La expresión de “poner puertas al campo” es una vieja frase utilizada cuando queremos expresar algo de muy difícil ejecución, es aquello que utilizamos para exponer lo nimio e innecesario, que puede resultar el prohibir alguna cosa. Luego… ¿son necesarias las prohibiciones? Y para responder a ello, previo a cualquier pronunciado, sería necesario saber, el nivel de tolerancia y respeto que cada ser humano, grupo de personas, familia, municipio, autonomía o por ende, cualquier formación o tipo de gobierno, que se nos pueda dar, la propia oposición de ese ya configurado gobierno, ¿por cual línea de aceptación, respeto y tolerancia encaminará sus acciones? Y a partir de ahí, podríamos determinar el imperativo o necesidad de llegar a las prohibiciones, acción ésta que, dado la diversidad y amalgama de humanos que hoy se concentran en las ciudades y poblaciones de nuestra vieja Europa, podríamos determinar que es imprescindible la prohibición y creación de leyes que inciten al respeto, si queremos que exista un mínimo de libertad, entendiendo ésta como un derecho fundamental.
Pero la verdadera libertad, implica no controlar ni violar la individualidad del otro. Siendo ello así, ¿tendría derecho cualquier persona en navegar por las redes sociales sin restricciones ni prohibición alguna? La respuesta la tenemos en la propia frase que nos daría autorización para ello, “no controlar ni violar la individualidad del otro” por ello es, que en el caso de menores, los hechos nos han venido a decir que ello es, hoy por hoy una realidad (los están controlando) reconocida por los mismos jóvenes, menores de edad. La libertad requiere un reconocimiento expreso, por el derecho del otro, por la dignidad de las personas a las que puedan llegar todos esos productos que a diario circulan por las redes.
Existe otro punto caliente y con gran posibilidad para la controversia. Esto ocurre, da lugar, cuando hablamos de la libertad de expresión. La propia autonomía para expresar nuestras ideas, nadie nos la debería cercenar, pero del uso que de ella hagamos, también va depender el respeto con que nos devuelvan las respuestas. Nunca debemos expresar nuestras ideas en la línea de la ofensa o la discriminación de nuestros semejantes. Debatiendo siempre sin descalificar, utilizando un respetuoso diálogo como alternativa a la violencia.
Teniendo en cuenta todo lo expuesto, debemos aceptar que la verdadera libertad no es, hacer todo lo que se quiera sin consecuencias, sino ejercer el derecho a actuar respetando la dignidad y los derechos de los demás, asumiendo la responsabilidad por las acciones propias. En llegando a este compromiso, otra palabra se nos cuela como algo imprescindible, libertad de comunicación, comportamiento, alegatos… igual a Respeto.
Cuando hablamos de respeto en todo la amplitud de la palabra hemos de tener en cuenta que habremos de comenzar por nosotros mismos, nos debemos un respeto hacia nuestro cuerpo y nuestra salud. Luego, esta observancia nos exige, de un trato cordial y respetuoso entre las personas y supone aceptar y comprender las similitudes y o diferencias con respecto a los demás individuos, sus comportamientos, creencias, opiniones y actitudes y que cuyo acatamiento nos implica reconocer, aceptar y valorar las cualidades, derechos y dignidad de las personas, así como el de, nuestro entorno natural, y todo ello encauzando nuestras acciones a través de un trato amable, utilizando consideración, tolerancia, observando el cumplimiento de las normas, aún cuando, con nosotros en cualquier parcela de la sociedad no estén observando el comedimiento debido, permitiendo con ello una convivencia armoniosa, dando pie de esta guisa a una sociedad más justa.
Existe un decálogo muy particular acerca del respeto, que aquí les voy a dejar.
1. Tratar a las personas como a iguales.
2. Comportarse con buenos modales y educación.
3. Valorar a sus personas, sus pertenencias y su reputación.
4. Reconocer los méritos. Reconocer las ideas de los demás.
5. Los malentendidos se resuelven hablando, no juzgando a los demás.
6. Hablar sólo de hechos y con la persona implicada. Los malos comentarios y rumores no solucionan nada.
7. El respeto es tolerancia valorar las diferencias.
8. El respeto se demuestra con cortesía, amabilidad, puntualidad, caras amables…
9. Distinguir los hechos de las personas. Los hechos se pueden corregir, a las personas se les puede comprender.
10. Valentía para expresar las ideas propias al mismo tiempo que consideración por las ideas de los demás. Sentido común.
El tratar con respeto a las personas nos puede incluso acrecentar nuestro conocimiento. Si a alguien, con ideas y creencias diferentes a las nuestras, le oímos con atención y respeto, nuestro entendimiento nos puede incluso aportar alguna idea nueva no presente en nuestros juiciosos conocimientos.
Sin lugar a dudas, nadie podrá aportar nunca, aquello que no conoce o practica, por eso es que, en primer lugar, nos debemos respetar a nosotros mismos. Y para finalizar, la regla de oro del respeto. “Tratar a los demás, como te gustaría que te tratasen a ti”.




