sábado 4 abril 2026
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La Virgen del Socorro bendice a Antequera desde el impresionante mirador del Arco de los Gigantes

La Cofradía de «Arriba» procesionó su antiquísimo patrimonio cofrade y su principal baluarte: la devoción a la Virgen del Socorro en la tarde-noche del Viernes Santo en Antequera. Se completó la reforma del trono del Nazareno, tras la incorporación de los nuevos faroles de plata y la Socorrilla fue de negro y con la corona de la Coronación de 1988.

Era el estreno por todo lo alto de José Ignacio Sancho Díaz, al frente de la Cofradía de «Arriba» en un gran día, cumpliendo horarios, manteniendo el «encuentro» con la Virgen de la Paz y subiendo unas cuestas donde no recordamos tanta gente. Es el milagro de la tradición de «correr las vegas» en la Semana Santa de Antequera.

Una hermandad que tras remozar el trono de la Santa Cruz de Jerusalén, con los destacados trabajos de restauración y redorado por parte de Cristina González Carbonero de Artekira que siguen asombrando por cómo reluce, se procedió a la reforma del centenario trono del Nazareno, también en sus talleres. Faltaban los cuatro faroles que así se estrenaron, realizados por José Luis Jiménez Escrivá de Sevilla, bajo diseño de Jesús Romero.

Los nuevos faroles para el trono del Nazareno responden a un diseño inspirado en la platería antequerana del primer cuarto del siglo XVIII. Se trata de un modelo de alzado balaustral, partiendo de una base circular sobre la que sienta doble manzana y, sobre ésta, un templete o fanal arquitectónico cuadrado, rematado en cúpula sobre tambor octogonal.

Las caras acristaladas del farol, con vanos de medio punto, se jalonan respectivamente de cuatro estípites dieciochescos, inspirados en los del farolillo eucarístico de la custodia del Corpus de Antequera. En el mismo eje de los estípites, sobre el entablamento y debajo del zócalo, se insertan perinolas de remate, de planta cuadrada y formas sinuosas y agallonadas, según explica Romero.

Así fue la procesión de «Arriba»

A las 17,30 horas partió el Desfile de la Armadilla desde el Coso Viejo. Y las 18,45 horas, salida ordenada tras abrirse las puertas del Portichuelo. Primero salió el Nazareno, seguido de la Cruz de Jerusalén y por último la Virgen del Socorro que subió al cielo de una vez, ante la admiración, aplausos y emoción de los presentes.

La Escuadra de Gastadores, Banderines, Guiones, Banda de Guerra (Nuba) y Piquete de honores del Grupo de Regulares número 52 de Melilla abrían el desfile, dando colorido por la vistosidad de sus uniformes, sobre todo el movimiento de las capas blancas, y el sonido de sus instrumentos. Seguía la bandera y los maceros que precedían el guion presidencial.

Se estrenaba al frente de la Cruz, Daniel Cuenca Gómez. Ante el Nazareno, Lorenzo Corado Pérez que supo llevar el trono mecido por sus hermanacos al son de las marchas de la Agrupación Musical ‘Resurrección’ de Sierra de Yeguas, que se estrenaba en Semana Santa y dio un recital de variedad y buen hacer en sus marchas. Es la anexión de la comarca a la imagen más popular entre sus pueblos.

Y cerraba, la Reina del Portichuelo, la Virgen del Socorro, que era dirigida por Javier Moreno Carrión y con la Banda de Música “Villa de Otura” forman un espectáculo de emoción y devoción. Sus marchas propias, su conjunción, son el nexo entre el palio y los devotos, tras la imagen mariana con más gente alumbrando durante todo el año en la ciudad.

Quienes niegan calles como Comedias, Nueva, Tercia, Tintes, Medidores o Rey como alternativas a los recorridos de las cofradías, sólo tienen que ver cómo pasa el palio de la Virgen del Socorro por Herradores. Al milímetro, con tacto, con los devotos acariciando los varales, con compromiso, con oraciones, vítores y emoción ante la Socorrilla. Y llegada al Arco de los Gigantes. ¡Qué estampas con el sol recibiendo al cuerpo procesional y los tronos bendiciendo la ciudad al dar una vuelta ante el Arco de los Gigantes. Y al llegar Ella, eclipsa con su presencia el astro rey y atardece en la zona alta. El sol fue Ella, que se impuso a la muerte. Al fondo, la Peña de los Enamorados y ondeando como nunca la bandera de la ciudad sobre las Almenillas. Es como si fuera la Reina de… ya lo dijo el pregonero.

Bajada por Rastro, Viento, Zapateros y no se cabía en la Plaza de San Sebastián. Entrada a calle Infante don Fernando, bajada por Lucena y entrada, desde Madre de Dios, a Cantareros. Allí, la joven Lourdes Estepa Galindo, alumna de Bachillerato del Colegio María Inmaculada, rezó una conmovedora saeta a la Virgen del Socorro, silenciando la noche, con petalada final de los bloques de pisos de aceras, próximos a donde vivía su ferviente devoto Ángel Guerrero.

Y la procesión que llega a la calle Infante don Fernando, vuelta y aplausos en la puerta de los Remedios, paso por el Ayuntamiento y en San Agustín, los Regulares abren pasillo a los tres tronos. Y en la Plaza de San Sebastián que aguarda la Virgen de la Paz. Magnífica unión fraternal entre ambos hermanos mayores, la música suena y los dos palios que, lentamente, se acercan con los vítores de los de la Paz: «¡Viva la Virgen del Socorro!» a lo que respondieron los del Socorro: «¡Y que viva la Virgen de la Paz!». Aplausos, emoción y unidad. ¡Que cundan los encuentros!

Y el milagro otra vez. Tras subir la Virgen de la Paz su befa, aguarda en la citarilla al paso de los tres tronos del Socorro. Primero, la Cruz de Jerusalén, después el Nazareno y por último, la Virgen del Socorro. Se congela el tiempo, tras el agarre de subir a paso ligero las primeras cuestas, los hermanacos que reducen su marcha, como si acabaran de salir, alzan las horquillas y quieren ver a la Virgen de la Paz. Y la citarilla que enloquece, aplausos, móviles en mano y se rompe la noche cuando todos juntos cantan el Ave María de la marcha «Encarnación Coronada». Luna y Sol, Paz y Socorro, la unión de las dos cofradías eternas a entenderse históricamente que se unen por todo lo alto.

Y el corazón, tras emocionarse, vuelve a latir con fuerza y sube como nunca hacia el Portichuelo. Vean nuestros vídeos y verán cómo estaban las cuestas. Ya arriba, encuentro final de los tres tronos antes de entrar al templo, tras algo más de seis horas que la Virgen bajó del Cielo para asomarse desde su Pórtico y bendecir a sus devotos y ciudad entera.

 

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