El 13 de febrero se cumplen 67 años del trágico accidente mortal en la carretera donde fallecieron cuatro personas a su paso por Alcolea, salvándose milagrosamente una niña de 9 años. Tras los sucesos ferroviarios de Adamuz, una mujer nos llamó porque necesitaba compartir su angustia. ¡Se trataba de la única superviviente del suceso!
Nuestras páginas recordaron en diciembre pasado la desgracia cuando falleció Antonio González Álvarez “Chuzo”, ya que perdió a sus padres y una hermana. A un vehículo con materiales de construcción se le rompió la dirección y se precipitó sobre el coche donde viajaban cinco personas, siendo las otras dos, el conductor y su hija.
Venían desde Madrid, el conductor Teodoro Sánchez Olmedo, los padres de “Chuzo”: José González López y Dolores Álvarez Cañadas, su hermana Lola, con 23 años, y una niña de 9 años que se salvó, hija del conductor a la que le fue “apreciada una herida contusa en la cabeza y otra en el labio superior con epistaxis y conmoción cerebral, siendo grave su estado”.
En la siguiente edición, se recoge: “La hija del infortunado antequerano, gravemente herida en el trágico accidente, se encuentra ya mucho mejor y los médicos confían en su total curación”. Su padre, viudo, pertenecía a la escolta de Franco, siendo uno de sus motoristas durante años y en ese momento, conductor de su mujer, Carmen Polo, quien mandó su pesar por el deceso. La niña se llama María del Rosario Sánchez Vicente y fue quien nos llamó por teléfono.
Compartimos una complicada entrevista con “la niña” que fue la única superviviente del accidente de tráfico de 1959. Su abuela era Rosario Olmedo Bermudo, quien tuvo una fábrica de hielo. Su tía, Balbina Sánchez Olmedo, regentó la Administración de Loterías número 2 de calle Duranes, que luego llevó su hermana Reyes, la querida mujer que se fue antes de tiempo y que recordarán los antequeranos.
Tras el accidente, fue acogida permanentemente por su tía Rosarito, como ya hacía por temporadas cuando falleció anteriormente su madre. Su padre la traía alguna temporada larga a Antequera. Luego la vida le llevó a Cataluña, se casó, tuvo un hijo y desde allí regresó a Antequera en 2020 con él. Ahora con orgullo nos comparte que pese a los años fuera y su pesadilla, “mis compañeras que fueron del Colegio de la Inmaculada me paran y me dicen… ¿tú eres Chari?”.
Empezamos preguntándole qué recuerda del día del accidente. “Veníamos de Madrid, era mediodía de un día maravilloso y no se me quita de la cabeza la cabina de un camión Pegaso blanco que vino hacia nosotros y de ahí… me desperté en una ambulancia”. Procedían de Madrid donde vivía en El Pardo con su padre. Él conocía al padre de “Chuzo”, que se desplazaba con frecuencia desde Antequera para ver a su hijo jugar con el Atlético de Madrid. Eran amigos y como no tenía coche, encartó traerlos a Antequera como tantas otras veces, en un Seiscientos.
Al principio se llegó a pensar que pudo ser un atentado terrorista por el trabajo de su padre, pero se descartó tras comprobar el fallo en el camión. “Se le partió la dirección y en vez de caer por el puente, pasó por encima de nosotros”. Murieron en el acto los tres adultos y trasladaron al Hospital a ella y a la hija del matrimonio González-Álvarez, que luego falleció. Le dicen que “primero nos asistió un sacerdote del Ejército que era hermano del capitán de la Guardia Civil que había aquí en Antequera, que iba tras el coche. Nos llevaron al Hospital Reina Sofía. Recuerdo a los médicos diciendo que con la chica joven no podían hacer nada por ella… y eso tampoco se me olvida”.
¿Qué lesiones tuvo? “El golpe fue en la cara, se me partió toda la parte de los dientes. ¡Era un monstruo! Los cuerpos de los mayores me protegieron, pero el impacto fue de frente y estuve en el hospital unos 10 días. Después regresé a Antequera, a la calle Lucena, y viví junto a mi tía, con mi hermana Reyes y mi abuela en la misma casa”.
