domingo 29 marzo 2026
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Juan Antonio y Ángel Pedro: los dos jóvenes que recuperaron el patrimonio de los Muñoz Rojas para Los Estudiantes

Juan Antonio Sánchez Zurita (30 de noviembre de 1968) y Ángel Pedro Guerrero Clavijo (20 de octubre de 1967) con 57 y 58 años, son dos personajes fundamentales para la historia más reciente de nuestras cofradías, ya que fueron quienes recuperaron el antiguo patrimonio de las cofradías de la Sangre y Vera Cruz para los Estudiantes.

Cuarenta años después de recuperar el patrimonio más antiguo de nuestras cofradías para volver a procesionarlo el Lunes Santo de 1987, volvemos a entrevistar a Juan Antonio y Ángel Pedro, aquellos entusiastas jóvenes de 15 y 16 años que iniciaron lo que hoy es la Cofradía de los Estudiantes. Fueron vecinos y se conocían, pero su amistad se forjó en San Francisco. Fue Ramón Guerrero quien les abrió las puertas. “A partir de ahí empezamos a juntarnos”. Eran tardes donde “nuestro camino diario era buscar artículos antiguos aquí en El Sol de Antequera y luego teníamos la suerte de que nos conocieran en el Archivo donde Manuel Cascales nos abrió las puertas”. Era 1984.

“Siempre habíamos escuchado hablar de la antigua Cofradía del Cristo de la Sangre”. Fue cuando “encontramos un testamento por el que a la Sangre se le elaboró una cruz de plata y carey que la donó una familia y nos comentaron que una familia antequerana tenía esos enseres. Antiguamente las familias guardaban los enseres en sus domicilios, no era normal que se quedasen en la iglesia porque ni había casas de hermandad como ahora que tiene unas buenas instalaciones”. Y además porque se hubieran perdido.

¿Y cómo contactan con los Muñoz Rojas? “Un día nos presentamos los dos en Santo Domingo por la festividad de la Virgen del Rosario. Le dije a Juan, que aquellos tenían que ser de esa familia y fuimos en busca de ellos a decírselo. ¡Era don Rafael Muñoz Rojas! Miembro honorario también del Rosario”. Se presentaron, les preguntaron si tenían algo del patrimonio de las antiguas cofradías y quedaron en que fueran a su finca en la vega donde “hay un montón de cosas y hablamos para verlo”. Y se encontraron con el tesoro. “Había varios palios, enseres de plata…” Era octubre del año 1985. “Nos vimos al mes, fue rápido, la entrega al otro mes”.

¿Y cómo fue? “Nos dijo que debíamos de buscar una persona mayor que nos ayudase porque éramos los dos menores de edad. Nosotros hablamos con José María González, que fue alcalde de Antequera y era hermano mayor honorario de los Estudiantes. Se prestó con toda la generosidad del mundo y además incluso nos llevó en su coche, porque nosotros tenía un vespino que era el vehículo de la cofradía y yo una bicicleta de carreras. Entonces José María se prestó a venir con nosotros en todo momento y él actuó de garante y de hombre bueno a favor nuestro”.

¿Qué os encontrasteis? ”De película, de una novela y fue digno de vivir. El lugar lo iluminaba una chimenea, el hombre con toda la generosidad nos atendió. Yo doy gracias a haber conocido a esta familia en persona. Era el cortijo donde vivía Rafael con su mujer”. ¿Algo anecdótico que compartirnos? “Nos sirvieron un queso fantástico y un vino de ellos… mejor todavía. Estaba allí también Joaquín Jaén que era el administrador y entonces entre Joaquín y José María González, se dispusieron para tomar nota de lo que allí empezaron a abrir y empezaron a abrir maletas y baúles, saliendo una pieza detrás de otra”. De allí salieron los tres palios antiguos, las piezas de plata de la peana que hoy lleva la Virgen de la Vera Cruz, que eran también del Cristo de la Sangre, los platos limosneros… Algunas piezas estaban quemadas de haber sufrido “un incendio, porque parece ser que en la Guerra Civil estuvieron en una vivienda en Antequera que fue atacada y parte se pudo salvar, pero algunos estaban afectados y hasta había un tubo de plata, que sirvió de modelo luego para los del palio de la Virgen. Se reprodujeron gracias también a la labor de Pepe Romero, que nos auxilió en todo lo que necesitamos. También la suerte que tuvimos es que la familia Muñoz Rojas confió en nosotros”. Y eso que apenas tenían 16 años.

