El Carmen fue el descanso del Señor en Antequera tras su muerte, siendo procesionado junto a su Madre de la Soledad, en la procesión del Santo Entierro que finalizaba un gran Viernes Santo donde el tiempo respetó y no se tuvo que mirar al cielo, más que para acordarse de los que estuvieron.
María José Sánchez Arias se estrenaba como hermana mayor, la primera mujer en la historia desde su fundación en 1520. A las 21,45 horas, se abrían las puertas del templo parroquial con el magnífico retablo barroco al fondo. En silencio, fue saliendo el cortejo abierto por un muñidor. Seguía una cruz guía, dos faroles y varios niños portando símbolos de la pasión y faroles.
Tras la salida, se fueron apagando las luces del recorrido, dando sobrecogimiento al recorrido. Un nuevo año donde cada vez las aceras se llenan más de público, buscando el silencio, el acompañamiento en el fúnebre cortejo. Es Antequera: de la euforia de los encuentros y correr la vega al silencio tenebroso.
Tras El Carmen, bajada por las Cuesta de los Rojas con el recuerdo siempre en la Casa de los García-Berdoy. Descalzas, Calzada, Diego Ponce, Madre de Dios, Cantareros, San Luis, Infante don Fernando y San Agustín, donde quienes bajaban de los finales de Paz y Socorro permanecieron en el lugar.
En San Sebastián, no hubo oración en su templo. La capilla vocal ‘Lux Aeterna’ abría el paso de la urna con cánticos y misereres en latín, tambores roncos y la musical ‘Ars Sacra’ ante la Virgen. Entre ambos, representación municipal con el alcalde Manuel Barón, la teniente de alcalde Ana Cebrián y la concejal María Sierras, así como el pregonero de la Semana Santa, Félix Jiménez y Pedro Ruiz por la Agrupación. Tras la Virgen, devotos y el carmelita Antonio Jiménez.
Para próximos años habrá que pedir a bares de copas, como en su día se hizo con la Calzada, para que pidan a los usuarios que guarden la compostura ante el paso del cortejo fúnebre. Al llegar a la Plaza de San Sebastián la Virgen y encarar las cuestas, se rompió el silencio fúnebre de la procesión del duelo, con el murmullo de quienes estaban en la acera cerca de algunos establecimientos hosteleros. Seguro que se percatarían y lo tendrán en cuenta para próximos años.
Miguel Ángel Marín Cruz y José Miguel Gálvez Guerrero dirigían los tronos, que tras un amplio recorrido, llegaban al final con la subida con paso ligero por Zapateros y el complejo giro con Río, donde aguardaba una amplia representación de la Cofradía de «Abajo».
El barrio que reza desde los balcones de la estrecha calle, llegada de regreso al Carmen y la Policía Nacional forma una fila y saluda militarmente al paso de Cristo muerto. Un detalle más que da un plus a nuestra Semana Santa de los agentes del orden del servicio público.
El cortejo fue entrando por la casa hermandad y a las 2,40 de la madrugada entraba la Virgen de la Soledad en su sede, tras el rezo de la Salve por el alcalde Manuel Barón. Terminaba una procesión en la que las luces apagadas, el silencio y el acompañamiento musical de las capillas marcan el futuro ya presente en su procesión. Y la Virgen, con ráfaga y con alhajas de devotos, en acción de gracias o peticiones. Nos llamó la atención un broche de una devota de Castalla, que silueteaba la Reliquia de Madre Carmen, o un anillo de una mujer antequerana que portaba la Virgen.

































