Quemar o robar en un templo, pintar en una pared, orinar en las puertas de los monumentos que los turistas luego visitan son unas prácticas que no deberían de repetirse.
En una ciudad tranquila, se debe de seguir trabajando para que así se mantenga. Todos ganamos. Los responsables del lugar, sus vecinos y los que nos visitan. Buena imagen para todos.




