Podemos definir un delirio como una confusión grave que suele aparecer de manera repentina y que produce desorientación, dificultad para pensar y también para poder recordar con claridad. Esta situación tan peculiar puede deberse a muy diferentes causas, entre ellas se incluye la enfermedad mental, el consumo de drogas de abuso, el alcohol, algunos medicamentos, el síndrome de abstinencia, ciertas infecciones (meningitis), cáncer (tumor cerebral) y otras situaciones como la falta de electrolitos en el cuerpo o de oxígeno en el cerebro.
Realmente la presencia de delirios no es una enfermedad en sí misma, debemos de entender un delirio como un síntoma de una patología o de una situación de nuestro cuerpo muy concreta. Al sufrir un delirio la persona experimenta un cambio brusco en su estado mental que le incapacita de manera muy notable. Estas personas no pueden desarrollar actividades cotidianas y lógicamente de la misma manera tampoco pueden trabajar ni ocupar puestos de responsabilidad. Una persona que sufre delirios no tiene lucidez mental, puede cambiar rápidamente entre varios estados mentales consecutivos (depresión, euforia, irritabilidad), está desorientada, con poca memoria, puede tener alterada la percepción de su entorno más cercano y tampoco tiene capacidad para concentrarse.
Para conocer el motivo que está produciendo un delirio lo primero es evaluar el estado mental de la persona, su función cognitiva y también realizar un examen exhaustivo de su sistema nervioso. También hay que valorar otros aspectos generales como por ejemplo su estado de oxigenación y de hidratación. Según sea el caso se pueden utilizar diferentes pruebas diagnósticas como análisis de sangre, de orina y de líquido cefalorraquídeo, RMN y TAC. El tratamiento variará mucho en función de la causa que está produciendo los delirios. Hoy para terminar quiero agradecer públicamente todas las muestras de cariño que he recibido en la pasada navidad, la ilusión y la magia de estos días nunca la olvidaré. Gracias, Gracias, Gracias.




