La Cofradía de los Dolores inició la celebración de la festividad del Señor Atado a la Columna con motivo del día de Santa Teresa de Jesús, este jueves 15 de octubre, culminando con un besapié a la Imagen en la conventual iglesia de Belén.
La devoción de Santa Teresa de Jesús a la Pasión de Cristo y, de manera particular, al Cristo Atado a la Columna llevó a elegir este día. La misa comenzó a las 20 horas presidida por el párroco Francisco de Paula Aurioles de Gorostiza. Junto al hermano mayor Francisco de Paula González, el presidente de la Agrupación, Juan Manuel Vegas, los tenientes de alcalde Elena Melero y José Manuel Fernández, así como las ediles Dolores Melero y María José González.
La imagen de Andrés de Carvajal se trasladó al presbiterio donde, tras la reja monacal de alzó sobre una peana. Lució paño de pureza carmesí y se compuso bajo un dosel con colores carmelitas y candelabros procesionales. Directivos de la hermandad del Jueves Santo participaron en los pasajes de la celebración.
En la homilía, el sacerdote destacó el patrimonio humano de una hermandad que debe trascender a la acumulación de bienes muebles, bordados o imaginería artística. «Su verdadero valor radica en el depósito espiritual heredado que exige una asimilación interior y no un mero festejo superficial». Las hermandades de Antequera «custodian piezas de incalculable valor histórico que replican los cánones de templos como los de Sevilla, Málaga o Córdoba, pero corren el riesgo de reducir la imagen sagrada a un objeto decorativo o de contemplación estética», dejando un mensaje muy claro y directo, del que muchas veces las cofrades nos alejamos.
«La devoción al Cristo de la Columna y flagelado no constituye un adorno ni un pretexto festivo, sino una predicación viva del sufrimiento redentor que transformó radicalmente a figuras como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. Nosotros no somos dueños absolutos de este legado, sino meros depositarios obligados a transmitirlo intacto a las siguientes generaciones». Asumir esta herencia implica confrontar el dolor y la paciencia de Cristo en la vida personal, superando la tentación de quedarnos en la envoltura material de las tradiciones.
El sacerdote recorrió la suma servita, franciscana y carmelita en el templo y en las raíces de la Cofradía de los Dolores. Así, la estructura de templo de nave única —compartida con sedes de Carmelitas Descalzos en Sevilla, Málaga y Córdoba— responde a una renuncia deliberada a la dispersión visual para fomentar la austeridad y el recogimiento interior, en contraste con los templos de la antigua observancia.
La espiritualidad carmelitana descalza «bebe directamente de la descalcez y pobreza franciscana, sustentada en lecturas de autores como Fray Francisco de Osuna y Fray Bernardino de Laredo, junto al sustrato histórico de los Servitas». Así como la contemplación de un Cristo llagado en la columna «detonó el proceso de conversión de Doña Teresa de Cepeda hacia la Madre Teresa de Jesús, la imagen del Señor de la Columna debe operar como interpelación individual y llamada a la conversión personal, más allá de la devoción formal».
En la acción de gracias, el hermano mayor González Rodríguez ahondó en que la auténtica fortaleza comunitaria no reside en el orgullo individual, sino en el compromiso compartido con el servicio y la templanza ante la adversidad. Durante la conclusión de la ceremonia religiosa, reafirmó «su vocación cristiana enfocada en el respaldo mutuo de todos sus estamentos: mayores, jóvenes, servidores y aquellos miembros ya fallecidos». Frente a las crecientes dificultades externas, «nosotros asumimos la responsabilidad moral de mantenernos firmes, entendiendo que la calidad humana y la vocación de servicio activo constituyen los pilares indispensables para sostener la cohesión de la comunidad bajo su devoción titular».






























