y Gloria concluye con: “A mí me gustaría que la gente viera que esta junta directiva nueva venimos a dar más cariño y más amor, que esta cofradía todo el mundo sepa que está abierta a todo el mundo. Me encantaría ver Belén, como muchísimos años lo he visto yo desde pequeña, llena, así como las calles el Jueves Santo”. Las familias, el amor de una pareja, la base de nuestra vida y de las cofradías. Por más “sí, quiero” y por el sueño de mantener la tradición de padres a hijo y a nietos que son el futuro de las cofradías y de la vida.

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