Hay momentos y momentos. Y el vivido en la noche del sábado 28 de marzo en La Trinidad de Antequera nos hace pensar que quizá, hay que pararse en la vida, rezar, sentir y contemplar para luego buscar la explosión de júbilo de la religiosidad popular. Quien tuvo la suerte de estar dentro, sabe de lo que hablamos. Y quien no pudo, le dejamos el vídeo íntegro de la Entronización del Señor del Rescate.
Desde las 20 horas, los devotos aguardaban en el exterior del templo. A las 20,45 horas se abrieron las puertas y se quedó pequeña la iglesia trinitaria. La Madre, la Virgen de la Piedad, ya en su palio. El Hijo, el Señor del Rescate, a pie de tierra, junto a los mortales, esperando su momento.
A las 21 horas en punto, se abrieron las puertas de par en par y entró el cortejo trinitario, formado por devotos, cofrades, vecinos y representaciones del Ayuntamiento, entre ellos el alcalde de la ciudad Manuel Barón, que acompañaba a la Cofradía del Rescate, estrenándose al frente Rogelio Jesús García Cisneros. Cerraba el arcipreste trinitario Antonio Jiménez.
Los devotos, que portaban cirios encendidos, flanquearon al trono del Señor, en el centro del presbiterio. Empezó la liturgia con lecturas, el Evangelio y una pequeña reflexión del Arcipreste que se acordó de los que no podían estar por enfermedad, de las personas desprotegidas o las que viven en guerras.
Al término, silencio estremecedor del templo y Javier Subires que inicia a rezar en forma de canto y Pablo Cortés del Pueblo que le acompaña al piano y el Señor, lentamente, como si fuera la vida misma, que es subido a su trono, con el esfuerzo de cuatro devotos que lo hacen ascender. Lo de Subires y Cortés del Pueblo se recordará como hoy lo hacemos con quienes nos hablan de María Barrús la Niña de Antequera.
Qué podemos añadir cuando se siente que el Señor se prepara para su Pasión, los devotos se emocionan y Subires que le canta:
«Van diciéndose los vientos
de esta pronta primavera
que hay un Dios Moreno bueno
que está en Antequera
y que quiere subir.
Rosario de velas blancas
para preparar camino
al que coronao de espinas,
Redentor divino,
tendrá que morir.
¡Rescate,
Dios de un pueblo que camina
con su vela y con mantilla!
¡Rescate,
de desvelo y desconsuelo,
de almas que claman al cielo!
¡Rescate,
de hombros fuertes,
devoción de las abuelas!
Abran las puertas de la Trinidad,
que su Madre va llorando
entre campanas al vuelo.
Abran las puertas del cielo,
por su barrio va caminando el Moreno
por la Trinidad.
Abran las puertas de la Trinidad,
que su Madre va llorando
entre campanas al vuelo.
Abran las puertas del cielo,
con su gente va caminando el Moreno
Por la Trinidad».
Y en ese justo momento, el Señor preside ya su peana para bendecir a la ciudad en su procesión del Martes Santo. Seguidamente, peticiones, la Salve a la Virgen de la Piedad y reflexión final del Arcipreste, quien pidió mantener el silencio para acercarse, contemplarle y rezarle. Así fue, hasta bien entrada la noche.
Aunque todos deseamos vivir una intensa Semana Santa, con lo vivido esta noche en La Trinidad, nuestra alma está ya preparada para lo que tiene que venir justo dentro de una semana.



