¿Y documentos? “En la oficina de la calle Comedias, nos dieron todos los legajos, toda la historia escrita, los documentos que también sobrevivieron, a aquella quema, con aquel grabado del Nazareno dentro del libro de cuentas”. Y había más. “Nos dijo que su hermano José Antonio tenía una bula, más documentos antiguos”. Faltó la cruz de plata y carey. “En el artículo de El Sol de Antequera del padre Llorden, se describe una cruz de plata y carey con todo detalle que no se sabe dónde está”. Luego se idealizó y sólo queda esa antigua foto de este periódico.

El descubrimiento para Antequera
Les preguntamos ¿qué supuso este descubrimiento? “Para mí fue mi auténtica universidad, las responsabilidades en aquel momento que tuvimos que tener y además partiendo desde cero. Hay un una procesión del Corpus en la que salimos solos los dos en aquel guion, porque no había nadie más…” y después la que liaron, expone Ángel Pedro. Fue “un privilegio cuando te sucede algo así es como si vivieras en una película casi de Indiana Jones, donde tú estás descubriendo un tesoro artístico que te han hablado, que has soñado y la verdad que cuando tú estás viviendo en primera persona, abriendo esas maletas y sacando esos enseres y viendo pues que no te podías ni imaginar“, comparte Juan Antonio. ¿Qué supuso para la cofradía y el Lunes Santo? “Tardamos un año en prepararlo todo. El Ayuntamiento hizo la obra del patio para poder salir por la capilla, entonces el palio no cabía por la puerta de abajo. Luego se quitó el escalón, pero el patio se adaptó todo a contrarreloj. Fue un año de vértigo”. La Virgen salió bajo palio en 1987 y el Nazareno de la Sangre en 1989.

Fue la entrada de muchos de los que hoy permanecen en la cofradía. “Eran todos gente nueva, se incorporaron chavales jóvenes, algunos hasta de Magisterio. Gracias a ese entusiasmo la empresa salió para adelante. Siempre tuvimos alrededor a un grupo de personas que nos apoyaron muchísimo. Tus padres, por supuesto, los míos en sus posibilidades, cada uno, pero luego recuerdo, a María Victoria Ríos y su hermana que estaban ahí siempre, muchas personas que siempre estaban con nosotros, ayudándonos en lo que nos hacía falta, facilitándonos las cosas, poniéndonos en contacto con otras personas. Paco González, también se portó muy generosamente con su labor de carpintero”. También “Jesús Romero que siempre ha estado ahí, con su familia, sus hermanos Cayetano y Pepe, apoyándonos en todo lo que hiciera falta, pendientes de nosotros, además de forma muy callada, porque nunca querían ellos figurar en ningún sitio y siempre estaban. Le pedías cualquier cosa, un dibujo, una gestión a Pepe en Sevilla…”.

Hoy, 40 años después, ¿qué sentís? “Orgullos estamos, no voy a decir nostalgia porque tampoco me he desvinculado de ella nunca. Me gusta estar alrededor de la cofradía, porque la devoción la sigo teniendo como es natural”, dice Juan Antonio. “La cofradía me enseñó por qué es una cofradía, a que hay que luchar por algo y porque hay una persona, en mayúscula, que se puso como ejemplo, que cargó con una cruz, que entonces la verdad que yo hoy la necesito porque de vez en cuando me hace falta volver y nada más que entrando en San Francisco, que animar durante todo el año en la labor de hoy”. Sin duda, dos personas que el tiempo les dará su valor.

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