Aquel mar que verdea después de tanto tiempo su sequedad sostenida es regalo bendecido que a ese mar de esperanza abraza. Camina lento y ahora su hora que llega a su sed calmada, renacen colores nuevos vidas que despacio abren sus ventanas a esa primavera que sin atrevimiento los almendros, algunos en flor ya despiertan los sentidos. Despacio la carreta tirada de esos bueyes cuyo paso pesado vemos al pasar, nos llena de recuerdos imborrables, esos que al paso del tiempo, de los años hemos querido dejar atrás y nos resulta casi imposible borrar tan extraordinarios como irrepetibles.
Hemos sobrepasado la barrera de la desesperanza, hemos intentando una y otra vez tropezar quizá, con la tozudez, hemos quebrado dignidad y alma para intentar recomponer esa verdad que desalienta los pensamientos y los sentidos. Se nos escapa el amor por esas fronteras que sorprende su entendimiento, razonamiento que tratamos en un análisis exhaustivo llegando a soluciones cuyo final vemos venir con determinación.
El amor llega de tantas maneras que resulta imprevisible, sin lógica, sin sentido, tan sólo nos dejamos llevar por el momento crucial que nace en nuestras vidas cuan do ese amor sin desearlo, sin jamás pensarlo se nos cruza en nuestro camino. Cuántas conversaciones en tertulias de amigos me han expuesto sus vivencias anónimas sobre el amor y el desamor cuando han cruzado ese umbral de terciopelo vestido que tanto les agrada al principio y que con el paso del tiempo, quizás de años son vividos para después quedar todo en un triste recuerdo.
Es la fiebre por destino la que impone su ley calenturienta, primero la novedad, después el deseo, más tarde la pasión y el desenfreno de unos cuerpos que pierden los sentidos e incluso el pudor. El amor no entiende de fronteras, ni de color, ni de creencia religiosa, ni de edad, el amor como decía aquel poeta en un veneno en vena que no atiende a raciocinios naturales, re salta todas las formas y leyes del universo por su fuerza, su ímpetu, su irracional entendimiento.
Personalmente yo creo que hay que vivir de alguna manera esos tiempos naturales, quizá a veces incluso prohibidos, para volver de nuevo a una realidad latente, la que el destino pone y propone, la que nos marca el camino correcto.
El amor es fiel mientras que dura, menos cuando por ejemplo aparecen nubarrones de celos, de falta de entendimiento e incluso llega a la perdida de interés. Marquemos nuestras vidas con ese amor puro, el que vive en nuestros corazones, el que perdura a través de los tiempos permaneciendo para siempre en nuestros recuerdos .Vivir sin amor es no vivir, es como el respirar hay que amar la vida, ser felices en cualquier tiempo y durante la permanencia que el destino y el entendimiento de dos almas gemelas dispongan. Mi recomendación para este San Valentín es que amemos con todos los sentidos, sea cual sea la clase de amor.




