jueves 19 febrero 2026
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Evangelio del domingo 15 de febrero: la ley de Dios

Nuestro presente es un mundo dominado por la tecnología y la redes. Un mundo de cambios, crisis donde pareciera que domina la lastra del “individualismo” cuyas máximas son: yo, yo y yo.

Los estadistas hablan de la gran baja de matrimonios civiles y religiosos y la falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Pareciera que ya en las nuevas juventudes por lo general priorizan un trabajo digno para tener dinero, viajar, comprar auto y realizarse en todas las dimensiones materialistas y consumistas que el mundo nos ofrece.

Pareciera que ya no es el anhelo principal el matrimonio ni engendrar hijos e incluso  muchos ya no ven esto  como una bendición de Dios sino como una complicación. Y asi fácilmente el cariño humano va dirigido a las mascotas que exigen menos que los hijos.

Es precisamente en este nuestro presente en donde ha de hacerse eco el evangelio de este domingo en que Jesús  destaca que ser cristiano va más allá de las apariencias y cumplimientos de la ley. Recordemos que Jesús no vino a eliminar la ley, sino a darle plenitud. De esta manera podemos comprender que nuestra vida cristiana no crece en medio de reglas rígidas, sino en la experiencia de saber amar como Jesús, quien nos enseña a vivir a el espíritu de la ley, sobre todo en la relación con el prójimo.

El evangelio de este domingo continúa con la lectura del “sermón de la montaña”. Luego de las Bienaventuranzas, que son programa de vida, Jesús proclama que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada ofrenda presentada a Dios según  la nueva ley marcada por el amor a Dios y al prójimo. Pero nos preguntamos: ¿En qué consiste esta plenitud de la Ley de Cristo, y ésta mejor justicia que él exige?. Jesús lo explica  mediante una serie de antítesis  entre los mandamientos antiguos y su modo de proponerlos. Nos dice “Han oído que se dijo a los antiguos…”, y luego afirma: Pero yo les digo…”

Jesús declara que el sentido de su venida es llevar a cumplimiento la Ley y lo que ya anunciaban los Profetas en el Antiguo Testamento. Ciertamente por medio de esta óptica podemos entender mejor la nueva ley nacida de las acciones de Jesús y de sus discípulos. De estos últimos depende en gran medida, que este nuevo modo de entender el mundo y la sociedad se plasme en el corazón del hombre..

En el fondo estamos ante una forma peculiar para  manifestar la pertenencia o no al plan de Jesús, pues “mayor” en el reino de los cielos significa estar comprometido con la causa de Jesús, y “menor” es estar fuera de él. Por eso las instrucciones dadas hoy por Jesús en el Evangelio apuntan a tres cosas: a los conflictos con el prójimo, al comportamiento hacia la mujer y a la relación con la verdad.

Pensemos que la ley de Dios solo se cumple desde la identificación con el Señor, desde el amor puro, desde el deseo sincero de ser de Dios y permanecer en sus caminos. Es esa la propuesta de Jesús, la de una justicia (santidad) mayor que la de los hombres religiosos de su época que en ocasiones se movieron más por la dureza de corazón que por fidelidad a Dios.

Finalmente Jesús nos interpela en el Evangelio de hoy a pensar que la raíz del mal anida en nuestro corazón interior cuando deseamos auto complacernos sin amar y respetar a la otra persona. Así llegamos a una mercancía que se usa y se tira. Por eso la novedad de Jesús consiste esencialmente, en el hecho de que él   el mismo “llena”  los mandamientos con el verdadero amor a Dios y al prójimo.

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