¿Cuándo se entera que su padre y el matrimonio habían fallecido? “Fue intuitivo porque no había que preguntarlo. Yo vi, como se suele decir, aquella luz… pero yo me despierto sujetándome en la ambulancia. Recuerdo el sonido… y eso tampoco se me va a olvidar nunca. Yo me decía: ¡Chari, agárrate que te caes!”.
¿Cómo fue volver a ver después a su hermana Reyes? “Ella se asomaba por la puerta y miraba… tenía 3 ó 4 años, y se iba, se escondía”. Estudió en la Inmaculada. “Sí y después pasé al Pedro Espinosa”. ¿Nos puede recordar alguna compañera por situarla en una generación? “Paquita González, la de la platería, para mí es mi hermana. Puri Gallardo, Esperanza Somosierra…”. Se casó y partió a tierras catalanas desde donde regresó en la pandemia. Obviamente, lo que padeció en 1959 le ha marcado su vida.


El encuentro con
el hermano y el hijo
de los que fallecieron,
con “Chuzo”
En unos tiempos donde hablar de salud mental no es un obstáculo, le preguntamos ¿cómo afrontó esos primeros años? “No podía pensar ni hablar de aquello. Mi cerebro me lo aparcó y yo misma me decía que no, que no y que no. Yo me metí en mi coraza, dentro de mi corta edad, yo no podía hablar absolutamente nada de eso. Hasta que hace un año y pico, una psicóloga me dijo: ‘Chari, tienes que hacerlo porque es imposible seguir así’. Yo hablaba con mi padre con una foto que tengo de él, le cuento el día a día, pero le tuve que escribir una carta de varias páginas. Fue el Jueves Santo de la Semana Santa del año pasado aquí en Antequera, cuando le dije un hola y un hasta la vista…”.
Ha tardado más de 60 años en evadir lo del accidente. “Sí, por eso cuando he visto lo de Córdoba, digo, ¡Dios mío de mi alma, son familias que no llegarán a superarlo!”. Es como lo de la niña que surge del abismo. “Exacto, es la única superviviente de una familia”. Disculpe que le insista, pero ¿se ha sentido identificada? “No pasa nada, así es y me sirve también de terapia”.
¿Llegó en algún momento a contactar con Antonio González Álvarez, con “Chuzo”? “Sé que él intentó buscarme cuando pasó aquello, pero, no dio conmigo. Pasaron los años, y cada vez que yo venía aquí a Antequera, mi familia me decía que me estaba buscando, pero no quería removerlo”. ¿Y llegó entonces a conocerlo? “Sí. Cuando yo me vine ahora aquí, en el 2020, un día me enteré de que Pepe Trujillo era primo suyo. Me presenté allí, diciéndole que vengo a por el número de teléfono de Antonio. Me dio un abrazo muy fuerte y llamé a Antonio”.
¿Y cómo fue esa primera vez? “Cuando me coge me dice: ‘¡Diga!’. Y le dije: ‘¿Eres Antonio, el ‘Chuzo’? Y me dijo que sí, que quién era yo. Le dije: ‘Soy Chari’. Noté que en ese momento los dos nos callamos y nos unimos”. ¿Y se llegaron a ver en persona? “Sí, y luego cada vez que venía aquí desde entonces, en el Leila, junto con Puri y Pepe, comíamos y me decía que me consideraba como su hermana pequeña. Casi todas las semanas lo llamaba. Hablábamos de flamenco, porque a los dos nos encantaba”.
¿Qué nos puede compartir para que aprendamos de lo que usted ha vivido? Porque ahora con esto del accidente reciente de tren en Adamuz con 46 víctimas, todo el mundo habla, pero en unos días nos olvidaremos, salvo los implicados. “Eso lo arrastras siempre porque el cerebro es muy sabio, lo mismo que te aparca o no unas cosas, lo hace también con las tragedias. Tenemos que tener en cuenta que hay que seguir viviendo, que todo lo que tengas con una persona que tú hayas tenido, eso se queda a cero. Pero que lo que importa es el día a día y que tú tengas contacto y relación con esas personas”.
Nos deja sin palabras. 67 años después conocemos qué pasó con la única superviviente de aquel terrible accidente que llenó de luto las calles de la ciudad como nunca antes recordamos que hubiera pasado en Antequera. Es la historia de Chari Sánchez, la niña del accidente de 1959, la hermana de Reyes, la amiga de Antonio González Álvarez “Chuzo”, la madre Jauma y la abuela de Laia.





