sábado 7 febrero 2026
InicioReligiónDomingo 8 de febrero: Ser sal y luz en el mundo

Domingo 8 de febrero: Ser sal y luz en el mundo

Las suaves colinas que conforman parte de la orilla del mar de Galilea fueron testigos de algunas de las predicaciones más hermosas de Jesús. El sermón del monte, que Mateo nos ofrece en los evangelios dominicales de estas semanas, nos presenta muchas de las imágenes con las que Jesús quiso enseñar a sus discípulos que era aquello que a él tanto le gustaba y que denominaba el «Reino de los cielos».

Ser sal y ser luz son las dos «extrañas» peticiones que el Maestro hace en el evangelio de hoy. En un texto que es justo la continuación del discurso de las Bienaventuranzas que se nos proclamaba el domingo pasado. Tras mostrar esa «Carta Magna» del reino al que consagró su vida, llegó el momento de llevarlo a la vida, para que sus amigos también lo vivieran de un modo concreto. Esa sal y esa luz son dos imágenes sencillas, que la mayoría de nosotros o quienes oían el discurso podemos imaginarlas. Pero que, al mismo tiempo, éstas son dos realidades que quieren ser imágenes claras de lo que es la fe para los cristianos.

La sal era un producto muy valorado en la época de Jesús. Era incluso la moneda con la que Roma pagaba a sus soldados (el salario, cómo aún hoy llamamos a la cantidad de dinero que remunera nuestro trabajo). Pues la sal tiene, entre otras, la virtud de parecer que no está, que no se nota su presencia, pero que es capaz de dar sabor a todo lo que toca, aunque siempre en su justa medida. Un poco de sal marca la diferencia entre que algo sea sabroso a nuestro gusto o que no deje de ser insípido.

Y siempre a su debido tiempo. Cuando estamos cocinando, la sal debe incorporarse en su justo momento para que el resultado sea el deseado. Pues algo parecido ocurre con la vida de los cristianos. Muchas veces no se nota su presencia, parece que ni la Iglesia ni los cristianos hacemos nada. Pero si ese amor que nace de la fe, falta de la vida de nuestro mundo, «otro gallo nos cantaría». Esa «presencia silenciosa» es la que hace que la vida de muchos hermanos sea digna, gracias a los cuidados de los hermanos y hermanas que han consagrado su vida al servicio de los más pobres. Entre nosotros o en los rincones más necesitados del mundo.

Como saben bien ustedes, estamos en el segundo domingo de febrero. O dicho de otro modo, hoy se celebra en las iglesias de España la colecta para Manos Unidas en su Campaña contra el hambre. Las mujeres de Acción Católica comenzaron hace 66 años ya, esta guerra incruenta a la que nos piden que nos unamos todos, pues ese laudable deseo está en el lema de este año: “Declara la Guerra al hambre”.

Miles de personas, especialmente mujeres, que de la mano de muchos religiosos son quienes canalizan estas ayudas, haciendo que la luz de la que habla la Palabra alumbre con fuerza en todos los rincones de la tierra. A través de la educación y el desarrollo de los elementos más necesarios para tener una vida digna, miles de proyectos cada año siguen dando valor y sentido al esfuerzo de quienes forman parte de Manos Unidas en la actualidad.

Ellas han tenido claro que no se enciende la lámpara de la fe para ocultarla debajo de la cama. Así nos muestran que ser cristiano no es un regalo que Dios nos hace para nuestra vida privada.

Se es cristiano para que fe dé luz a toda nuestra vida, para que brille con intensidad el amor de Dios allí donde estamos. Pidamos con fe ser sal y luz en nuestras vidas. Es una realidad en la que fácilmente vamos a poder vivir aquello que nos decía el Maestro, que siempre hay «más alegría en dar que en recibir». Que Dios os bendiga.

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel.
¡Suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción)
 
NOTICIAS RELACIONADAS

Más recientes